jueves, 10 de julio de 2014

"EL UNIVERSO POLIGRÁFICO EN 'MATAGENTE'", ENVÍO DE CARLOS V. VALENCIA



Objeto de estudio: Libro, Matagente (Manual de autoayuda para cometer un crimen). Autor: Rodolfo Ybarra, Editorial: Temática Editores Generales. 250 p. (Año de publicación: 2012)

1. FRASES.
a.- Frases históricas, proverbiales, refranes.
b.- F. estereotipadas.  
c.- F y citas bíblicas, poéticas.
d.- Muletilla de la tauromaquia.
e.- F de las ciencias económicas.
f.- F de las ciencias jurídicas.
g.- F de las ciencias Biológicas.
h.- Expresión de la Estrategia militar.
2.- Latinismos.
3.- Extranjerismos: Anglicismos, Galicismos, Italianismos
4.- Apelación del mass media
5.- Personajes mencionados directamente (Miguel Det) e indirectamente (Carlos Oliva, Van Gogh).
6.- Humor
7.- a) Lapsus y redundancias, b) palabras frecuentes
8.- Parricidios
9.- Conclusiones


a.- Frases históricas, Hammurabi, Plauto; proverbiales, refranes:

1. a.- "le caería encima como un chacal hambriento y le aplicaría a pie juntillas la ley de Talión: "ojo por ojo y diente por diente" p.186
 “como estaba previsto, en las fauces de la máquina carnívora y en el anatema del “hombre lobo del hombre” p.154

"pero no me gustan esas risitas sin sentido, en todo caso quien ríe al último, ríe mejor" p.221
“mucho menos aceptar ese dilema de perdedores: “hasta al buen cazador se le van las palomas” p.185
“puede –si nos equivocamos- causarnos serios problemas y hacer que el tiro salga por la culata” p.31
“le pido que se calle (o deje de rumiar), basta de mentiras, basta de querer tapar el sol con un dedo” p.220
"Errar es humano, la perfección de los dioses" p.73


b.- Frases estereotipadas: Frases adverbiales, adjetivales y locuciones.

 “El verdadero placer tiene su cuota de sangre, ni que decirlo, ni que dudarlo” p.15
“La muerte entonces no es un medio sino un fin, ni vuelta que darle” p.56
 “efectistas sin ton ni son” p.12; “o una elección intempestiva sin ton ni son” p.19
“al cual yo contribuía con un granito de arena desde la formalidad” p.151
“un profesionista ejemplar que no mataba ni una mosca” p.151 “Y algunas cosillas con las que no se podía matar ni a una mosca” p.185
“Los muertos vivientes se fueron pasando la fotografía uno a uno hasta que el que me había traído se volvió a tomar un trago y, como haciendo de tripas corazón, hecho que me pareció fingido, dijo que aceptaba” p.175
Arremeter es lo único que me queda para no convertirme en un convidado de piedra o en un conejillo de indias” p.23
"Y una que otra mujer joven o madre soltera que no había tenido suerte en la vida y había terminado de carne de cañón" p.36. "Igual no me interesa, para mí son carne de cañón" p.219
“al menos eso fue lo que dijo un médico cuatro-ojos que me miraba como si yo fuese un ángel de la guarda o la versión masculina de Teresa de Calcuta” p.172


c.- Frases y citas bíblicas:
“Y por la noche, y Sinogan, 100 mg, para dormir o morir; así por los siglos de los siglos. Amén” (p.28)
“No se puede ser tibio. La biblia es clara en este asunto: “a los tibios los vomito” Apocalipsis, 3: 16 (p.57)
“Y corrí con todas las fuerzas que pude, sabía que si volteaba podría convertirme en piedra o en sal” p.109
“y hasta niños que vendían su mano de obra por un ripio, al destajo o por un plato de lentejas” p.153

d.- Muletilla de la Tauromaquia
“Si es una mano diestra, podrá cortar rabo y orejas de un solo zarpazo” p.33

e.- Frase (recortada) de las Ciencias Económicas: Gournay:

