domingo, 17 de marzo de 2013

"LA OPCIÓN DE NO VOTAR", ARTÍCULO DE CÉSAR ÁNGELES

LA OPCIÓN DE NO VOTAR
Ante el proceso de revocatoria municipal en Lima, Perú: marzo, 2013
Por César Ángeles L.




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a la memoria de mi padre eduardo ángeles figueroa

Hace más de dos décadas fue la última vez que voté en unas elecciones peruanas. Lo hice a mediados de los 80, aquellos años cuando todo andaba convulsionado por la guerra interna librada, principalmente,  entre el PCP- “Sendero Luminoso” y el Estado peruano. Eran épocas difíciles, de apagones, atentados, bombas, persecuciones indiscriminadas desde las fuerzas públicas de represión, durante aquella vuelta al régimen constitucional con el segundo gobierno de Acción Popular y Belaunde (1980-1985), el mismo que había sido derrocado por un golpe militar en 1968.

Dicho régimen militar lo presidió, en sus primeros 7 años, el General EP Juan Velasco Alvarado, y luego el General EP Francisco Morales Bermúdez (1975-1979), en suerte de golpe dentro del golpe. La primera fase, así se le llamó, tuvo un sesgo populista de izquierda nacionalista con Velasco. De tal manera que desarrolló una serie de reformas internas que, al menos en teoría, habría de beneficiar a las masas trabajadoras del Perú, del campo y la ciudad. De ahí que buena parte de la izquierda peruana de los 70 se plegó a este régimen, y colaboró con sus políticas desde diferentes puestos públicos. Poco a poco se fue viendo la verdadera naturaleza del Velascato, ya que dichas reformas para la modernización del país eran, en verdad, la potenciación del mercado capitalista local, y ampliar así la base económica y el mercado interno de la burguesía nacional, principalmente. Como ha solido pasar en el Perú, las élites empresariales y afines entendieron poco o nada sobre dicho proyecto, y acusaron rápidamente al general Velasco y adláteres de comunistas y un sinfín de calificativos tan falsos como torpes.

Al final de la segunda fase –de corte económico más bien liberal–, ya desgastado el régimen militar por una creciente ola de protestas sindicales y masivas, se retornó al régimen constitucional, y para muchos las cosas volvían de este modo a la normalidad de los años 60. Se equivocaban, por cierto: nada vuelve a ser igual en la historia, aunque lo parezca. Por ironías del destino, quien ganó la votación presidencial fue aquel partido y aquel candidato que habían sido defenestrados por la cúpula militar que dio el golpe de Estado en 1968. Sin embargo, esta segunda oportunidad venía con sorpresa. En la sierra meridional del Perú (Ayacucho), una fracción de la izquierda peruana había decidido iniciar la lucha armada, siguiendo el clásico molde de la guerra de guerrillas propugnada, prácticamente, por el grueso de la izquierda peruana y latinoamericana desde el triunfo de la revolución socialista en Cuba (1959) en adelante.[1] En efecto, a fines de los 70, “Sendero Luminoso” dio por cerrada lo que denominó la reconstitución del Partido Comunista del Perú -fundado en 1928 por José Carlos Mariátegui-, afirmando haber expulsado a la facción revisionista del seno de dicha organización de masas. Con una línea ideológico-política de sesgo maoísta, daba inicio a la “guerra popular” que el régimen de Belaunde no entendió ni, en consecuencia, pudo contener con las fuerzas policiales en el interior del país. Por lo que debió recurrir, segunda ironía histórica, a quienes lo habían sacado del gobierno 12 años antes: decidió el ingreso del ejército y las fuerzas armadas para reprimir los focos guerrilleros en la sierra peruana.

Diversos hechos empezaron a acontecer en la coyuntura nacional, y la denominada guerra popular senderista alcanzó cada vez mayores cuotas de violencia y amenaza para la institucionalidad demoburguesa recién retomada. El país se polarizaba sin pausa, y durante los primeros cinco años de los 80, la prédica de Sendero fue captando apoyo y adhesión en diversos sectores y zonas pauperizadas del país, al mismo tiempo que se granjeaba enemigos acérrimos entre los sectores dominantes, también hay que decirlo. En 1985, tocaba cambio de gobierno, y se convocó a elecciones presidenciales. La izquierda peruana había articulado, desde comienzos de la década, una amplia organización unitaria, con la que había ganado las elecciones municipales en la capital (Lima, 1983), con el triunfo de su presidente, el abogado Alfonso Barrantes Lingán. Recuerdo haber asistido a diversos mítines  y actos públicos de apoyo a esta candidatura, así como, luego, a sendas actividades, cuando aquel abogado cajamarquino fue postulado, en 1985, como candidato presidencial por la Izquierda Unida (abigarrada conformación de partidos y organizaciones de izquierda en el Perú de aquellos años). Recuerdo haber apoyado dicha candidatura y dicho proyecto.

Y es que, desde fines de mi secundaria, consideré –hasta hoy– que solo el socialismo podía ejercer justicia en un país tan escindido como este, gobernado por élites de mentalidad colonial, y atravesado por una serie de terribles prejuicios, discriminaciones y resentimientos desde épocas pretéritas. Sigo pensando que nada diferente a un auténtico proyecto de socialismo de masas podrá cambiar esta realidad, en términos de justicia, democracia y prosperidad para las mayorías. Los sucesivos gobiernos peruanos, desde los 80 hasta ahora, la corrupción galopante en las altas esferas del poder, la sublevante experiencia del fujimorato, con la complicidad de una serie de caciques y mandamases civiles y militares nativos, son apenas otros factores que me han ido confirmando que solo una revolución desde abajo podrá cambiar de raíz este estado de cosas. Algo que hunde sus raíces en la historia compleja y dramática que ha tenido el Perú desde aquellos siglos de colonización española, pero también desde la fundación de una república criolla, en el siglo XIX, de espaldas a los intereses de las masas trabajadoras del país.

