jueves, 23 de mayo de 2013

HOY VIERNES 24 GRAN CONCIERTO Y PRESENTACIÓN DE FANZINE P.D.A.


PRESENTACIÓN DE "CIMARRONA", DE PATRICIA TEMPLE



Presentación del primer libro de relatos "Cimarrona" de la poeta Patricia Temple, lunes 27 de mayo a las 7 p.m. La acompañarán en la presentación y comentarios Rosina Valcárcel Carnero y Max Castillo. Instituto Raúl Porras Barrenechea, calle Colina 398, Miraflores

viernes, 17 de mayo de 2013

REVISTA ALTAZOR Nro 4


Acaba de aparecer la revista Altazor nro 4 con cuentos sobre la guerra a manos de Jorge Aliaga Cacho, Giovanni Anticona, Samuel Cavero Galimidi, Carlos Enrique Freyre, Lucía Noboa Herrera, Henry Quintanilla, Hans Rothgiesser y este seguro servidor. 


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"CABEZAS CLAVAS DEL PODER", ENVÍO DE CÉSAR ÁNGELES L.








CABEZAS CLAVAS DEL PODER
El caso del escritor  Hildebrando Pérez Huarancca y la memoria política en el Perú
Por César Ángeles L.




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CULTURA CHAVÍN DE HUANTAR. Las Cabezas Clavas son representaciones del dios jaguar y
presentan en todos los casos una estructura alargada en su parte posterior a través de la que son insertadas
como un clavo en los muros destinados a su exposición. Según Julio C. Tello, representan cabezas trofeos de sus enemigos, costumbre muy arraigada en las zonas selváticas, por ello se le atribuye a la cultura chavín orígenes selváticos.


El más reciente libro de Mark Cox (Presbyterian College, Estados Unidos), La verdad y la memoria: controversias en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca (Editorial Pasacalle, Lima 2012: 78 pp), pone en acción la metodología del análisis crítico del discurso, entre otras estrategias metatextuales, para develar la sinrazón que hay detrás de las acusaciones que pesan sobre el escritor ayacuchano Hildebrando Pérez Huarancca (1946-¿1984?) de haber liderado la acción del PCP-“Sendero Luminoso” contra la comunidad de Lucanamarca (Ayacucho, 1983). Se trata de un breve trabajo donde no solo se evidencia las diversas falacias que tanto la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), en su informe final del 2003, como varios medios de comunicación peruanos, ponen en práctica para sindicar al autor del recordado volumen de cuentos Los ilegítimos (1980, Premio “José María Arguedas”).
En realidad, Cox pone en cuestión una difundida práctica discursiva, en que se lanza acusaciones y se llega a sumarias conclusiones mediante precisas estrategias retóricas, cuya finalidad es disolver (para usar un verbo querido al fujimorato) la verdad de los hechos, que es peor aún cuando se trata de instituciones que tienen graves responsabilidades comunicadoras e históricas. Me refiero a las tareas que tenía la CVR[1], fundada por el Estado peruano para investigar los hechos y acontecimientos vinculados a la guerra interna vivida en este país entre los años 80 y parte de los 90, o como la responsabilidad que a diario deja de lado la prensa peruana en relación al mismo proceso bélico, sus sujetos y acciones.
En el recuento, que muy documentadamente realiza Cox, se pasa revista a diversos medios y autores que dan testimonios falaces sobre el caso del escritor Hildebrando Pérez Huarancca. Lo central es la demostración de que los procedimientos que se operativizan desde el mundo oficial y oficioso para lanzar “acusaciones y rumores” (7) políticas son, por lo general, bastante cuestionables, y que con un mínimo análisis crítico caen por su propio peso. La conclusión que el autor adelanta desde las primeras páginas es contundente, y todo su trabajo la sustenta: “Propongo que no hay ninguna prueba de la participación de Hildebrando Pérez Huarancca en la masacre de Lucanamarca y que su papel en la guerra fue mínimo” (9).
Entre los argumentos sobre los que basa esta conclusión global, citemos dos procedimientos inculpatorios de la CVR que Cox pone en cuestión:
a. Toma una sola fuente y la hace pasar por plural. Por ejemplo, cuando esta Comisión usó la información publicada por la revista SÍ, en 1992, para revelar el paradero de Hildebrando Pérez supuestamente radicado en Europa y realizando proselitismo a favor de “Sendero”: “Algunas publicaciones afirman que Hildebrando Pérez Huarancca fue visto en Madrid en 1986” (24: énfasis mío).

b. Sugiere Cox que toda la información recogida por la CVR sobre Hildebrando Pérez  y sus actividades, desde 1982 hasta 1992, habría sido tomada de un artículo, publicado en una revista norteamericana (Executive Intelligence Review) de dudosa veracidad, plagado de “distorsiones y errores”.

Lo interesante, entonces, es la certeza que recorre el opúsculo de Cox, en el sentido de que este tipo de constataciones puede muy bien extenderse a otros casos semejantes de acusaciones y cargos, formulados de manera irresponsable y arbitrariamente, acerca de la guerra interna y sus presuntos implicados: “Por desgracia este tipo de errores y rumores comienza a transformarse en ‘verdades’  que se repiten una y otra vez hasta que se sedimentan en la historia ‘oficial’. Pensándolo al revés, unos sostendrían que la historia ‘oficial’ propala errores y rumores para modelar la opinión publica con ‘verdades’” (26: énfasis mío).