“pues habría que darle el gusto sin escatimar mayor esfuerzo o respuesta; así de simple. “Dejar- hacer,-dejar-pasar marcaba el paso de la modernidad” p.153

f.- Frases jurídicas comunes.
-El lapicero debería ser el arma homicida, y el papel, el cuerpo del delito” p.11
-No nos olvidemos que el término jurídico “en defensa propia” puede –si no nos equivocamos- causarnos ciertos problemas. p.31
g.- Frase de las Ciencias Biológicas:
“Mi profesión de psicólogo laborista me ponía en una situación especial en la cadena alimenticia del trabajo y la naturaleza” p.148
h.- Expresión de la estrategia militar
“Hay que ser general en la teoría y un soldado en la práctica” p.31

2. Latinismos, locuciones y citas poéticas.

"Se puedan valer por sí mismos y repitan este círculo ad nauseam" p.162; "súmmum de su propia especie" p.139)
"una deuda a pagar post mortem" p.38; "donde la hipocresía es una tabula rasa" p.13; "la tortura del caminante, para los correcaminos y los deportistas de "mens sana in córpore sano" p.224;
"o la hecatombe de un mundo en permanente rigor mortis" p.12; "Y, antes de que empiece el rigor mortis y a enfriarse" p.215
"me hacía mimos, piruetas, gestos e ipso facto se inflamó mi libido" p.140 "Como si quisiera apagar, ipso facto, las llamaradas volcánicas de un fuego interno" p.218

3.- Extranjerismos. a) Anglicismos, b) Galicismos, c) Italianismos
a) Anglicismos, frases y palabras. 
Frases y palabras: Jack the ripper, Play station, Market second hand, Straight edgeHead hunter, Reality shows, Push up, Sport zones, Blue jean, Sex house, Boy lovers, Tip-offs, Fingers humans fry, Copycats, Bard Parker.

Ghostwriter, Softwares, Bitchs, Broadcaster, Bodyguard, Look, Spas, sport zones, Electroshock, Services, Snuff movie, Soundtrack, Comics, Poster,killer, bullying, goatsé, fitting.

b) -Galicismos: Gourmet, avant garde, Grand Manier

c) -ItalianismosIl popolo.

4.- Apelación del mass media (Personajes y dichos de programas de T.V, revistas)

Acordé con dos amigos maniáticos, “Tuco” y “Tico”, p.36
“jugaba al correquetealcanzo en la puerta de una cochera; parecía “risitos de oro”, Dorothy o una de las pequeñas de La Familia Ingalls” p.100
“de senos enormes que le cuelgan como ubres de vaca, y con una verruga en la nariz al modo de “Hermelinda, linda”, la bruja de los comics mexicanos” p.201
-Frases de personajes del mass media:
“como que están entrando en el asunto con el monosílabo sí, sí en sus bocotas de marmota” p.29 “mi hermano con su bocota de marmota” p.41


5.- Algunos escritores y artistas mencionados directamente Miguel Det, Chagall, Hobbes e indirectamente; César Vallejo, Antonio Machado, Hermanos Grimm, Van Gogh, Carlos Oliva.

“Me detuve al centro de la revista donde un póster de Drácula –no de Bram Stoker, sino de Miguel Det –amenazaba con morder mi blando cuello.” p.71

“Luego, tratando de no distraerme con mis ideas, me quedé observando la lengua salida y sancochada que, como un cuadro de Chagall” p.140


O hacer “guerra de todos contra todos” como decía Hobbes” p.28

“De esta forma fui engendrado “un día que dios estuvo enfermo” cabizbajo” p.78

Sabía que “la caída” era mi designio, mi camino o caminante – no – hay camino – se hace – camino al – andar” p.38

“la recua que arreaban al matadero, la masa que algún flautista de Hamelin se encargaría de ahogar en el mar como a ratas” p.152

“por eso un cuchillo es más que un cuchillo; recordemos la oreja cercenada del pintor” (p.33)

Como dijo un poeta: “la muerte es y trato de alcanzarla” p.105

“Además como dijo un conocido gurú: la familia es tu karma” p.165

6.- Humor

“La boda no fue tan civil porque fueron algunos militares primos del abuelo y tampoco fue en privado” p.81
“en un desembalse de venas, arterias y vasos (in) comunicantes” p.152
“aunque sería mejor acordarme de los detalles y finiquitar este asunto del pretérito para caer en la tela de araña o matar a la araña de una vez” p.42
“Y me quedaría solamente con su familia para disfrutar de la naturaleza y los buenos hospicios del sentido común que justamente por ser común debería ser lo menos común” p.55
“objetos de tortura: “el aplastapulgares, diseñado para los que se hacen el manicure y la pedicure” p.223
“James D. Watson, que gastó veinte años de su vida investigando a los africanos, afroamericanos, afrocaribeños, afroeuropeos y todos los afrodescendientes y afronosecuántos” p.212
“En pleno saboreo de potajes y cuando pensaba que los mejores placeres vienen con el postre, el maricón suelta la triste expresión “boca come y culo paga” p.230