Así que, a mediados de los 80, me hallé ante mi estreno de elegir por votación universal, secreta y obligatoria (sí, en este país, el voto es democrático pero obligatorio: sino se vota se paga con multa y otras sanciones). Sin dudar, mi voto fue por la Izquierda Unida y por su candidato presidencial Alfonso Barrantes. Para representantes en el Congreso, si no recuerdo mal, voté por Henry Pease -quien era mi, por entonces, respetado profesor del curso “Realidad Social Peruana”, en la Universidad Católica- y por Javier Diez Canseco, quien había sido, en los 70, presidente de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú (FEPUC). Con el  tiempo, y con las aguas, la dirigencia estudiantil de universidades privadas como esta iría perdiendo protagonismo político, al ganar terreno cierta abulia y desconcierto ante los sucesos del país, sobre todo en la década siguiente. La aplanadora represiva del fujimorato, en los 90, también tuvo mucho que ver en esta lamentable historia.
Quienes apostamos por dicho camino electoral, con la Izquierda Unida como la mayor fuerza electoral de izquierda en Sudamérica, contábamos con que si no se ganaba la presidencia al menos podría articularse un frente poderoso que, tarde o temprano, ganase el gobierno del país, y comenzara a implementar políticas de justicia y democracia concretas, golpeando simultáneamente intereses de los grupos dominantes. Es decir, construyendo socialismo a la vez que se combatía el régimen capitalista, subordinado a intereses multinacionales, heredado de décadas pretéritas. El rival de dicho frente, y de Barrantes Lingán, era nada menos que el otro partido con carácter de masas fundado en la misma época del PCP, a inicios del siglo XX: el Partido Aprista, aquella vez acaudillado por su secretario general, un joven diputado de verbo encendido llamado Alan García Pérez. Era un candidato carismático, que se había enfrentado en el Parlamento a algunos representantes de la rancia oligarquía peruana (su performance más recordada es cuando increpó, cara a cara, al ministro de economía del gobierno belaundista, Manuel Ulloa, por las políticas antipopulares implementadas por el segundo belaundismo). Barrantes, en cambio, era un reposado abogado provinciano, ex aprista, de mayor edad que García, pero cuyo carisma residía, probablemente, en su ironía cálida y su manejo de categorías marxistas que esgrimía en una oratoria más bien didáctica antes que incendiaria. En dicha votación por la presidencia del país, el candidato del Apra obtuvo 53%, mientras que el de Izquierda Unida obtuvo 25% de los votos válidos. Sin embargo, García no obtuvo la mitad más uno de los votos emitidos, como mandaba la constitución vigente, por lo que se imponía una segunda vuelta. Quienes habíamos confiado nuestra fe y deseo de un Perú socialista, teníamos gran expectativa en los siguientes pasos del frente de izquierda. Mientras tanto, la lucha armada de “Sendero Luminoso” seguía remeciendo, sobre todo el interior del país, a la vez que cuestionaba toda participación en la justa electoral por considerar que dicho camino desviaba a los sectores populares de sus verdaderos objetivos y estrategias. En ese trance dramático, la dirigencia del frente de Izquierda Unida, y principalmente su candidato, Alfonso Barrantes, decidieron declinar en  favor de la candidatura aprista, supuestamente para evitar la desunión nacional y consolidar el recién retomado camino constitucional, convirtiendo a Alan García, de esta manera, en el primer presidente aprista de la república peruana en la historia azarosa de este partido populista.

Eso fue un baldazo de agua hirviente sobre muchos de nosotros, jóvenes y no tan jóvenes, militantes o no. Desde entonces, la izquierda legal peruana empezó a caer en el mayor de los vacíos y descréditos políticos, y su impresionante caudal electoral fue reduciéndose a niveles ínfimos, hasta llegar a un porcentaje más que ridículo si consideramos la alta votación obtenida a comienzos de los 80 (Izquierda Unida se disolvió definitivamente cuando, en 1992, obtuvo una votación por debajo del mínimo requerido para ser considerado partido político y Barrantes se retiró de la vida política). Una serie de factores han de explicar lo anterior, pero estoy seguro de que la historia aquí narrada tuvo peso para el merecido descrédito de dicho frente y de la opción de izquierda electoral, lo cual, de paso, también contribuyó al desprestigio de los partidos políticos en el Perú. De ahí que, a fines de los 90, quienes  contendieron por la presidencia fueron dos candidatos no adscritos a ningún partido político: el célebre novelista Mario Vargas Llosa, y un prácticamente desconocido ingeniero agrónomo Alberto Kenya Fujimori. Incluso muchos consideran, hasta hoy, que un factor que contribuyó a hundir la bullente candidatura liberal de Vargas Llosa fue su alianza con partidos de la derecha tradicional peruana, mientras que el otro candidato mantuvo su imagen de  “independiente” y de “gente como uno” (Fujimori usó hábilmente sus rasgos orientales para mimetizarse con la masiva población migrante china, y con el pueblo peruano, aunque tenga en verdad ascendencia japonesa), y así ganó, con las consecuencias por –casi– todos conocidas.

Toda esta historia es para explicar mejor las razones que me han ido llevando a no volver a votar por la izquierda legal en el Perú. En las elecciones pasadas, cuando el ex comandante EP, Ollanta Humala, disputó la presidencia del país contra la representante del fujimorato, la hija de Fujimori: Keiko, lo que aún queda de dicha izquierda añeja se organizó en torno a aquel militar novato metido a la política activa, quien debió ir moderando su discurso protochavista, de ribete populista-radical, al ritmo de una campaña donde la figura de centro iba ganando posición, en buena media por presión de sectores de la derecha nacional e internacional. La izquierda peruana apostó, una vez más, por un candidato que quedaba lejos de sus fueros. Al igual que hiciera, al inicio sobre todo, con Alberto Fujimori, o también luego, con el economista Alejandro Toledo (formado en Estados Unidos -en la Universidad de San Francisco, y en la Universidad de Stanford-, un país con quien desde los 70 mantiene importantes vínculos comerciales y políticos como consultor, conferencista y profesor universitario), esa izquierda buscó a alguien de quien auparse para tener alguna representación en el aparato estatal, ya sea en cargos del Ejecutivo, en el Parlamento, o en algunos otros sectores públicos. Se trata, en verdad, de una izquierda que ha ido retirando las banderas de lucha contra el establishment, y que desembozadamente cree en el régimen constitucional, que ha renunciado a cualquier otro proyecto o vía que no sea la electoral, y que rápidamente condena cualquier propuesta de cambios políticos radicales en las estructuras políticas. Es decir, se trata de un sector que sirve perfectamente de acompañamiento y aderezo legitimador a la maquinaria institucional de los sectores hegemónicos en el país. A estos les conviene contar con piezas de recambio, y con figuras y figurones que den alguna imagen de progresismo. No  siempre se puede gobernar con mano dura, ni imponer sin chistar modelos neoliberales como sucedió durante los años 90 con el fujimorato. De tal modo que aquella izquierda peruana ha mutado en suerte de socialdemocracia occidental, y su bandera ha perdido el brillo, la intensidad y el norte de otroras épocas.

Cuando hubo votaciones para autoridades municipales en el 2010, al igual que hace más de dos décadas, no fui a votar, ya que dejé de creer en el sistema electoral peruano. Pienso que los políticos y autoridades así elegidos difícilmente podrán hacer cambios profundos y perdurables. Es más, creo que la mayoría de ellos desean usar sus cargos –en caso los obtuviesen– para medrar y enriquecerse, o cultivar un capital simbólico a su favor, con apetitos individuales encubiertos para arribar a diversos escalafones del poder. Sin embargo, a pesar de todo, o quizá por conocerla un poco, no me disgustó que la alcaldía de Lima la ganase Susana Villarán[2]. Sabía que difícilmente podría esperarse de ella o su equipo algunos cambios de fondo, menos aún desde un municipio, por más que se tratase del de la capital del país. Pero me parecía una persona no corrupta, y con algunas ideas de reformas que podrían hacerle bien a una ciudad colapsada y con síntomas de sicosis colectiva (reflejada en asuntos como su tráfico patológico, sus barrios caóticos y desiguales: algunos enrejados y con guachimanes paranoicos, sus mercados y atención sanitaria en crisis, entre otros rasgos urbanos de ese talante). Pensé que algo podría hacerse, al respecto, desde la Municipalidad. Y además, por supuesto, no simpatizaba en absoluto con las otras candidaturas, ni con la de la derecha tradicional representada por el PPC y Lourdes Flores, ni con la de Castañeda Lossio, el ex alcalde limeño acusado de tráfico de influencias, peculado, asociación ilícita y realizar obras sin debidas licitaciones. Por lo que no me pareció mal que Villarán sea, además, la primera mujer que ganase dicho puesto de alcaldesa.[3]