Reitero que este es el principal valor del libro porque mueve a desconfiar, con razones concretas, de dichamodelación de la opinión pública mediante diversos discursos que cumplen esa función en este país, ya sea por motivos de vendetta, resentimientos varios, o razones políticas no siempre claras ni expresadas. Cae a punto la demanda de Cox de practicar siempre una “necesaria lectura crítica” sobre esta manera de documentar o historiar los hechos, deformándolos, para dar valor de verdad a lo que tiene, en realidad, un valor de mentira.
En la misma línea, Mark Cox repara en otra falta de rigurosidad del informe de la CVR para el caso de Lucanamarca, comprobando que entre sus páginas se proporcionan tres cifras diferentes acerca del total de víctimas de esta acción senderista en la sierra ayacuchana. Cox discute tal falta de unidad en un estudio sobre la guerra interna que, al menos en teoría, debió “haber sido el más serio” por provenir de la más alta instancia representativa del poder en el Perú,  lo cual “le quita un poco de legitimidad [su] falta de consistencia y de rigor, pues se cuestiona la precisión y la confiabilidad de sus informes” (40).
Por otro lado, cuando Cox recapitula la llamada “Entrevista del siglo” hecha por El Diario (1988) a Abimael Guzmán (donde el entonces jefe senderista explica, entre otros hechos, la acción militar de contingentes del PCP-“Sendero Luminoso” contra la comunidad de Lucanamarca)[2] hace reparar en que en ningún momento Guzmán menciona el nombre de Hildebrando Pérez  (48-49).
Aún más, la CVR se basó en el testimonio de un solo testigo, Teófanes Allccahumán, quien afirmó haber visto a Hildebrando Pérez  dirigir dicha acción. Sin embargo, este supuesto testigo no solo no estuvo en Lucanamarca el día de los sucesos (1983), sino que conoció al escritor un año antes (1982), que es de cuando data la descripción que da a la Corte que veía este caso. Incluso, el otro acusado por dicho testigo, Rómulo Misaico, fue absuelto por falta de evidencia en su testimonio. Sin embargo, en el informe de la CVR, ambas entrevistas con el único y falso testigo se validan como pruebas y se convierten, una vez más, en plural, como si hubiese varios testigos.
Todo esto nos vincula con otro asunto clave, pues no se cuestiona en absoluto la pertinencia de llevar a cabo una ambiciosa y completa investigación sobre los años que duró la pasada guerra interna, sino que se redunde en imprecisiones y errores, y que el discurso oficial vuelva a teñirse de desconfianza, deslegitimándose a sí mismo por las razones que se desbrozan a partir del caso de Hildebrando Pérez  Huarancca. Cabe preguntar que si esto sucede con un escritor de cierto reconocimiento en el ámbito nacional de las letras, qué pasará con tantos otros casos de personas que carecen de esta mínima cobertura, y que han solido ser acusadas y criminalizadas sin válidos soportes argumentativos. De acuerdo a lo anterior, el análisis crítico de la narrativa articulada en torno al caso de Hildebrando Pérez Huarancca cobra una dimensión mayor, en tanto simboliza la injusticia de la justicia peruana que pesa diariamente sobre las cabezas de tantos peruanos y peruanas, principalmente del campo popular. Es decir, de aquellos excluidos de la mega celebración con cifras estadísticas que pretenden dibujar un país en crecimiento económico ejemplar y sostenido.
Entre los testimonios a favor de su argumentación, Cox da cuenta del de Dante Castro, quien estudió Derecho en la Universidad Católica (PUCP) y es otro destacado narrador peruano con frecuente temática sobre la guerra interna. Castro, en la misma línea de Cox, concluye que “no se trata de demostrar la inocencia de Hildebrando Pérez, sino la fragilidad de los testimonios de la CVR en su caso” (60). Esto motiva una melancólica denuncia del propio Cox: “[L]amentablemente, el análisis de Dante Castro es la excepción y suele ser más habitual la repetición de lo que dice la CVR, como en el artículo publicado en La República por Enrique Patriau, ‘Sendero, misterio: el escritor de Sendero’” (60). Con lo que evidencia la trenza funcional que se da entre un aparato del Estado, como fue la CVR, y la prensa peruana al servicio de dicha estrategia retórica, para demonizar arbitrariamente a quienes se juzga por rebelión o disidencia, como se hizo con Hildebrando Pérez Huarancca.
En realidad, esta práctica no es poco usual en un país como el Perú. Aunque Hildebrando Pérez no fue miembro del recordado colectivo Narración, que entre los años 60 y 70 irrumpiera con su carácter cuestionador del orden literario y político existente, desde una línea marxista y militancia socialista, fue este grupo que le publicó y celebró, tempranamente, su primer volumen de relatos: Los ilegítimos. Evoco lo anterior porque, de manera semejante a lo sucedido con Hildebrando Pérez, otros miembros destacados de este importante colectivo de narradores han sido objeto de censura, persecución e incluso represión por parte del Estado, sus aparatos ideológicos, sus aparatos policiales, y asimismo por algunos comunicadores e intelectuales locales que, prestando un servicio gratuito al orden imperante, se han sumado al cargamontón orgánico contra algunos escritores de Narración.
Me refiero a casos como los de Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso, por citar a los dos más célebres y relevantes, en términos de concepción ideológica, de este grupo. Así, cuando Gutiérrez volvió a publicar luego de varios años de silencio editorial, lo hizo con un extenso ensayo titulado La generación del 50. Un mundo dividido (1988). En él, hace un panorama crítico de la generación del 50, y luego de emitir algunos juicios bastante duros sobre la trayectoria política de algunos miembros de esta promoción (como Julio Ramón Ribeyro, Aníbal Quijano o Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos, aunque siempre evitó mezclar lo dicho con juicios estrictamente literario-estéticos), hacia el final de dicho ensayo, y al ritmo trepidante de aquellos años 80, caracterizó a Abimael Guzmán como un político e intelectual de dicha generación. Esto resultó un escándalo mayúsculo para varios miembros de la intelectualidad conservadora, ya que brega(ba)n por asentar una imagen pública del otrora jefe senderista como “terrorista” o algo más perverso aún.[3] Sin embargo, los cuadros policiales y militares más lúcidos, políticamente hablando, relievaban de Guzmán precisamente su condición de ideólogo y político, considerando que la principal condición para vencer a “Sendero Luminoso” era nombrarlo como lo que era. En esa misma línea estuvo lo afirmado por Miguel Gutiérrez acerca de Guzmán, intercalado con anécdotas reflexivas de cuando lo conoció como catedrático en la Universidad de Huamanga allá por los años 60.  Lo anterior le mereció la requisa de su citado libro, algunos interrogatorios en comisarias, y que hasta hoy sea estigmatizado por ciertos escritores y comunicadores que se hallan bastante atrás, en análisis y claridad políticos, respecto de los aparatos de inteligencia y represión policiales del Estado peruano.
Por su parte, Oswaldo Reynoso, quien dio la idea inicial de fundar Narración, sigue siendo criminalizado por esos mismos escritores que criminalizan a Gutiérrez, cada vez que aquel da una declaración divergente a la versión burda que suelen propagar sobre la guerra interna vivida en el Perú. En verdad, como queda demostrado en este trabajo de Cox, la práctica de demonizar y perseguir, de un modo u otro, a quien exhiba actitudes o discurso divergentes del oficial y oficioso, es un ejercicio que se ha hecho por décadas en nuestra historia. No es arbitrario pensar que proviene de una práctica de dominación que retrocede, en el tiempo, hasta la Colonia, cuando el último inca Atahualpa fue el primero en ser demonizado y criminalizado al no entender el lenguaje, ni los requerimientos e intereses de los conquistadores españoles. Como bien ha dicho José Carlos Mariátegui, en el Perú, la clase gobernante (que no llegó a ser clase dirigente, por su pacatería y venta al mejor postor extranjero, con riquezas de nuestro territorio incluidas) ha tenido mentalidad de encomendero, y casi nunca una de emprendedor o pioner, a diferencia de lo acontecido en otras sociedades americanas.
En síntesis, en el Perú, las tácticas y estrategias de dominación han cambiado, pero seguramente no tanto los principios y prejuicios que las rigen. La acusación contra Hildebrando Pérez Huarancca se inserta en esta vieja historia (y no solo, entonces, según la certera crítica de Cox, en criterios y conclusiones de la CVR) de acusar y encarcelar, cuando no matar, sin pruebas contundentes, con el objetivo de publicar castigos aleccionadores que amedrenten a cualquiera que disienta del poder imperante. El crimen de Hildebrando Pérez no fue dirigir la acción en Lucanamarca –algo que no fue probado–. Su crimen fue ser un escritor conocido que, por su militancia en “Sendero Luminoso” y ser ayacuchano, estaba en condiciones propicias para que sobre él se montase una leyenda que lo llevó y mantuvo injustamente en prisión.
Leyendo este breve libro de Cox, queda la sensación de que, en el Perú, la justicia, y el ejercicio de la memoria desde los diferentes gobiernos de turno, son una reedición de las obras de Kafka, donde sin sustento real se acusa y se encarcela a todos aquellos que son considerados sospechosos o peligrosos. En verdad, la derecha en este país es tan bruta que pocos en ella reparan acerca del gran servicio que iniciativas como la CVR, junto con la prensa que reproduce sus versiones, le brindan, en tanto legitimación de un orden jurídico diseñado para sostener la hegemonía del capital. Es decir, la derecha peruana es tan recalcitrantemente antidemocrática –en contradicción con su propia genealogía de clase– que no repara en la labor orgánica que le ha ofrecido una CVR con las características que la investigación de Cox devela. Es otra llamada de atención para que, quienes creemos en una memoria basada en hechos reales y la auténtica justicia, debatamos siempre aquello que se considera verdad incuestionable, y nos esforcemos en labrar caminos alternativos.
En general, sobre la guerra interna vivida en el Perú, falta una memoria y un análisis crítico más objetivos, que lejos de estancarse en afirmaciones sin sustento, teñidas de prejuicios y aseveraciones con motivos mezquinos y fuera de lugar, se sustenten en testimonios y hechos verificables. Es decir, que la aproximación historiográfica a dicho proceso de guerra contribuya a que alcancemos la justicia sobre bases materiales, no sobre medias verdades o, peor aún, sobre discursos falaces, como las que Cox demuestra que se han empleado para enterrar, vivo o muerto, al recordado autor de Los ilegítimos.[4] Un libro de relatos donde el protagonista es el campesinado peruano y sus batallas por lograr su emancipación; y que, a pesar de que fue escrito en 1975, algunos usan como documento probatorio del  protagonismo de su autor en la lucha armada que empezaría cinco años después en Ayacucho.