7.- a) Lapsus y redundancias, b) palabras frecuentes

a)“El gobierno del terror no perdonaba a nadie. Hasta el mismo Guillotín que inventó tan maravilloso aparato cayó decapitado” p.132

“con mucho esfuerzo logra posarse en la palma de mi mano” p.21
“pero mi lengua ensangrentada estaba en la palma de mi mano” p.58

b) Palabras frecuentes (ya empleadas en otras obras del autor): depredador, depredadores, predadores, helminto, perorata, peroratas, silente, mejunje, holograma, frenopático, frenópata, clepsidra, entronización, suripanta, parapeto, pluscuamperfecta, triquiñuela, cochambrosos, plumífero, cuchicheo.
-Otras frases: pompa de jabón, balas de salva, puestas en escena, tubo de escape, ajuste de cuentas, escala de valores, recolección de datos, drogas psicotrópicas, fosforescencia psicodélica.

8.- Parricidios:

“Y que desmoronaba junto a un mundo que como decía el farsante Toynbee “no había encontrado respuestas frente a los nuevos y constantes desafíos” p.152
“Por eso, con el respeto que se merece el señor Herodoto, padre de la historia, creo que todo lo que una persona debe contar es su propia desgracia” p.24
(o mi “inteligencia emocional”, para estar acorde con los acomplejados seguidores de Daniel Goleman, ese tarado que repite como loro de hombro un escupitajo de Aristóteles sacado de su Ética a Nicómaco” p.26
“Creo que Platón, uno de los tantos inútiles filósofos, analizó esto con la habilidad propia de un niño” p.92
“Y la psicología –y esto va para los entendidos- es una seudociencia cuyo mayor aporte fue hecho por el cocainómano Freud, un jewish frustrado” “Ni que decir del megalómano Lacan quien quería reducir todo a la inexistencia del Otro” p.205
“Ni que decir del cobarde Jung que apoyó a los nazis para terminar de destazar a los judiegos” p.206
“No creía, para nada, en lo que apuntaba Montaigne esa frase infeliz con la que concluía en que el ser humano era más ignorante que malvado, cuando era al revés” p.153

9. Conclusiones:

El tema sobre las aproximaciones al universo poligráfico de Rodolfo Ybarra (Atoj) no está agotado. En esta investigación ponemos de relieve a las diversas áreas culturales que el autor-personaje está inmerso.  Quizás exista un exceso de extranjerismos, un exceso de parricidios, de frases estereotipadas, palabras frecuentes, en la despiadada actuación de Atoj. Pero a la vez existe humor en ocasiones oportunas y parricidios para racionalizar y adormecer su conciencia. Creemos que no debe fusionarse el autor con el personaje principal como lo dicen los académicos, poetas y libreros. Después de todo es una novela de género gore que inaugura la literatura peruana con gran éxito.     

SDK




Para los amigos de habla inglesa, aquí les dejo unos poemas míos (del libro Sinfonía del Kaos / Chaos Simphony, 1993), vertidos al inglés por el profesor norteamericano Zachary Payne:

Overture (pg. 13)

I walked all night with the marquees
of the theaters injecting into my eyes
& with the lights like a creeping report
pus rotting the body
my body becoming thin like a web footed bird
perishing in the arms of walkyria
damned forever with the seven plagues/ /
& in this road I was the last Chasqui
the last of the formation sharpening myself to receive
an obol from this city that was dirtying
my body with the aniline of egotism
My face always has been stuck to the
store windows/ to the images that were beating
the branches of poetry
the street lights were baseball bats breaking
my head like ball/ blockhead
bouncing in the bars and in the side streets
wounded with fragile whores
that were offering their breasts in burin labeled trays
with the howls of the pimps
I always wanted to touch the white butts of models
break the statues murmuring
distantly in the parks & they took everything from me
before sending me to jail
while my eyes grew dumb like brackets in the
pentagram & we all were drawn
tattooed in the dark foreskin of chaos


Touch and Go IV (pg.18)

Nausea spreads through the streets and these cries bore my ears
these screams shatter my testicles/ these yawns cloud my path
and my body only wants to find a place to rest the siesta for
months