Sin embargo, una serie de problemas vinculados a la poca capacidad y experiencia de gestión pública de ella y su equipo comenzaron a ponerla contra las cuerdas, ante las críticas de sus detractores, muchos de los cuales, por cierto, provienen de aquellos grupos que fueron derrotados en la pasada cita electoral. Su principal rival político hasta el día de hoy, qué duda cabe, es el ex alcalde Luis Castañeda, quien fue investigado por Villarán desde que asumiera su cargo de alcaldesa, por malos manejos de los fondos de erario público. El criollón orgullo del ex alcalde no pudo más y explotó, despotricando como nunca de quien lo acusaba, venciendo la sinuosa parquedad que lo caracteriza. Otros grupos políticos, vinculados a trayectorias de corrupción y mafias enquistadas en el Estado, se han plegado a dicho sector, como el fujimorato y –cuándo no– la cúpula del Apra, además de sectores sociales como, por ejemplo, una parte de los transportistas, que no quiere dejar de succionar viejos beneficios a costa del bienestar de la mayoría de ciudadanos en la capital del Perú.[4] De ahí que estos sectores, aprovechando algunos errores de gestión así como de mal manejo de la imagen pública de Villarán y su equipo, lanzaron la campaña para la revocatoria de la alcaldesa y los miembros de la comuna limeña. Luego de algunos tiras y aflojas, sumaron los votos necesarios, y en esas estamos ahora, ad portas del próximo 17 de marzo cuando se realizará la votación por el SÍ (revocar) y por el NO (revocar).

Una vez más, el dilema principal está planteado. ¿Asistir o no asistir a dicha votación? ¿Participar o no en su lógica y sus consecuencias? Los intereses mezquinos, mafiosos y autoritarios, que están detrás de la campaña del SÍ a la revocatoria, me decidieron desde el primer momento a no votar de ninguna manera por esta opción. De ahí que tenía en mente, rompiendo mi posición de no volver a votar en ningún proceso electoral peruano, asistir este 17 a votar por el NO, para no permitir que dichos grupos consiguiesen ningún triunfo contra algunos cambios que la actual comuna limeña viene implementando y que me parecen buenos (reforma sustancial del transporte público, traslado de los comerciantes del Mercado Mayorista de La Parada al Mercado de Santa Anita por razones de seguridad y salud pública –más allá de los cruentos sucesos y errores al inicio de dicho operativo–, así como su amplio proyecto cultural en marcha, entre otras acciones). Tampoco deseo que ninguno de quienes están dirigiendo dicha campaña por la revocatoria municipal vuelvan a tener cuotas de poder en este país, aunque sé que así pierdan en este proceso volverán a tener algunos cargos de responsabilidad política, porque lamentablemente las cosas nunca cambian por votos de más o menos.

Sin embargo, he comenzado a ver conocidos rostros y posiciones de la tradicional derecha peruana acompañando la campaña del NO a la revocatoria municipal, como Mario Vargas Llosa, el ex presidente Alejandro Toledo, el ex Ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski, entre otros políticos de dicho espectro (lo de “espectro” es literal en esta ocasión), así como mediáticas personalidades del deporte y la atrabilaria farándula local, todo lo cual me hace dudar de si realmente un voto por el NO está favoreciendo algo de lo que yo he deseado para este país y esta vida: algo afín a una opción de izquierda y un compromiso por llevar a la práctica el socialismo. Pienso que no. Creo que si algo parecido a una izquierda honesta queda todavía, en esta campaña ha sido cooptada, o se ha dejado capturar -que es lo usual y peor, por esos sectores de una derecha, ¿cómo llamarla?, menos grotesca que la llamada “derecha bruta y achorada” que se halla tras la campaña del SÍ. Pero que, finalmente, representa a los mismos sectores políticos conservadores y contrarios a los intereses mayoritarios. Creo, en verdad, que casi no hay izquierda en este tipo de citas electorales, y que aquellos ideales y objetivos en los que he creído hasta el día de hoy se hayan representados, probablemente, por movimientos populares, por ciertas protestas regionales, y tal vez por dirigencias aún en formación fuera del ámbito electoral tradicional. No quiero volver a apostar, ni siquiera por razones coyunturales o tácticas, en proyectos en los que no creo. Y aunque, sinceramente, deseo que el gobierno de Susana Villarán logre cumplir con algunas reformas urgentes que los habitantes menos pudientes de esta ciudad destrozada necesitan para, al menos, vivir un poco mejor, ya no considero que deba ir a votar por ninguna de las dos opciones en disputa. Tampoco pienso que deba antagonizar con todos aquellos que deseen votar por el NO. Sé que hay cierta gente sincera que cree que así han de cambiar las cosas en esta ciudad y este país. Yo pienso que solo el poder popular, y opciones fuera del ámbito legal, han de cambiar de raíz y perdurablemente, con justicia y democracia auténticas, la realidad y la vida.

Como lo señalé en otro artículo, respecto de las pasadas elecciones presidenciales, cuando muchos amigos y amigas pensaban que un gobierno de Humala no solo frenaría la asquerosa reproducción política del fujimorato sino que implementaría sendos cambios a favor de las mayorías trabajadoras (las masivas protestas contra las políticas mineras son solo un síntoma de lo errada que estaba dicha concepción), pienso que es importante dejar sentada una posición alternativa, no importa si por ahora minoritaria, de que todo puede y debe cambiar no necesariamente dentro del régimen electoral. [5] Las elecciones son, como empecé a pensar desde  que, en plenos 80, vi el abrazo entre Barrantes y Alan García -además de otras imágenes sublevantes como esas-, apenas un juego a favor del poder de la élites en el país, para hacer pensar a todos que el Perú –todo el Perú– avanza, y que con nuestro voto podemos dirigir el rumbo de los acontecimientos a nuestro favor. Hace tiempo que descreo de eso. Hace tiempo que decidí jugármela por una opción que, de seguro, no es la más popular, en estos tiempos de desangelada política, pero que para mí al menos es la más honesta y auténtica. [6]

Así que este 17 de marzo mi opción es no votar. No viciar ni votar en blanco, porque ello sería igual a participar de la lógica del régimen electoral (y, de paso, ceder al absurdo e irritante chantaje del voto obligatorio que sigue vigente contra todo sentido verdaderamente democráticoburgués). Se trata de una posición y un acto no solo de negación, sino que, en vista de todo lo expuesto, expresan la voluntad de construir el socialismo, en el Perú y el mundo, por vías que quedan fuera de las opciones que el poder impone a los supuestos ciudadanos libres y soberanos. En este sentido, me considero quizá próximo a quienes en otras partes del mundo buscan opciones diferentes a las ya establecidas institucionalmente. No voy a sumarme a un grupo como los indignados de España, por poner un ejemplo actual, porque en ese tipo de conglomerados hay una heterogeneidad en la que cabe prácticamente de todo. Pero sí considero que en opciones como esas, ha de haber colectivos de personas sinceras y que están por un mundo verdaderamente nuevo, con nuevas prácticas y opciones. Se trata de hacer que la imaginación política y cultural se ponga en marcha. Se trata de que esos caminos imaginados, colectiva e individualmente, empiecen ya mismo a hacerse realidad. Ese es el camino por el que decidí a apostar desde hace tiempo. Confío estar en el camino correcto, y contribuyendo a él desde mis labores diarias, e incluso con un rápido artículo como este. Todo ha de ser poco, pero sé y siento que al menos es. Y eso me basta, por ahora.