Al respecto del “campo literario” (concepto situado en la línea teórica de Pierre Bourdieu), quiero finalizar relevando que Cox acierta cuando subraya el significado de Hildebrando Pérez como tema e inspiración para el diseño de algunos personajes en la narrativa más reciente del Perú. Por ejemplo, eso sucede con el cuzqueño Luis Nieto Degregori y su cuento “Vísperas” (el mismo que propició un debate, sobre el sentido político de tal recreación, con el narrador Dante Castro, y que Cox resume bien). En otra línea, en parte como réplica a la citada fabulación de Nieto, el narrador Julián Pérez, hermano menor de Hildebrando, plasmó una importante novela sobre la guerra interna:Retablo, ganadora del premio de novela “Universidad Federico Villarreal” (2003).

En otras creaciones relacionadas a este momento bélico de nuestra historia, Hildebrando Pérez Huarancca y su obra han servido de inspiración. Se trata de un periodo clave que sigue (re)moviendo la imaginación de nuestros más recientes autores, como sucede en dos casos a destacar: el premio nacional de novela “Copé de oro 2012” otorgado al escritor chimbotano Fernando Cueto, por su obra Ese camino existe, y el premio internacional Novela “Francisco Casavella 2012” (España) otorgado al escritor Diego Trelles por su novela Bioy. Son otras señales de que abordar esta situación y problemática, sus sujetos, sus temas y personas implicados, no es un vano ejercicio pasadista ni retórico, sino que se inscribe dinámicamente en nuestro presente, en sus contiendas cotidianas por hacer de este país algo verdadero y democrático, dentro de un mundo semejante. A todo lo cual, a pesar de su brevedad, el reciente libro de Mark Cox sirve como reflexión y denuncia activas para (re)avivar nuestro pensamiento crítico contra una modelización de la memoria colectiva, como país, que resulta cuestionable en sus diversas prácticas y presupuestos metodológicos no siempre tan sólidos como se esperaría. Así, también, quedamos llamados a tomar acciones urgentes para impedir que el poder dominante y sus acólitos desvíen la atención pública sobre sus responsabilidades políticas, enarbolando de forma arrogante e impune más cabezas clavas como sublevantes trofeos de guerra. La próxima, como premonitoriamente advierte Bertold Brecht en un célebre poema, puede ser la nuestra, cuando ya sea demasiado  tarde.


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Enlaces de interés:
  • Sobre Hildebrando Pérez Huarancca:
  • Sobre Mark Cox:


Notas
[1] Para sortear cierta candidez política, más aún en escenarios perversos como el de la política oficial peruana, cabe estar en guardia sobre las verdaderas intenciones y objetivos políticos de quienes integraron esta CVR, organismo oficial del Estado para tratar asuntos de la memoria de la guerra interna. Así, por ejemplo, en el año 2012 se orquestó, desde las fuerzas organizadas del fujimorato, una campaña mediática para sacar a su jefe, Alberto Fujimori, de la cárcel dorada donde se halla desde abril del 2009 (condenado a 25 años de prisión por su responsabilidad en los delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves, tras ser hallado culpable intelectual de las matanzas de Barrios Altos, en 1991, y La Cantuta, en 1992). En dicha campaña, que divide la sociedad peruana entre quienes, asqueados, rechazan esta solicitud de indulto presidencial, y quienes están a favor del mismo, irrumpió un inesperado personaje que proviene desde aquella izquierda latinoamericana que se alzó en armas en los 60, con las guerrillas del MIR: el ingeniero Carlos Tapia (después de la muerte de Luis de la Puente Uceda, en 1965, radicó en Ayacucho a comienzos de los 70). Este sujeto, con el paso del tiempo y de las aguas, se ofreció como una suerte de intermediador, sin que nadie se lo pida (al menos formal y públicamente), para que el gobierno de Ollanta Humala (de quien fue asesor en la Presidencia del Consejo de Ministros hasta el año pasado) indulte a Fujimori. Su argumento, como citó irónicamente el sociólogo Nelson Manrique, fue que “Ollanta Humala indulte a Alberto Fujimori porque ‘le conviene políticamente’. Según [Carlos Tapia] ha explicado, la opinión pública no vería mal el indulto, pues la enfermedad de Fujimori ha generado una corriente de simpatía hacia el reo: ‘Mientras más demore el indulto… más debilitada estará la imagen de Ollanta Humala como presidente’, afirma. Aparentemente Tapia conoce algo sobre la opinión pública que los demás ignoramos.” (La República, 02 de octubre de 2012. En “¿Un indulto por negociar?”). Resulta que Carlos  Tapia fue uno de quienes integró la CVR. Se trata de otra cabeza visible de la, finalmente, acomodaticia izquierda legal peruana. Considerando en frío, imparcialmente, como decía César Vallejo en su célebre poema, con la actuación más reciente de este ex comisionado, tiene sentido estar alertas sobre las reales intenciones y el carácter político de instituciones como la CVR y sus integrantes.
[2] Al respecto de los sucesos en Lucanamarca (donde es verdad que contingentes de “Sendero Luminoso” no respetaron los derechos de la guerra al matar a menores de edad, actuando de manera desbordada en su acción militar frente a ciertos sucesos en dicha comunidad) cabe evidenciar algo importante. Lucanamarca  se ha convertido en una suerte de caballito de batalla de las clases dominantes en el Perú, para escribir la historia oficial de la guerra. Lo acontecido allí es mencionado una y otra vez por diversos medios; pero cabe, al mismo tiempo, interrogar cuántas de las muchas masacres cometidas por el Estado peruano son siquiera mencionadas. En el 54º Congreso Internacional de Americanistas, titulado "Building dialogues in the Americas" (Viena, Austria: julio, 15–20 del 2012), hubo una ponencia sobre la memoria a cargo de una periodista austriaca, quien se refirió a los casos de tres comunidades afectadas por la guerra interna en la sierra del Perú. Al final, alguien del público le preguntó cómo había realizado la selección de dichas comunidades. Ella dijo que miembros del Instituto de Defensa Legal (IDL), en Lima, le dieron contactos únicamente para que visite Lucanamarca. Ya estando allí, hizo otros contactos y fue a otras comunidades vecinas que habían sido arrasadas por el ejército peruano. Lo anterior es una muestra de que hay una  abierta disposición, desde el Estado y ciertas organizaciones de la llamada sociedad civil, para instrumentalizar, en los niveles del discurso y la práctica política,  lo sucedido en Lucanamarca, acentuando, de este modo, la imagen negativa de “Sendero”. En el mismo panel hubo otro ponente, de tendencia socialdemócrata, que habló de Lucanamarca para criticar la versión oficial acerca de un campesinado atrapado entre dos fuegos. Y agregó que tres presidentes peruanos han visitado Lucanamarca hasta el momento, sin que se registre proporcional interés oficial por visitar otras comunidades andinas, como Accomarca, Putis, entre otras, para investigar algunas masacres colectivas cometidas por las fuerzas represivas del Estado peruano. Sobre todo lo anterior, véase también“Lucanamarca: desinformación y realidad” (2013).
[3] Ya me he referido, en otra ocasión, sobre el uso del lenguaje desde el poder, el mismo que lo emplea y recicla para reprimir, en el terreno del imaginario colectivo, realidades problemáticas como las que se suceden desde el “inicio de la lucha armada” del PCP-“Sendero Luminoso”, en mayo de 1980 (véase el acápite 6 de mi artículo “Perú ante la segunda vuelta electoral ¿y dónde está el piloto?”: 2011). Sobre la criminalización como estrategia retórica que simplifica las cosas al poder hegemónico y sus aparatos ideológicos, también es pertinente considerar la siguiente cala crítica de Slavoj Zizek: “En el terreno de la teoría, encontramos una inversión análoga en relación con la problematización ‘deconstructivista’ de la noción de culpa subjetiva y la responsabilidad personal. La noción de un sujeto moral y criminalmente ‘responsable’ de sus actos obedece a la necesidad ideológica de ocultar la intrincada y siempre lista textura operativa de las presuposiciones histórico-discursivas que no solo proporcionan el contexto para la acción del sujeto, sino que también definen de antemano las coordenadas de su significado: el sistema solo puede funcionar si la causa de su mal funcionamiento se ubica en la ‘culpa’ del sujeto responsable. Uno de los lugares comunes de la crítica que se hace a la ley desde la izquierda es que la atribución de culpa y responsabilidad personal nos releva de la tarea de sondear las circunstancias concretas del acto en cuestión. Basta recordar la práctica de los defensores de la moral de atribuir una calificación moral al mayor porcentaje de delitos entre los afroamericanos (`disposiciones criminales’, ‘insensibilidad moral’, etc.): esta atribución imposibilita cualquier análisis de las condiciones ideológicas, políticas y económicas concretas de los afroamericanos”. (En la “Introducción” a Ideología un mapa de la cuestión. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003: 11-12. Énfasis míos). Precisamente, otro mérito de la investigación de Mark Cox es que no decae en esta manipulación verbal que aquí se describe.
[4] Y ya que estamos tratando acerca de la memoria y sus vericuetos políticos, a propósito del caso de un escritor peruano contemporáneo, cabe agregar que todavía no se ha escrito nada serio sobre la muerte del artista plástico Félix Rebolledo en la masacre de los penales del 19 de junio de 1986. Ni sobre la muerte del poeta abanquino James Oscco Anamaría, hace ya siete años, que sigue envuelta en misteriosas circunstancias.

viernes, 10 de mayo de 2013

VALLEJO CONTRA GARCÍA MÁRQUEZ



Copio y pego este artículo de Fernando Vallejo contra Gabriel García Máquez por dos razones. Primero, porque me parece interesante la precisión gramatical-histórica-holística que hace FV sobre un texto de GGM. Y segundo, porque ya es hora de que Vallejo --u otro escritor de su talla--, sea invitado a nuestra feria del libro.
El artículo es del diario El Espectador:
El siguiente es el mensaje que envió a este diario Andrés Hoyos, director de la revista ‘El Malpensante’: 
“En el ‘Alto Turmequé’ del domingo hay una imprecisión que quisiera señalar. Dicen allí que El Malpensante rechazó un ensayo que Fernando Vallejo nos propuso en 1998 por ser un ataque contra García Márquez y Cien años de soledad, lo cual es sólo parcialmente cierto. De hecho, publicamos por esos días otro ensayo de Vallejo llamado ‘Cursillo de orientación ideológica para García Márquez’, donde Fernando arremete contra el comportamiento político de su famosísimo compatriota sin la menor contemplación (ver: http://bit.ly/10bJ9XH). El que no publicamos pretendía demoler Cien años de soledad diciendo que es una novela escrita en tercera persona y otras cosas que ustedes citan en la nota. Yo era el director en esa época y recuerdo que mi respuesta a Vallejo fue: ‘uno no ataca a un elefante con un cortauñas’. Dicho esto, me parece estupendo que Alfaguara haya publicado el ensayo de marras para que sean los propios lectores quienes decidan si el elefante muere o no”.

El siguiente es el texto completo del ensayo “Un siglo de soledad”, rescatado por Alfaguara para el libro ‘Peroratas’, ya en librerías, y cuya publicación exclusiva en El Espectador fue autorizada desde México por el escritor Fernando Vallejo con este mensaje: “¡Cómo voy a atacar yo a un elefante! Ni con un cortauñas ni con nada. Yo no soy como el Borbón bribón que tienen los españoles, que hace poco mató a uno de esos hermosos animales con un rifle y salió como un héroe en primera plana en El País de España. Yo amo a los animales. En prueba los cien mil dólares del premio Rómulo Gallegos, que los di para los perros abandonados de Venezuela; y los ciento cincuenta mil del premio de la FIL, que los di para los de México. Muchos años después del incidente de El Malpensante, recuerdo la remota mañana en que el coronel Andrés Hoyos me rechazó el artículo sobre nuestro genio máximo escrito para nuestra revista máxima. Bogotá era entonces una aldea de cien mil habitantes que vivían de huevos prehistóricos”. 