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NOTAS
[1] Al respecto, caben varias precisiones. Quizá la principal sea que  si el PCP-SL propugnó la guerra de guerrillas, no lo hizo desde la perspectiva foquista, al estilo cubano, sino en función de construir bases de apoyo, en la línea maoísta, la cual era una de las tantas versiones de la militancia partidaria socialista por aquellos años en el país. Otra cuestión adicional es que, al parecer, a Acción Popular (AP) y su líder Belaunde -netos representantes de la privatización y penetración del capital norteamericano en el Perú- les persigue cierto tipo de acontecimientos. Además de los ya señalados, cabe recordar que en su primer gobierno (1963-1968) también debió enfrentarse a las guerrillas del MIR y del ELN, que fueron derrotadas por el ejército peruano rápidamente. La de los años 80, iniciada durante el segundo gobierno de AP, como queda dicho, no continuó dicha experiencia foquista; pero es indudable que Sendero la tuvo como referente, y que el modus operandi de aquella le sirvió como lección para iniciar su lucha armada con diversas tácticas y estrategias, al punto que lo de “Sendero Luminoso”, en un marco internacional más bien adverso (por la caída del regímenes otrora socialistas que devinieron en burocráticos, y el agresivo despliegue del neoliberalismo), duró alrededor de 15 años.
[2] Susana Villarán de la Puente (Lima, 1949) fue Ministra de Promoción de la Mujer y del Desarrollo Humano durante el gobierno transitorio de Valentín Paniagua, luego de la debacle del fujimorato. En el 2002, fue la primera “Defensora de la Policía”. Postuló a la Presidencia de la República del Perú, en el 2006, y obtuvo el sétimo lugar con 0.62% de los votos válidos. Es presidenta del Partido Descentralista “Fuerza Social”, con el que llegó, en octubre del 2010, a ser la actual burgomaestre de Lima. Fue asesora en la Municipalidad Metropolitana de Lima, desde 1983 hasta 1985, y trabajó para el alcalde Alfonso Barrantes. En el marco de la campaña para la Alcaldía de Lima, Villarán expresó que su candidatura representaba “una izquierda moderna, democrática y progresista”.
[3] El abogado Marco Tulio Gutiérrez, uno de los principales promotores del proceso de revocatoria y aliado del ex alcalde Castañeda Lossio, dio estas declaraciones públicas, jugando torpe y machistamente con las opciones del SÍ y del NO: "Las damas siempre dicen que no y acaban diciendo que sí" http://www.youtube.com/watch?v=unRUB1WErj0
[4] En esta campaña, el caso del partido aprista es particular, ya que muchos analistas consideran -me incluyo- que el mal llamado “partido del pueblo” se halla, más bien, acumulando fuerzas para la siguiente campaña presidencial de su heliogábalo líder: Alan García.
[5] Véase “Perú ante la segunda vuelta electoral. ¿Y dónde está el piloto?”: http://letras.s5.com/ca020611.html
[6] Al respecto de las votaciones electorales y el verdadero poder detrás de los gobiernos, cito estas declaraciones, por ser afines a las que aquí sostengo, de Jorge González, ex vocalista de la banda Los prisioneros, en su conferencia de prensa previa a su presentación en el reciente festival de la canción de Viña del Mar en Chile:http://www.youtube.com/watch?v=Sb7rMAwN6jc

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ENLACES RECOMENDADOS
-Javier Gravich.  “¿Esa Lima que se viene?”:
http://lapizymartillo.blogspot.com/2013/01/esa-lima-que-se-viene.html
-Gabriel Adrián. “Derecha y la ‘izquierda’ caviar se unen en defensa de Susana Villarán”: http://eldiariointernacional.com/spip.php?article3647
-Juan Carlos Ubilluz. “Interrumpiendo la buena educación gubernamental de Susana Villarán”:http://www.revistaideele.com/ideele/content/interrumpiendo-la-buena-educaci%C3%B3n-gubernamental-de-susana-villar%C3%A1n

viernes, 15 de marzo de 2013

YO NO SOY PESCADOR: YO SOY EL PUEBLO PERUANO/ Marcos Kisner Bueno




Hace pocos minutos, el Presidente de la CONFIEP, Alfonso Garcia Miro Peschiera ha dicho en una entrevista a Jaime de Althaus que el tema de la pesquería y todo lo que ello implica de corrupción y robo al pueblo peruano debe tratarse de espaldas a la opinión publica, pues es un tema eminentemente técnico. Literalmente hasta el propio Althaus se ha mostrado en desacuerdo.  Ese es el pensamiento retrógrado y antidemocrático de estos sinvergüenzas de la gran empresa privada.
En estos momentos en que Ollanta Humala, arreado por su mujer y por la ultraderecha, se ha lanzado contra los industriales pesqueros, es bueno tener la siguiente reflexión de Marcos Kisner, director de la 
REVISTA PESCA y uno de los técnicos que colaboro inicialmente con este gobierno.
 


YO NO SOY PESCADOR: YO SOY EL PUEBLO PERUANO
 
Yo soy el pueblo peruano, no soy pescador; pero las leyes vigentes dicen que el pescado es patrimonio de la Nación, o sea que es mío y que el Estado lo administra y permite que algunos lo pesquen.
Hoy día los que pescan, grandes y chicos se quejan pelean y exigen al Gobierno que los dejen pescar más o donde quieren...no lo sé. No me interesa tampoco el detalle técnico, legal o macroeconómico porque no lo entiendo. Soy solamente el pueblo peruano, dueño del pescado del mar, ríos y lagunas de mi tierra. Lo que me interesa saber es cuanto recibo yo por cada kilo de pescado que unos pocos se llevan de mi mar, ríos y lagunas.
Yo no soy pescador, no trabajo para la pesca ni las empresas pesqueras son mis clientes ni mis proveedores, así que no recibo nada directamente de ellos. Solo recibo los beneficios de los impuestos que ellos pagan y que el Estado distribuye o invierte en infraestructura. Pero ante la bulla en los medios de comunicación por mi pescado, quisiera que el Estado me diga cuantos pescadores hay, cuanto pescado se llevan cada año y cuanto me pagan a mí, el dueño del pescado, por lo que se llevan. Sé que deben pagar un impuesto por sus ganancias que se llama renta de tercera categoría y que de ahí la mitad se va al canon pesquero; pero quiero saber cuánta utilidad tiene cada uno de ellos y cuánto impuesto pagan. No quiero saber grandes cosas, solo una puntual: cuánto pagó cada uno. Sé también que algunos, no todos, pagan unos derechos de pesca, de los cuales la mitad se va también al canon pesquero y la otra mitad se queda en el Ministerio. Quiero saber cuánto pagó cada uno y quiénes no pagaron porque no quisieron o porque la norma no los obliga a pagar. Quiero saber en que gastaron el dinero del canon los gobiernos regionales y las Municipalidades. Quiero saber en qué se gastó su mitad el Ministerio.
Finalmente solo quiero saber cuánto dinero recibe cada habitante del Perú, o sea los dueños del pescado por cada kilo con el cual unos cuantos ganan dinero. Así como dicen el consumo per cápita de pescado, quiero saber cuánto gané por cada kilo de pescado capturado. Quiero inclusión, como dice el Presidente. Quiero que me incluyan en las ganancias del negocio pesquero en forma justa.
Quiero saber cuánto cuesta limpiar las bahías contaminadas por plantas y lanchas, cuándo las limpiarán y cuánto costará, así como saber quién pagará por esa limpieza y hasta cuándo deberemos soportar la contaminación del humo y los olores de las plantas.
Quiero saberlo para decidir si esas gentes que salen en televisión a reclamar y argumentar con técnica, ley o economía, tienen el derecho moral a reclamar sobre pescados que son míos y por los cuales yo debo recibir algo. Por eso quiero saber cuánto recibo y cuánto cuesta reparar el daño que le causan a mi mar, ríos o lagunas. Quiero saber si estoy ganando o estoy perdiendo y si solamente algunos están ganado a expensas mías, yo que soy el pueblo peruano, desorganizado y sin defensor alguno.
Y si yo tengo que reclamar y quejarme, así como hacen ellos, también me sentiré con no solo el derecho, sino con el deber de organizarme y salir a reclamar, bien sea directamente como pueblo o a través de mis organizaciones sociales o gobiernos locales. Si yo no puedo participar en las grandes decisiones, quiero que mi Gobierno me represente y defienda mis intereses. Si mi gobierno me defiende bien, yo lo apoyaré. Si no me defiende bien, tendré que defenderme sólo de alguna manera. Pero no quiero ser un convidado de piedra en un negocio en el cual unos pocos ganan nada más y yo, el dueño, gano nada, gano poco, o una cantidad injusta y/o no se invierten bien mis ganancias.
Marcos Kisner Bueno