UN SIGLO DE SOLEDAD

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».
En uso del derecho a malpensar que me confiere esta revista, voy a hacerte unas preguntas, Gabito, muchos años después, sobre tu libro genial que así empieza. ¿Muchos años después de qué, Gabito? ¿De la creación del mundo? Si es así, yo diría que tendrías que haberlo dicho, o algún malpensado podrá decir que se te quedó tu frase en veremos, como una telaraña colgada del aire. Pero si no es después de la creación del mundo sino «después de aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», entonces algo ahí sobra. O te sobra, Gabito, el «remota» pues ya está en «muchos años después», o te sobra el «muchos años después» pues ya está en el «remota».
Pero no te preocupés por la sintaxis, Gabito, que con las computadoras y el Internet ¿hoy a quién le importa? Al que te venga a criticar con el cuento de la sintaxis, decile que ésas son ganas de malpensar, de joder, y mandalo al carajo, que vos estás por encima de eso. Soltales un «carajo» de esos sonoros, tuyos, como los de tu coronel Buendía.
Y en efecto, la originalidad de tu frase inicial, así a algún corto de oído le suene sintácticamente coja, es soberbia, y no está en la sintaxis sino en la escena luminosa que describes. Un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo, ¿no es una originalidad genial? ¿Cómo se te ocurrió, Gabito? ¿Cómo se dio el milagro? ¿De veras fue como lo has contado en repetidas ocasiones a la prensa, una tarde calurosa en que ibas camino de Acapulco con Mercedes? ¿En qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa? Aunque yo soy un pobre autor de primera persona que a las doce del día no recuerdo qué desayuné, y no un narrador omnisciente como vos que todo lo sabés, oís y ves, y que leés los pensamientos y nos podés contar lo que recordó el coronel Buendía muchos años después, apuesto a que sé en qué ibas pensando esa tarde calurosa camino de Acapulco con Mercedes. Ibas pensando en Rubén Darío, en su autobiografía, en la que el poeta nicaragüense, muerto en 1916, cuenta que su tío abuelo político, el coronel Félix Ramírez, esposo de su tía abuela doña Bernarda Sarmiento, lo lleva a conocer el hielo: «Por él aprendí pocos años más tarde a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia». ¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense! ¡Y con semejante frase tan fea! Y no sólo te robó el hielo y el grado de coronel, sino hasta la expresión genial tuya de «muchos años después», pues el «pocos años más tarde» de ese sinvergüenza ¿no viene a ser lo mismo, aunque al revés? Y después dicen que los colombianos somos ladrones. ¡Ladrones los nicaragüenses! Cuando te acusen de plagio me llamás a mí, Gabito, yo te defiendo. A cambio vos me vas a enseñar a ser autor omnisciente y a leer los pensamientos. Como ves, ya empecé a aprender, vos me diste el ejemplo, ya sé en qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa en que se te ocurrió lo del hielo: en ese nicaragüense ladrón. Pero explicame ahora la segunda frase de tu libro genial: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos». ¿Huevos prehistóricos? ¡Prehistóricos serán los tuyos, güevón! No hay huevos «prehistóricos». Los huevos son del Triásico y del Jurásico, o sea de hace doscientos millones de años, cuando los pusieron los dinosaurios, y nada tienen que ver con la prehistoria, que es de hace diez mil o veinte mil. Los bisontes de las cuevas de Altamira y de Lascaux sí son prehistóricos. Sólo que los bisontes no ponen huevos. ¿O en el realismo mágico sí? En esto de los huevos prehistóricos sí metiste las patas, Gabito. ¡Por no consultarme a mí! ¿Qué te costaba, si yo también vivo en México, llamarme por teléfono desde Acapulco? Yo tengo en México dos o tres libros de paleontología con unos huevos de dinosaurio fosilizados, magníficos, muy útiles para tu creación del mundo y de tu Macondo.
Pero aclarame aunque sea otra frase, la tercera, Gabito: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Si vos estás escribiendo en español –una de las contadas «lenguas de civilización» de que habla Toynbee, y que ha producido la máxima obra literaria, el Quijote, después de la cual sigue la tuya, si no es que es al revés–, ¿no se te hace que se te fue un poquito la mano con eso de que muchas cosas carecían de nombre y que para mencionarlas había que señalarlas con el dedo? ¿No hay ahí una inadecuación entre la lengua tuya, la del narrador (así sean tan genialmente pobres su léxico y su sintaxis), y el mundo que describes? Para mí que te hubiera quedado mejor tu libro en protobantú o en una lengua de la Amazonia. Pero claro, en protobantú nadie se llama Aureliano Buendía con nombre y apellido, ni mucho menos tiene grado de coronel. Gabito: ¿No se te hace raro que en Macondo muchas cosas no tengan nombre pero las personas sí? Y para colmo con grado militar. En un mundo tan primitivo, Gabito, tan recién bañado por el primer aguacero cual es el caso de Macondo, ¿de dónde salió la jerarquía militar? Pues donde hay un coronel hay generales y mayores y cabos. Pero esto no es un reproche, Gabito, yo a vos te tengo buena voluntad. Nada más te lo recuerdo por si algún cabrón malpensado algún día te lo saca a relucir, estés preparado y sepás qué responder. Respondele: «Animal, ¿no ves que estamos ante el realismo mágico? Por eso es mágico. Si las cosas tienen explicación, ¿dónde está la magia? ¿Qué chiste hay pues?».
De todas formas, Gabito, si cuando escribías tu creación del Universo me hubieras consultado sobre este asunto de los nombres de los personajes, yo te habría aconsejado que para evitar malpensamientos de cabrones los señalaras con el dedo. Además eso de llamar a los personajes cada vez que se mencionan con nombre y apellido en realidad no es manía tuya, es de Rulfo y de Mejía Vallejo: Pedro Páramo, Pedro Canales, Anacleto Morones, Fulgor Sedano, Susana San Juan... Vos que sos tan imaginativo y genial ¡qué vas a copiar a ese par de güevones!
Ahora bien, si no querés señalar a tus personajes con el dedo, pues mencionalos siempre con nombre y dos apellidos para que te distingás de ellos. Por ejemplo: Mauricio Babilonia Asiria, Pietro Crespi Rossini, Pilar Ternera Mesa. Con este cambio tu comienzo te quedaría así: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía Iguarán habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Mejora mucho en originalidad. Incluso el «Iguarán» lo podés cambiar por «Iguana»: el coronel Aureliano Buendía Iguana. Suena más paleontológico, más a huevo prehistórico.
Llegados a este punto, Gabito, te quiero preguntar una última cosa, pero si no me la querés contestar no me la contestés: ¿De veras plagiaste a Balzac? ¿O eran elucubraciones sin fundamento de ese guatemalteco envidioso de Miguel Ángel Asturias? ¿Te acordás con la que salió ese güevón? Que dizque vos sacaste a tu coronel Aureliano Buendía del Baltazar Claës de La búsqueda del absoluto de Balzac, quien arruina a su mujer tratando de fabricar oro pero en vez de oro sólo fabrica un diamante. ¡Cómo lo ibas a plagiar si tu coronel Aureliano Buendía no fabrica diamantes sino pescaditos de oro! El tono, claro, de las dos novelas, la tuya y la suya, se parece mucho. Ustedes dos escriben como comadres chismosas, en prosa cocinera. Pero eso está bien para el tema de ambos. Además, ¿quién te puede probar Gabito que le robaste a Balzac el tono? Robarle un autor a otro el tono es como robarle un hombre a otro el alma. Y si a ésas vamos, también a vos te lo robó Salvador Allende. Ah no, fue su sobrina, ¿cómo es que se llama?
En fin, Gabito, para terminar porque ando corrigiendo unas pruebas y muy apurado, una última inquietud, ahora sobre el título de tu libro genial. ¿Por qué le pusiste «Cien años de soledad» en vez de «Un siglo de ausencia» como el bolero? Yo hubiera preferido «un siglo» ya que estás hablando en números redondos y que tuviste el acierto de que no fueran ciento uno o noventa y nueve, lo cual es otra genialidad. ¿Cómo se te ocurrió? Claro que «años» me suena mal. «Año» me suena a «caño», «coño». Yo sería incapaz de poner la palabra «año» en el título de un libro mío. La eñe es fea letra, hay que desterrarla del idioma. En cuanto a la soledad, mejor cambiásela por «ausencia», pues en español «Soledad» también es nombre propio, y así algún malpensado puede pensar que tus «Cien años de Soledad» son los cien años que doña Soledad lleva sola: doña Soledad Acosta viuda de Samper, doña Sola, doña Solita, ¡ay!
Gabito: No te preocupés que vos estás por encima de toda crítica y honradez. Vos que todo lo sabés y lo ves y lo olés no sos cualquier hijo de vecino: sos un narrador omnisciente como el Todopoderoso, un verraco. Y tan original que cuanto hagás con materiales ajenos te resulta propio. Vos sos como Martinete, un locutor de radio manguiancho de mi niñez, que con ladrillos robados a la Curia se construyó en Medellín un edificio de quince pisos propio. E hizo bien. Las cosas no son del dueño sino del que las necesita. Además vos también estás por encima del concepto de propiedad. Por eso te encanta Cuba y no lo ocultás. El realismo mágico es mágico. ¡Qué mágica fórmula!
Por: Nelson Fredy Padilla / editor dominical de El Espectador

lunes, 6 de mayo de 2013

EL VENENO DE LA GEISHA


Mi nuevo libro, El veneno de la Geisha, está en todos los puestos de periódicos del Perú, gracias a EPENSA.

Nos seguimos leyendo.