miércoles, 13 de marzo de 2013

OPINIÓN DEL NOVELISTA WALTER LINGÁN SOBRE ESTE SS


El escritor Walter Lingán, radicado en Alemania, hace una reflexión sobre mis últimos libros. Aquí el apunte recogido del fb:

La economía va viento en popa. ¿Será por eso que andamos casi desnudos?

Les advierto que para acercarse a los textos de Rodolfo Ybarra hay que ir armados de un mínimo de lecturas previas, hay que ingresar prevenidos a exponerse a un singular ataque de cultura y filosofía que de pronto aparecen en cualquier renglón o entre los pliegues de cualquier párrafo amenazando traerse abajo toda nuestro supuesto bagaje aprendido en institutos o universidades, hay que introducirse en la maraña de su escritura de selva virgen con “machete en mano”, como diría Gregorio Martínez. Hasta el momento me ha sido imposible leer su poesía, que “a priori” ya la imagino demoledora. Lo primero que empecé a devorar con ansiedad ha sido “Discursos contra La bestia tricéfala” (Hipocampo editores, Lima. 2009), una colección de ensayos e historias producto de la convergencia de Rodolfo Ybarra con otros dos autores, para mí hasta ese entonces casi desconocidos, me refiero a Arturo Delgado Galimberti y Rafael Inocente que había publicado “La ciudad de los culpables” (Editorial Zignos, Lima. 2007). Los tres integran una banda literaria de sumo cuidado. Después Rodolfo Ybarra publica da a conocer “Matagente” (Temática, 2012), donde destila sangre y crimen con salvaje elegancia y sabiduría al mejor estilo del uruguayo Daniel Mella (“Derretimiento”. Trilce, 1998) y Bret Easton Ellis, conocido por sus novelas “Menos que cero” (Anagrama, 1986) o “American Psycho” (Ediciones B, 1991). La novela de Ybarra es todo un manual para cometer el asesinato perfecto acompañado de sendas discusiones con famosos filósofos, psiquiatras y, por que no decirlo, contra el sistema establecido. Y la guerra interna también es un buen motivo para publicar la novela corta “Secreto de estado” (Arteidea, 2012), mas cuando vemos que los vencedores de siempre y sus acólitos siguen mostrando sus reflexiones sobre esta fase de la historia a espaldas de la verdad, la crisis moral y política de la clase dirigente ha convertido en héroes a los criminales uniformados, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación sigue despertando los cuestionamientos de los grupos enfrentados (Estado y subversión) y cuando seguimos observando que la cuota de muertos lo sigue proporcionando el pueblo que protesta en defensa de la vida y sus derechos. En esta suscinta novela Ybarra mezcla ficción y realidad en las palabras de un militar que participó en la guerra trayéndose abajo la supuesta teoría de que “la guerra de baja intensidad” fue obra de unos locos, sino más bien se confirma que la guerra antisubversiva fue planeada en las más altas esferas de los gobiernos de turno durante los 30 años que duró el conflicto. Paso a paso sabremos, como se dice en mi tierra, la verdadera verdad. Les invito a leer, porque sólo la lectura nos hará libres.

sábado, 9 de marzo de 2013

BREVE SOBRE EL ESTADO

Los amigos del espacio 'Politik Inmortal' me solicitaron una opinión sobre el estado, la única condición fue ser breve, un minuto. Aquí el registro:
 

sábado, 2 de marzo de 2013

5to. FESTIVAL DE ARTISTAS URBANAS




5to. FESTIVAL “NOSOTRAS, ESTAMOS EN LA CALLE
 Del 5 al 12 de marzo, en diversos horarios
Jueves 7 de marzo, Inauguración del Festival Auditorio del Centro Cultural de España, Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz, Lima
Ingreso libre


Dentro del marco de celebración del Día Mundial de la Mujer, del 5 al 12 de marzo se realizará el 5to. Festival *Nosotras estamos en la Calle*, evento de cultura urbana y expresión femenina organizado por Marypussy crew y Los Marginales y con el apoyo de la Municipalidad de Lima - Gerencia de Cultura, Centro de Documentación Flora Tristán, Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, el Centro Cultural de España y más organizaciones.

El festival de arte femenino cuenta con la participación de diferentes manifestaciones artísticas y de creación, desarrolladas por mujeres de agrupaciones artísticas y colectivos que mostraran su trabajo en las diferentes vertientes como el graffiti, murales, poesía, performance, arte utilitario y artesanía, música y se desarrollará un conversatorio sobre el estado del arte femenino en Latinoamérica y talleres.

En esta edición contaremos con la participación de Artistas Urbanas y muralistas de Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Brasil, Mexico  y Perú, las cuales desarrollaran su arte en la fachada del CC España y en las paredes de El Carmen en Comas con la colaboración  del FITECA descentralizado y en Villa El Salvador, en el colegio Juan Velasco Alvarado, con la participación de Arena y Esteras, los días 10 y 11 de marzo respectivamente.

El 7 de marzo se realizará la inauguración del Festival en el CC España a las 7:30 p.m. con conversatorio sobre el arte urbano e Intervenciones en Latinoamérica, con la participación de las invitadas internacionales. Video promocional del 5to festival. Presentación musical del grupo hip hop femenino HDU (Hermanas del Underground) y presentación perfomática de break dance con danza de tijeras.

Muralización en el CC España
El viernes 8 y sábado 9  de marzo, en la fachada del Centro Cultural de España, se realizará la intervención mediante diferentes técnicas artísticas graffiti, mural, fotografías, stencil, pegatina  y demás. Con la participación de más de 20 artistas locales y extranjeras.