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miércoles, 1 de mayo de 2013

DÍA DEL TRABAJO




De la izquierda jacobina a la izquierda almagrista  (pasando por la izquierda colonial post guerra interna) no queda más que los cabezas de ánfora y el pueblo arreado a las calles a gritarle a las estatuas.  El día del trabajo es un día más de trabajo;  la reflexión nos las guardamos en el bolsillo, quizás sirva para pagar el pasaje o para arengar contra la patronal.


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lunes, 29 de abril de 2013

DERECHO AL ARTE O EL ARTE DE LA DERECHA




Art Lima ha vuelto a ser el circo de marionetas para las clases pudientes, arribistas culturales y una sarta de mequetrefes que parasitan el mercado artístico en el Perú. No, señor, aquí no importan de qué lado sean, de la ultraizquierda proCorea de Kim Jong-un o de derechas, republicanos, fascistas, redivivos monarquistas o fujimoristas solapas con el dinero suficiente para que el hijo idiota pueda colgar sus cuadros en un recinto militar y tener toda la prensa y los fuelles publicitarios echando su halitosis severa sobre los obedientes consumidores de chatarra y demás productos homogenizados y pasteurizados al gusto del cliente. 

Y es que el circus vuelve a hacer bailar al mono del organillo, vuelve a mostrarnos que por 25 soles podemos volver a ver los cuadros de estos diletantes, esnobistas y excéntricos señores que no han podido solidarizarse con Alán Carrasco y Karen Macher, dos de los caídos en desgracia por mostrar más de la cuenta y por no seguir el molde de zapato ya preestablecido: http://www.limagris.com/?p=11172. Callar y no decir nada es la consigna. Calla y otorga, cobra el cheque y mira al costado; la línea econométrica del transa, engaña y avanza de los políticos con cabezas de ánfora.

El caso de las señoras Sonia Cunliffe y Silvana Pestana (en la foto) es importante de resaltar, dos dignos ejemplares de la 'bourgeoisie' terrateniente (¿alguien se acuerda de los sátrapas gildemeister, los arias schereiber del busto, los rospigliosi seminario, los hilbck, los rachitoff, etc.?) que nos exponen su mirada social y su lagrimón de cocodrilo sobre los niños abandonados por culpa de ese monstruo estatista llamado Velasco ("la historia la hemos formado con nuestros recuerdos. Las dos hemos vivido en haciendas azucareras"), y ellas claman jalándose de los pelos: “¿Qué hacen los niños cuando los progenitores no están y las nanas y los ayudantes han salido de la casa?” (¿qué hacen, por dios?), y claro, cómo no, la niña rubia con un vestido de Heidi camina desvalida por la verja como si estuviera en La Casa de La Pradera con música de fondo de Pauchi Sasaki, quien nos muestra su post-post modernismo finmundista a prueba de decibelios. (Ya se te dijo, Pauchi, si sigues tocando en el tejado, te puedes resbalar).

Y el tema no se entiende. Si el discurso es clasista, se podría comprender perfectamente; el 'clasismo' viene de arriba hacia abajo como una pisada de taco aguja sobre el cuello de los desvalidos. Si lo que se ha querido hacer es una mofa, comicidad de las altas esferas, pues, hay que decirles que acaban de caer en el bochorno y humor involuntario que, de alguna manera, podría explicarse a través de la trayectoria de la señora Cunliffe quien está especializada en fotografía de modas y la señora Pestana que es diseñadora gráfica y “artista profesional”, pero esas carreras están, por decirlo de algún modo, alejadas de la sociología, la antropología o de las tasas de trabajo y mortalidad infantil. Y ya por ahí, alguien les ha otorgado el crédito de artistas de la derecha, pero eso es demasiado, una caballerosidad o una exageración.

Aquí lo que está sucediendo es simple, los señores feudales imponen su condición, escriben su historia e imponen su estética 'demodé' y de mal gusto. Lo demás, es decir, toda esa sarta de “artistas” y generadores de enlatados y subproductos que se suben al coche del patrón tienen que leer las indicaciones en letras pequeñas y seguir bajando la cabeza y el lomo hasta que se encuentren con el verdadero Perú que no tiene ni para el pasaje y creen que el arte debería de alguna forma ser “todo acto o voz genial que viene del pueblo y va hacia él” C.V. Mientras tanto, solo nos queda hacer eco de lo que dice Silvana Pestana en una página del fb: “Que emoción!!! Nuestra obra en Art Lima, iniciando colecciones!!!”



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domingo, 28 de abril de 2013

EL POLVO DE YOANI SÁNCHEZ


Yoani Sánchez escribe con los pies, como cronista la podríamos aprobar con 10 (si esta cifra fuera aprobatoria en el sistema vigesimal), pero como narradora está jalada completamente. Ni sus adláteres de la "libertad", la "democracia" de los bribones y tanta monserga podrían avalarle semejante despropósito. O acaso hay mucho polvo en Lima. ¿Qué es esto?: ¿Dust in the wind?, las tormentas de arena de Dubai o el México DF donde ya muchos están comprando sus balones de oxígeno. No pues, Lima no es el polvo, quizás la basura, las moscas, el tráfico insoportable y los rostros de angustia, horror vacui y el hambre que se ha convertido en una enfermedad crónica, pero el polvo sigue siendo una palabrita que los peruanos --y los limeños muy en particular-- asocian al sexo y no al boom de la construcción. Que alguien le cuente esto, por favor.

Les dejo el artículo de la señorita:


Lima y el polvo

PERÚ |

A cada ciudad le adjudicamos un rostro, a cada lugar una personalidad. Camagüey se me antoja una señora sobria y de abolengo, Fráncfort lleva el pelo a lo punk y una corbata que apenas si le pega, Praga carga con unos ojos azules y la sonrisa irregular de aquel joven que se cruzó –solo un segundo– en mi camino. Por su parte, Lima tiene una cara inenarrable pero cubierta de polvo. El polvo de Lima da vueltas y se posa alrededor de todo. Sobrevuela los acantilados que abruptamente se abren hacia un mar que a los caribeños nos resulta demasiado frío, demasiado agitado. Diminutas partículas de tierra y arena que se pegan al cuerpo, la comida, la vida. Polvo sobre las frutas de la selva, sobre el cebiche recién servido. Polvo metido en el “pisco sour” que deja al paladar con deseos de más y también con deseos de nunca más. Una capa dorada, irreal, que se unta en los parabrisas de los autos y en el vendedor de periódicos que desafía la luz roja del semáforo para vender su mercancía antes que anochezca. El polvo en el que todos terminaremos después del día final, pero que Lima nos lo adelanta en vida.

Una muchacha de piel cobriza me ha parecido Lima. Reservada, con algo de ese mutismo misterioso de los que vienen de la Sierra. Tiene además manos que alivian. Pues en Lima recuperé la voz y no es una metáfora. Llegué rendida de más de cincuenta días de intenso viaje, afónica y con fiebre. Me fui, repuesta, arropada por mis amigos y con la energía recobrada tras ver una ciudad que ya no cabe en sí misma. Hundí los pies en el Pacífico por primera vez, me trepé a los cerros de la villa El Salvador para ver a la gente ganándole terreno a la aridez del suelo y a la pobreza. También estuve en el centro histórico, con sus iglesias, sus ofertas para turistas y sus procesiones religiosas. Porque Lima es un sinfín de ciudades, algunas de ellas superpuestas caprichosamente sobre las otras. Es como una joven a la que el cuerpo le ha crecido demasiado y ya no le sirven sus propias ropas. De ahí los atascos en el transporte y las tantas grúas levantando edificios por todos lados. Esta ciudad, tiene un rostro formado sobre la prisa, un ojo de aquí, una boca de allá, una frente sacada de cualquier otro lugar; es mestiza, chola, alemana, suiza, chilena y española… es mucha Lima.

viernes, 26 de abril de 2013

"Oliver Mellors busca a Constance Chatterley", poema inédito de Héctor Ñaupari




(Marina Hands como Constance  Chatterley en la película Lady Chatterlley de Pascale Ferran)




Oliver Mellors busca a Constance  Chatterley

Y en mis noches te sueño.
José Escajadillo, valse Yo perdí el corazón.