También se realizará la Feria de Producción y Organizaciones de Mujeres, los días 8 y 9 de marzo de 11:00 a.m. a  8:00 p.m. - Plaza Washington. Instalación de stand de exposición y venta de producción alternativa creada por mujeres en literatura, arte utilitario, artesanía, diseño de indumentaria, música, de material informativo de temática femenina o de interés social y de organizaciones sociales femeninas.

Por la noche tendremos performance, recital poético y conciertos con Ysabel Omega, HDU Crew, Sipas Crew, Atraso Menstrual, Jecka, Susana Ilizarbe, Fábula, Batucada Parió Paula, Consuelo cantautora, María Sanrango, Naiara Es, Mary Z y Margot Palomino.


Agradecemos su difusión.

Contacto:
nosotrasestamosenlacalle@gmail.com
monica miros: 985901656

domingo, 24 de febrero de 2013

EL GANADOR DEL OSCAR ES:






Alberto Fujimori. 

El director cinematográfico es Vladimiro Montesinos. El utilero y atrezo cinematográfico: Carlos Raffo. Efectos especiales: Martha Chávez. Producción ejecutiva: Keiko y Kenyi. Mejor casting: Delgado Aparicio "Saravá". Mejor Soundtrack: El baile del Chino. Mejor fotografía: Diario Correo. Mejor vestuario: Rafael Rey. Encargado(a) de Extras (portátil llevados como ganado para azuzar al personaje principal): Luisa María Cuculiza. Cameo (apareció un rato para elevar la atención del telespectador): Valle Riestra. Por lo tanto, el ganador es "El Chino Rata". Coming Soon, pronto a estrenarse en la salita del SIN y en la Dinoes.

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lunes, 28 de enero de 2013

'LA CAZA DEL TIGRE', ENVÍO DE RAFAEL INOCENTE



En el Perú se lavan activos del narcotráfico hasta por 7000 millones de dólares anuales y no pasa nada

LA CAZA DEL TIGRE

Novela

Miguel Arca Patiño

Por Rafael Inocente

Después de veinte años y cuando nada hacía presagiar su retorno, un fantasma vuelve a la vida de Nicolás Pazos.Pazos es un economista limeño que desprecia la vida muelle y ordinaria de la ciudad. Graduado en una de las universidades más prestigiosas del país,el Tigre Pazos prefiere mil veces trabajar al aire libre, cabalgar en su moto, trepar cerros a pie, contender con la naturaleza pero no precisamente para doblegarla. 
Es el año 2000 y Nicolás Pazos tiene 49 años. Es un hombre de acción que mide 1.78m y pesa 78 kilos. Ha retornado a la selva peruana, a Tingo María, para trabajar en un proyecto de control de erosión para torres de alta tensión.  Aunque echa de menos a “La Serpiente de Oro” (la canoa de maderaen la cual surcara otrora los ríos y meandros  de la selva de Madre de Dios), al Adventurer I (el zodiac que utilizaba como liebre), al MartoBrewer Explora Comando de 17 cm de puro acero inoxidable cromado en negro, Nick Pazos ha cambiado poco.Ya no cuenta con los valiosos objetos mencionados que le acompañaron hace veinte años cuando navegó los rápidos del Urubamba, llegando a la selva boliviana y a los pueblos brasileños limítrofes (negociando productos de pan llevar, cerveza, gasolina, armas de diferente tipo, artefactos eléctricos y chucherías varias), pero la madera de la que está hecho no ha variado y sigue siendo esencialmente el mismo tipo, pues como decía Fromm “si yosoy lo que tengo, y si lo que tengo se  pierde, entonces, ¿quién soy? Nadie, sino un testimonio frustrado, contradictorio, patético, de una falsa manera de vivir”.  Nick sigue siendo el mismo tipo campechano,  tal vez algo pintoresco,pero un hombre de bien a fin de cuentas, que no abusa de nadie pero tampoco se deja abusar.  Pazos es a sus 49 años, por decirlo de alguna manera, un marinero en tierra,  guarecido en sus cuarteles de invierno, del que sale para trabajar y obtener el sustento para su familia, como ahora en que lo encontramos en plena selva amazónica peruana, en la provincia de Tingo María, en el departamento de Huánuco.
En estas circunstancias un fantasma del pasado regresa al Perú en busca de venganza.  Ese fantasma tiene nombre propio.  Se llama Patrick Depardieu y es un multimillonario francés dueño de EPROTSA (Empresa de Productos Tropicales de la Selva Amazónica), pantalla para operaciones ilícitas de los más poderosos cárteles de la droga del planeta.Depardieu ha plantado su centro de operaciones en el Perú y tiene oficinas en las principales ciudades del país.  Un búnker amurallado a prueba de ruidos ubicado en Chacarilla del Estanque es su cuartel de operaciones.  Pero Depardieu es solo la cabeza visible de una mafia multinacional, que el autor identifica como la NWE (Narco WorldExport), un cártel norteamericano con sede en Texas y oficinas centrales en New York, regentado principalmente por judíos.  La NWE tiene hombres clave sembrados en las principales instituciones internacionales (ONU, BM, FMI, BID, UE, OMT, FAO, UNESCO, El Vaticano, etc.) y aparte de controlar el negocio de la droga se ocupa de mantener los dineros ilícitos “lavaditos y planchaditos listos para ser usados en la economía limpia”.  Según Arca, quien a la manera de un MilanKundera se da licencia para insertar entre capítulos breves ensayículos, es tan grande el poder de la NWE que son “dueños de países de séptimo orden económico como Colombia (…) y octavo, como Perú (…)”… todo esto lo demostraba “el hecho de que en casi 40 años se habían apoderado del país” (…) en el sentido de que “controlaban su economía, su gente importante en los puestos importantes”, incluso se dan el lujo de crear y financiar grupos alzados en armas, como cuando a los “colombianos que se rebelaron (…) los cambiaron por los mexicanos. (…)” O cuando (…) “cambiaron a Sendero Luminoso por el Ejército y la Marina (…) para controlar la parte parapolicial del negocio”.
Hace pocos días (22 enero 2013), la Procuradora Antidrogas peruana Sonia Medina, divulgó en medios públicos que en el Perú se lavan activos provenientes del narcotráfico hasta por 7000 millones de dólares al año,  de acuerdo a cálculos realizados por las Naciones Unidas. Lo más increíble de esta denuncia realizada por un alto funcionario público es que la gran mayoría de casos son absueltos (Montesinos, Sánchez Paredes, Valdéz, Cataño, etc.) y caen en saco rotodespués de dilatados procesos e investigaciones.  Los principales rubros para blanquear dinero sucio en el Perú, de acuerdo a la misma Procuradora Antidrogas Sonia Medina, lo constituyen los pujantes sectores inmobiliario, farmacéutico, gastronómico, cadenas de grifos, entre otros.  Una situación aterradora que en cualquier otro lugar civilizado del planeta causaría tal pánico financiero que la economía ficticia del país se desplomaría estrepitosamente.
Pues bien, Miguel Arca Patiño con “La Caza de Tigre” se atreve a ponerle el cascabel al gato.
Corren los años ochenta en la selva peruana.  En Madre de Dios, la minería artesanal del oro cobra sus primeras víctimas, destroza la Amazonía, conjuntamente con la fiebre del oro blanco, que se apodera de la conciencia de los hombres. En tanto, al otro lado del mundo, un tal Patrick Depardieu, malvive en un sótano oscuro y húmedo, rodeado de zancudos, en los suburbios de París.  En medio de su miseria es tentado por un gringo, George Clayton,  para ingresar a las “grandes ligas”, pero para ello es necesario que invierta por lo menos medio millón de dólares, una suma inalcanzable para un atorrante (los hijos de A. Torrans, malvivientes que sobreviven en las tuberías de desagüe), un ratero de poca monta, como es Patrick Depardieu.  
Clayton le da la solución.  Hay un lugar en el mundo, le dice, llamado Perú.  En la selva de aquél país, bajando de las sierras del Cusco, hay una fiebre del oro.  Oro por montones. Botado. El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro, le anima, haciendo suyas las palabras de Raymondi.Depardieu es un ignorante que nunca ha escuchado hablar del Perú ni del Imperio de los Incas ni del Cusco, menos aún de la Amazonía Peruana. Clayton le proporciona planos, cartas, mapas.  Quien compra el oro en la selva del Perú es un banco del Estado, le dice, el Banco Minero, son por lo menos 200 kilos mensuales.  Hay mucho dinero y poca policía, esos lugares son corruptos, le susurra cómplice. Entras como turista al Cusco, bajas a la selva, alquilas un deslizador, consigues guías y motoristas nativos, y listo, será como quitarle un caramelo a un niño.  Luego de darle la logística necesaria, la ruta de escape (que pasaba por Bolivia y llegaba hasta Manaos, en Brasil), el gringo Clayton tiene la certeza que el francés ambicioso dará el paso que le permitirá ingresar al más lucrativo negocio que ha conocido la humanidad. A los pocos días, tres franceses cogen vuelo directo hacia el Cusco: Patrick Depardieu, Pierre Laroche (un mastodóntico guardaespaldas) y Marie-Claire Saint-Germain, una desdichada y hermosa parisina de extracción proletaria cooptada por Depardieu.
En este trance es cuando se trenzan las vidas de Nicolás Pazos y Patrick Depardieu.  Después de emborrachar a la población hasta el vómito y con la complicidad del Dr. Manteca (un oscuro tinterillo de provincia, epítome del jurisconsulto peruano),  asaltan el Banco Minero. Los franceses huyen a toda prisa a través del Río Madre de Dios, pero en su escape se cruzan en el río a bordo de los veloces deslizadores:Depardieu huyendo del lugar del crimen y Pazos dirigiéndose hacia el perdido poblado amazónico en donde se ubica el Banco Minero con el saldo de dos muertos y ochenta kilos de oro robados.  Aquí se inicia una persecución cinematográfica que llevará a Pazos a través de la selva amazónica de tres países (Perú, Bolivia y  Brasil) y, en un rapto de locura y fidelidad, Pazos cruzará el Atlántico hasta recalar en el propio París, tras las huellas del ladrón y asesino Patrick Depardieu.
¿Pero por qué le importa a Nick Pazos atrapar a los ladrones del Banco Minero? ¿Es por los ochenta kilos de oro avaluados en por lo menos dos millones de dólares?  Pazos no es un tipo ventral.  Concebido a la manera del héroe romántico (en el sentido de creer en lo imposible), a Pazos lo que menos le interesa es el  oro. El administrador del Banco Minero, un ingenuo ingeniero y su esposa, han sido fieles amigos suyos. Y si un valor respeta Nick Pazos ese es el de la amistad. Más aún el de la gente sencilla. Aunque no logra recuperar todo lo robado y tampoco puede capturar al asesinoDepardieu, Pazos lo obliga a escapar como a una rata por mediomundo y logra ponerlo en ridículo ante Marie-Claire, su hermosa novia, inocente de los crímenes que comete Depardieu. Y aquí es donde se trenza nuevamente la novela, porque después de veinte años, con la Bestia regresa la Bella.  Porque además, “La Caza del Tigre” es la historia de un amor inconcluso y que encuentra en el sacrificio de Marie-Claire un epílogo fatal, símbolo del amor incondicional: dar la vida por quien se ama.
Son varios los escritores peruanos fascinados con la selva amazónica.  Desde la épica de “La Serpiente de Oro” de Ciro Alegría y el redondo libro de cuentos “El Arco y la Flecha” de Luis Urteaga Cabrera, pasando por un joven Mario Vargas Llosa con “El Hablador” y “La Casa Verde”, hasta los escritores loretanos que con tanto acierto recrean fabulosas historias cuyo telón de fondo es la inconmensurable Amazonía peruana, en novelas como “La Guerra del Sargento Ballesteros” de Jaime Vásquez Izquierdo y “Hostal Amor” de Cayo Vásquez.  “La Caza del Tigre” presenta el caleidoscopio amazónico  bajo la mirada de un hombre libre que no le teme a la jungla, si no que, a la manera de los balseros del Marañón, se zambulle y se hace uno con ella.
“La Caza del Tigre”, la he leído en manuscrito proporcionado generosamente por el propio autor. Ha conseguido mantenerme en vilo  de principio a fin.  Concebida episódicamente y abundante en raccontosemocionalesy flashbacks, ha sido escrita con una economía de lenguaje heredera de la concisión de la narrativa anglosajona.  El argumento de esta excelente novela no se circunscribe dentro de las coordenadas de la típica narrativa última que se regodea en historias de artistas incomprendidos, bombarderos de papel, poetas borrachines, escritores onanistas y mujeres insatisfechas.  Ésta es la historia de un hombre de acción enfrentado a un sistema que aniquila al individuo hasta reducirlo a piñón descartable de la Máquina Monstruosa. 
Miguel Arca nos remite con su historia a la vieja dicotomía entre el bien y el mal y conceptos como la justicia, el honor,  la felicidad e incluso un anti-valor, según los bienpensantes, como la venganza, toman cuerpo en la novela, retratando una sociedad en la cual las leyes sirven de papel higiénico y justifican el robo, el asesinato y la expoliación de un pueblo que va a las urnas cada cinco años a elegir a su nuevo vampiro.

miércoles, 16 de enero de 2013

TRES COSAS HAY EN LA VIDA, DE JORGE CUBA-LUQUE




Jorge Cuba Luque ha publicado los libros de cuentos Colmena 624 (1995), Ladrón de libros (2002) y un texto muy particular al estilo del George Pérec de Je me souviens: Yo me acuerdo (2008). En esta ocasión, nos entrega una novela cuajada en el fragor del escritor y el inevitable roce con la realidad, sus contratiempos y/o compromisos (Sartre); por ello, la crítica al sistema capitalista y a su medio social brota de forma natural sin caer en el viejo cliché del socialrealismo y, más bien, nos entrega una obra con aires de posmodernidad y lo mejor de la tradición culturena: la paradoja, la ironía de esas “tres cosas importantes” en la vida de estos tiempos ditirámbicos de finmundismo, caída de bolsa de valores, crisis energética, calentamiento global, etc.: salud, dinero y amor, tal y como dice el libro de versos y vals de Rodolfo Sciammarella.