Te estoy buscando, Constance, te estoy buscando.

En cada gota de la garúa que hizo infeliz a Melville.
En cada paso de los años
también por el vientre desnudo de los claustros,
que se hallaban igual de desnudos que tus caderas, hermosas y fieras, acezantes, febriles y acombadas como el tigre de Blake, o el de Borges.

Te estoy buscando, Constance, te estoy buscando.

Para volver a amordazar tu boca y hacer de nuestro amor lleno de tierra y hojas secas un condado de silencios y cadáveres exquisitos, una ruta de heridas apenas curadas en tu piel, un rosario de mentiras para que tu marido no se entere,

Y así te busco, Constance,
¡Oh cómo pugnaba tu lengua por salir de la trampa!
¡Oh cómo no poder liberar tu boca pues sería la mía devorada!

Ante ti, bacante mía, mi lengua arrebatada de raíz como una rosa en el ojo de un huracán, consternado la veía sangrienta en tu úvula espléndida, mis dientes y mejillas sometidos a tu capricho, ah Perséfone de mis crepúsculos más siniestros.

Te estoy buscando, Constance, te estoy buscando.

Te busco sin hallarte en esos momentos nuestros, cuando tus manos eran noches cada vez más nocturnas, cuando tus muslos eran tallos cada vez más frágiles temblando entre mis piernas,

Cuando nuestros labios se parecían tanto a las jóvenes extraviadas en el laberinto de Creta de nuestros besos,

Cuando decías, sé mi Minotauro, embísteme sin tregua, come mi carne, bebe mi sangre, libérame de una vez de este estupor cotidiano, apártame de este maldecido calvario de días que se suceden, todos iguales.

Quiero ser libre, musitabas, quiero estar sumergida sin cesar hasta tus más álgidos vellos, gritar más allá del frenesí del vino, como una Ménade delirante.

Quiero que seas mi mujer y yo tu hombre, rogabas, el que rasga tus vestidos y te hace suya sin ningún juego previo y sin pedir permiso.

Quiero invadirte como las olas a la orilla del mar o el olvido al tiempo.

Quiero acercarme a ti hasta que no exista más distancia entre nosotros que tu cuerpo en el mío y el mío en el tuyo.

Quiero abandonarme en tu sexo imparable como una inundación hasta la eternidad sin pausas que se prometen los amantes que nunca más volverán a verse.

Y quiero que, cuando agotados todos los susurros que del fuego vienen, cuando se hayan vueltos negros por el hollín de la chimenea donde nos conocimos y fuimos otros, o tal vez los mismos, sólo queden flores como poemas en tus venas.

Y así te busco, Constance, Constance,
desenredándote en mi pecho, en mis huesos, en mi espalda,

te busco en el borde de la cama donde tomaba tus muñecas, para tensarte y contraerte como un músculo expuesto,

donde te bebía, copa mía, hasta dejarte vacía,
donde te encendía, tea insondable, para no dejar sino cenizas.

Te estoy buscando, Constance, te estoy buscando.

Repaso con mi lengua y mi cuerpo todo el frío piso donde te sometía bruscamente como la tormenta del otoño.

Te estoy buscando, Constance, en el recuerdo de la curva rotunda de tu culo perfecto,
alzado
                vibrante
                               dispuesto

viniendo a mí arrogante como los ejércitos de Jerjes dispuestos a morir en su entrega, como moría yo cada tarde en tus brazos.

Y ahora que muero, en la penumbra, será tu nombre
la última palabra que mi boca pronuncie:

Constance
                        Constance
                                               Constance.

miércoles, 24 de abril de 2013

ZONA NARCO, LA NOVELA


Acaba de salir a nivel nacional esta novela (o croninovela) sobre el narcotráfico en nuestro país; va en 6 capítulos y está escrita a cuatro manos: Javier Arévalo, Toño Carreño, Carlos Enrique Freire y este SS. Nos leemos en todas las esquinas. Precio S/. 3.50

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martes, 23 de abril de 2013

"###########ASUMARE", LA PELÍCULA.



El director de esta película, Ricardo Maldonado, no es cineasta es un publicista, le encargaron hacer un producto y venderlo de la mejor manera, para eso se valió de mesmerismo, métodos pavlovianos y laboratorio de ratones: poner escenas para reír, escenas para llorar, dar una moraleja, etc. Lo peor de este “cine” no es su entretenimiento chato y mediocre, sino sus líneas de fuerza que abonan y fortalecen esa cultura chatarra que empieza en la falta de comprensión de lectura (estamos al final de la cola antes de Haití) y termina en la hez y la banalidad absoluta de programas de televisión como Combate y Esto es Guerra. A propósito, y gracias a ese millón de “cinéfilos” que han abarrotado los cines, ahora, pronto, podrán ver películas racistas o excrecencias del liberalismo feudal como La Chola Jacinta, El Negro Mama,Tulio Loza, Melcochita, Tongo o cualquier bodrio de concursos. Están servidos. Ustedes lo pidieron. http://elcomercio.pe/espectaculos/1566709/noticia-diez-personajes-peruanos-que-deberian-dar-salto-pantalla-grande

Eso es “Marca Perú”. Avanti Perú, pero al despeñadero.

Les dejo con una reseña de Edwin Cavello Limas de la revista Lima Gris:

“ASU MARE” la risa fácil como argumento mediocre



Para nada me sorprende el éxito de Asu Mare,  ya que simplemente es televisión llevada al cine. La misma fórmula con argumento mediocre presentada en la pantalla grande. El séptimo arte envuelto en un enmierdamiento, creado para el consumo masivo de la adicción nacional. Recordemos que este es el país de los grandes éxitos, Laura Bozzo y los cómicos ambulantes.

Ver Asu Mare, es ver a un cómico ambulante con una bola roja en la nariz, con la diferencia que el cómico ambulante, lanza menos groserías que el propio Machín. El supuesto homenaje a su madre se transforma en una lamentable historia que no tiene donde apoyarse. Porque aquellos que pregonan que esto es creatividad, pecan confundiendo la creatividad con el facilismo.
Crear un guión lleno de groserías, no tiene nada de creativo, al contrario, es la limitación absoluta de contar una historia, y solo tiene como último recurso la grosería, es decir actuar como un ignorante atrevido para hacer reír.
La historia del niño de barrio que se volvió exitoso sin ingresar a la universidad, es una alegoría al conformismo nacional. Es aplaudir la mediocridad. Pero también se transforma en el sueño afiebrado de conseguir el éxito. El fin justifica los medios, cómo no recordar a Maquiavelo en esta campaña estratégicamente maquiavélica.
A todos los que les parece genial esta película, también les parecerá genial que a los cómicos ambulantes y  Laura Bozzo sean llevados al cine.  Ya sabemos que será un éxito.  Si se trata de mostrar las miserias humanas, que esto también sea Marca Perú.
Con esta película es obvio que Machín no sabe nada de cine, pero sabe según él, mucho de la universidad de la calle, término mediocre, acuñado por la incapacidad. Sí esto es una comedia, y Machín ahora es el nuevo símbolo del cine, entonces tenemos que cambiar  la historia y desaparecer a Charles Chaplin,  que no necesitó ni una palabra para hacer reír.
Sabemos que el Perú no es un país cinéfilo,  sino un país que ocupa el puesto 62 en compresión de lectura, un país que se siente orgulloso de su gastronomía, sabiendo que hay miles de niños que no comen diariamente.  Un país  que tiene la tasa más alta de violaciones en América Latina, donde la pobreza se esconde en los conos y donde la memoria no es su mejor cualidad. Y por supuesto un país donde una película como Asu Mare es un éxito.
Con esta película Carlos Alcántara ha demostrado que ha conseguido el éxito, pero también ha perdido el respeto de mucha gente. Que siga la fiesta, que se siga destapando botellas de Brahma, y que se jodan los universitarios, los investigadores y los intelectuales. ¿Quién los necesita? Para transformar un país es suficiente con el  fútbol y Asu Mare.