El personaje principal, hijo de un encuentro “casual” entre una recepcionista del exhotel Bolívar y de “un rubio Steward de la Panagra Airways”, se ve marginado por sus compañeros de estudios y/o amigos de barrio, quienes se burlan de su fenotipo al haber heredado lo peor (léase lo menos funcional para un país cuarterón) de cada uno de sus progenitores: flaco, endeble, tímido, apocado, asmático, etc., pero rubio a fin de cuentas (“gringo misio” de colegio nacional), quien se aferra a una vida académica y de arribismo donde el qué me importa prima sobre cualquier directiva posible. Becado por la “Fundación Coca-cola, altruista patrocinadora”, estudia economía en una universidad de la capital. Así va escalando posiciones dentro de la pirámide de la división internacional del trabajo y tropezándose por ratos con “seres menos inteligentes y más miserables que él” (sic), pero que buscan lo mismo (o caen en lo mismo): el ejemplo práctico es Eva, una agraciada joven dedicada al negocio de las fotocopiadoras, con quien “hace el amor” por primera vez, pero ella, muy avisada en sus propios intereses de “cumplir su sueño” y dejar su humilde vivienda en el Rímac e irse a Estados Unidos, termina matrimoniándose con un viejo decrépito vicerrector de la universidad donde Johnson seguía sus estudios y de manos de quien recibe el título profesional. Quizá por eso, más adelante, cuando Johnson, dotado de un puesto de trabajo como organizador de empresas, logra salir del país, encuentra que su destino natural debe ser Estados Unidos: “El bienestar al alcance de todos. Una verdadera democracia”.

De esta forma, en una carrera por la acumulación de bienes materiales, el confort y la comodidad –el lado amable de un mundo de mercancías y crueldades–, dota a su madre de una casa, así como de una pensión vitalicia. Asimismo se compra otras propiedades para alquilarlas y entregarse a una vida holgada y sin preocupaciones. Total, el asma ha desaparecido (signo de aparente buena salud); el amor es una constante con subibajas (Eva, Julia o cualquier otra, aunque por esta última siente una especial estima y, según se constata en la novela, tiene una posible prole); el dinero ya está empezando a no ser ningún problema, sino una “bendición” del trabajo y el esfuerzo (sic); y, como organizador y reflotador de empresas, no escatima en ningún problema para despedir a diestra y siniestra con tal de beneficiar a la patronal, puesto que su eficiencia era inversamente proporcional a los intereses de los asalariados: “Era, además, totalmente ajeno a remordimientos al ser consciente de que el resultado de su trabajo era crear desempleados en un país donde la protección social era inexistente”.

La fina ironía –una constante en la obra de Cuba-Luque, quizá revisitada anteriormente en cuentos como “Preguntas y respuestas”, “Colmena 624” o “Personas desparecidas”– encuentra su punto álgido cuando Johnson, orondo y ya posicionado en un piso del otrora World Trade Center, piso 95 de las Torres Gemelas (la misma que ha escalado a punta de cumplir el viejo recetario del capitalismo draconiano), encuentra la muerte de forma inusitada a manos de la islámica organización terrorista Al-Qaeda el 11 de septiembre de 2001: “Oyó gritos y pensó que era un terremoto aunque sabía que en New York no había terremotos como en Lima; su corazón empezó a latir con fuerza y, atónito y petrificado por el terror, vio una gigantesca ola de fuego abriéndose paso con el estrépito de una explosión infernal, devorándolo todo. Johnson, sintiendo que su cuerpo reventaba, creyó que era tragado por una profunda oscuridad y tuvo tiempo de comprender que estaba muriendo” (pág. 257).

De esta forma, Jorge Cuba-Luque nos entrega un fresco de estos tiempos, un cuadro en el que el arribismo y la praxis esquizofrénica de la libre competencia (la mejor forma de subir es pisando las cabezas de los que te rodean) pueden “ayudar” a alcanzar un bienestar material con resabio a fracaso, a infelicidad. También la revisión de la última historia peruana le sirve al autor para repasar los nexos entre esa ficción de desarrollo, los grupos políticos (en su mayoría entes larvarios) y el poder establecido (el “doctor Cerrillos” sería por antonomasia el mismo “doctor Montesinos”); todo dentro de una prosa fluida y la memoria siempre despierta para trasladar al personaje de una época remota a otra más actual sin perder el atrezo y los datos históricos tan necesarios como abundantes (en su texto Yo me acuerdo, el autor nos ofrece un ramillete de datos que podrían engarzarse con la novela). Por lo demás, Tres cosas hay en la vida es, sobre todo, una excelente novela (un testimonio sobre los yuppies, “tecnócratas” y demás profesionistas cegados por la autorrealización y las promesas de un sistema aberrante) que merece la atención de la crítica y su inclusión urgente en algún plan lector.

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domingo, 13 de enero de 2013

OTRA MÁS SOBRE EL RACISMO DEL DIARIO "EXPRESO"

“Serrano nunca bueno, si bueno nunca perfecto, y si perfecto siempre serrano”, dice una nota del diario Expreso publicada el día 11 de enero acerca del ex presidente Alejandro Toledo.




Y es que al Perú le chorrea el racismo por todos lados, desde las chicas escort de "Aisha" que miran por sobre el hombro (y explotan) a sus empleadas domésticas, pasando por los periódicos chatarra (y los libelos "históricos" como La Prensa, la misma que insultaba de "zambo jetón" a Echenique y que arremetía contra los de "color humilde") o los canales de tv y sus programetes racistas, incluida toda su publicidad vomitiva y denigrante. Y ni qué decir de nuestros pensadores, acaso Alejandro Deustua (ese seudoteórico de la dizque educación) no decía que el indio era una máquina incapaz de aprender nada y a la que había que explotar sin piedad (ahí tienen la base de este bodrio "neoliberal" peruviano que tarde o temprano nos arrastrará al abismo). El principal benefactor de la Universidad Católica, José de la Riva Aguero, decía que el indio vivía en permanente estado de hostilidad y venganza, y casi lo mismo pensaban Víctor Andrés Belaunde, Francisco García Calderón y el fascista Honorio Delgado.
Lo curioso de todo esto es que A. Toledo es un homúnculo miserable por donde se le mire (el mismo David Waisman lo ha acusado de insultos), al igual que su esposa, la judaica Eliane Karp que imploraba hipócritamente a los apus para que elijan a su "cholo sano y sagrado" mientras decía "pituquitos", "limeñitos", "blanquitos", etc., etc., y demás insultos oprobiosos y racistas que nadie se encargó de objetar. El racismo del diario Expreso es el racismo de la burguesía, de los señores feudales, de los que enrejan sus casas y construyen universidades para que sus hijos puedan mandar o largarse a europa  o USA. Toledo no es más que un felipillo al igual que todos los que se rasgan las vestiduras por un asunto que tiene más que ver con la historia y la economía; por ello, Atusparia y Uchcu Pedro se levantaron en el Callejón de Huaylas, y, por eso mismo, a uno lo envenenaron y al otro lo fusilaron.




viernes, 4 de enero de 2013

"¿EXISTE UN BOOM LITERARIO PERUANO?"


Así titula su balance literario la revista SIETE. Mucho se puede decir sobre esta interrogante, incluso el negacionismo brota como la espuma de Vallejo (un crítico planteó la idea de que nunca más habrá un boom literario porque carecemos de demanda), pero las individualidades y los libros están ahí al alcance de todos, solo hay que estirar la mano hacia alguna librería. 
Quedan las gracias al periodista Carlos Omar Amorós por la inclusión de mis libros narrativos: Matagente, Secreto de Estado y Monos con Metralleta, todos editados en el 2012.
Seguimos.