sábado, 13 de abril de 2013

URGENTE: DENUNCIAN PENALMENTE Y DETIENEN A ACTIVISTAS CULTURALES, ENVÍO DE RAFAEL INOCENTE




Ad portas de celebrarse la orgía Mistura 2013, de la mano de APEGA, poderes fácticos pretenden acallar protesta de indignados vecinos y activistas ecológicos
DENUNCIAN PENALMENTE Y DETIENEN A ACTIVISTAS CULTURALES QUE SE DESNUDARON CONTRA TALADO DE ÁRBOLES EN CAMPO DE MARTE-FERIA MISTURA
Por Rafael Inocente

El cuerpo humano desnudo quizá sea el último recurso de quienes no tienen el poder necesario para hacerse escuchar y llamar la atención. Hippies, punks, verdes, ciclistas, mujeres indignadas, todos han hecho uso del propio cuerpo para decir su verdad, más allá de las consecuencias. Exponer el cuerpo libre de ataduras, con el fin de protestar, en un medio preñado de hipocresías de origen judío-cristiano es, además, exponerse a la baba pública. Y no estoy hablando de países en donde rige la Fatwa y la muerte por lapidación.
Si además, este calateo colectivo significa llamar la atención acerca de los atropellos cometidos en contra del espacio público (ocupación del Campo de Marte y talado de árboles centenarios) por un grupo de millonarios empresarios (APEGA) amigos del Gastón Acurio, ese pretendido Che Guevara de la cocina peruana, entonces eso significa exponerse a que los popes de la legalidad le apunten a uno directo a la sien: ¡pum!
Tal parece, pues, que los abusos de la poderosa APEGA se están volviendo costumbre, pues la Feria Mistura 2011, celebrada en el Parque de la Exposición, también fue campo de conflicto, dejando como saldo el despido del administrador del Parque, Alfredo Vanini, por denunciar la tala de árboles para que Mistura acomode los stands de comidas y bebida.
Es lo que viene sucediendo con la activista cultural y pintora Isela Suárez Santillana (conocida como katalina Rosaforte), el activista ecológico y vendedor de flores Ferdy Padilla (detenido actualmente en los calabozos de la DININCRI) y el actor Richard Torres, quienes después de siete meses de ocurrida la singular protesta, han sido acusados penalmente por la Vigésimo primera Fiscalía Provincial Penal de Lima, por los siguientes cargos: violencia y resistencia a la autoridad, obscenidad, fuga, y daños y perjuicios. Toda una proeza la de estos pacíficos ciudadanos.
Repasemos los hechos ocurridos el día de la insular protesta en el Campo de Marte, los cuales han sido grabados y aparecen en innumerables links en la Internet:  http://www.youtube.com/watch?v=sFDy7v-xHHA
Luego de la puesta en escena deIsela Suárez y Richard Díaz, quienes amarrados desnudos en troncos de árboles declamaban poemas de César Vallejo, Isela es conminada por la policía a cubrir su cuerpo desguarnecido, pero ésta, en una decisión arriesgada, trepa desnuda al techo de un patrullero de la Policía Nacional, desde donde es tironeada y bajada a viva fuerza, con perjuicio de su integridad física, por varios miembros de la Policía Nacional. Después de forcejeos en los que participaron vecinos de Jesús María, indignados por el atropello de los policías (a quienes gritaban ¡abusivos!), los protestantes procedieron a retirarse. Por la noche, Isela Suárez y Rodolfo Ybarra fueron entrevistados en el magazine “A las Once” y manifestaron la justificación de protesta tan insular en nuestro medio: http://rodolfoybarra.blogspot.com/2012/09/desnudos.html.  
Particularmente valiente fue la actitud de Isela Suárez, quien lejos de cualquier pose de vedette, lució su gallarda figura desnuda ante los ojos de millones de atónitos de todo el mundo, por una causa en la cual cree firmemente: la inversión privada no debe hacerse a expensas del bien público, en el Perú estamos hartos del abuso de los empresarios, están frescas en nuestras mentes, las grabaciones de la salita del SIN en donde Montesinos compró en plata contante y sonante a empresarios, políticos, militares, alcaldes. 
Ahora, después de siete meses, cuando la APEGA (Sociedad Peruana de Gastronomía), cuya presidencia recayó en Acurio durante tres años y de la cual sigue siendo miembro de directorio, el Municipio de Jesús María y todos los panzones y gargantúas alistan las guatas para atorarse hasta el vómito y la diarrea (http://rodolfoybarra.blogspot.com/2010/09/el-olor-del-tacuchaufa-envio-de-rafael.html),el Poder Judicial decide denunciar penalmente a los implicados en la protesta. Sí, ese mismo Poder Judicial CORRUPTO al que no le tembló la mano para liberar a más de cinco mil narcotraficantes, violadores y ladrones, denuncia penalmente a un grupo de artistas por oponerse al asesinato de árboles centenarios y a la ocupación ILEGAL de espacios públicos por empresarios prepotentes.
Sin más argumento que la recurrencia al vergonzoso engendro fujimontesinista denominado “Constitución de 1993”, APEGA  lo cita, diciendo que la competencia para zonificar parques públicos, pertenece a los gobiernos locales, pasando incluso por encima de la Ley 16979, que declara la intangibilidad del Campo de Marte.  Es decir, esto dependería tan sólo del Municipio de Jesús María, en manos del curaca, perdón, alcalde, Alfredo Ocrospoma, denunciado por los vecinos y regidores por disponer de espacios públicos para proyectos de inversión privada (http://www.larepublica.pe/26-08-2012/campo-de-conflicto)
Yo le preguntaría al fiscal que dirige la investigación, ¿no le resulta acaso obsceno el que nuestra niñez se exponga a la imbecilidad superlativa de los pitucos mononeuronales que se calatean y chupetean partes íntimas en los basurales llamados“Combate” y “Esto es Guerra”? ¿Por qué esa doble moral, señor juez de la Vigésimo primera Fiscalía Provincial Penal de Lima? ¿Distingue usted entre legalidad y legitimidad, concepto que debería ser caro a todo administrador de justicia?
¿No sabe usted acaso que hace casi cien años, un grupo de poetas y escritores, miembros del grupo Colónida, entre quienes se encontraba José Carlos Mariátegui, organizó una velada en el Cementerio Presbítero Maestro, en la cual bailó calata la rusa Norka Rouskaya, imitando a Isadora Duncan? ¿Sabe usted quién fue Isadora Duncan? ¿Acaso ignora, señor juez, que un clérigo musulmán condenó a muerte por lapidación a la joven tunecina Amina por difundir en las redes sociales una fotografía suya con las tetas al aire?
Hoy aquella velada crepuscular es histórica y el nombre de Amina recorrió el mundo. Los nombres de quienes les acusaron y condenaron yacen sepultados en el basural de la historia.


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