I feel like vomiting these gun powder flavored worms
I feel like vomiting those fifteen kiosks of cheap food/ those ten
fruit stands/ these twelve restaurants

I vomit all over and my digestion leaves to travel the most
delicate places in Lima
where the hysteria can’t jump the electric fences that are weaved by liquid
wealth
my vomit is an immense mass of plagues/ bed bugs/ lice/ rats/
bats/ leprosy/ sickness/ perversion/

my vomit is a great army of ants prepared to devourer your
formality


Touch and Go V (pg. 19)

A marble statue drags me through the streets and with my electric guitar
I'm making room bowing bodies and pulling bodies
listen to the loneliness of my song/ listen to the sound of my armor
listen to the pecks of vultures/ the growls of the gargoyles/ the
screeching of the psychopaths

THE CITY IS A SLAUGHTERHOUSE WHERE THEY HAVE BROUGHT
US WITH DECEIT

and I raise my hand and grab the bludgeon of history
and these dirty tatters fall from my body- and these dirty tatters float
in the toilet bowl of my brain-
and I pull them out of me and burn them with the matches that the books give me and
this crude way of tripping on reality’s tail

Let me collect the garbage/ let me play the triangle/ let me carry away
the politicians/ the rats/ the priests/
my work is honest/ I sing/ whistle/ scream/ while I go out in the early morning/
to see myself and sink/ in the broken mirrors of your hypocrisy/
let me collect the garbage/ kick against the night/ write in the streets your
name/ climb through these rotten ruins/
smelling of shit/ I come and go from hell/ mine and only mine this garbage
truck/

IN THE NAME OF THE LAW OPEN YOUR DOORS!

because somebody has died and been reborn revived in the
Spring of this poem


WALKING WITH WALT WHITMAN ON THE BLACK SHORES OF HELL (pg. 22)

For: Ñaka, Maggi y Lúcia

I've been wandering for days through these narrow streets that lead to
nowhere
my hairs are great shrubs that blaze in the road/ the beard begins to grow
strangely like a flash of greenish likens
my eyes drizzle/ croak/ wail after so much beating myself against loneliness

In front of me all eat and drink of the beautiful
all speak of their families/ of their children/ of their projects only a cigar
helps me to stand
when loneliness is a thirty kilo backpack that I must carry
always on my back
I've been wandering for days through these narrow streets that lead to
nowhere
my body is an enormous thistle/ my hands appear to be gothic letters
torn from some diploma
I'm completely lost/ completely tired
the cigar ash burns like a red torch recently discovered in the
darkness
and I am the last comic running carrying the unavoidable light
panoply’s fire/ of artificial castles coloring loneliness
Behind me thousands of fantasies are destroyed against the asphalt
thousands of smiles are undrawn and die forever on the faces
that now are graves or traveling cemeteries stumbling on the
lighted billboards

I've been wandering for days through these narrow streets that lead to
nowhere
on the edge of collapse/ on the edge of incoherence on whatever corner
in front of a transport agency transporting apples
with a terrible coldness in the lips and in the body capable of freezing
whatever woman


A CLOCHARD ON THE THIRD BLOCK OF AVIACION AVENUE (pg.23)

Close to the trash cans I can curse in the markets
with that Judas smiles squashing my face
Close to the trash cans I can smile at misery
or walk barefoot with Diogenes bowl
- the wandering dogs have started to stretch their legs and have ignited
like in hell the red lights of the traffic lights-
My head rolls under the wheels of the tricycles
now there is only time to eat a cheap menu
twist my fingers in the passage and burp a poem
applauding at the drunks the tragic sketches of rum
with my filthy body like a newspaper that drags the wind
towards a cart of trinkets and dreams
poetry has dressed itself in rags
& is an old lady with the Paracas cloak
begging for euthanasia
& poetry sprouts far from workshops and canteens
far from the little rooms of creation and the fucking computers
& I have returned again to Sodom/ to Gomorra
& I have had to shatter first my writings and steal in the streets
these dreams that are now new slaves in Sparta
driven mad like two thousand years ago with my cardboard
& this Judas laughter on the lips
driven mad with my solitary verses in the bad weather
like the old rhapsodies in the phoenician markets


FOLK FUSION/ Marka – wuasi (pg. 39)

(the river usually pierced her between the flesh of her buttocks
& below/ way below the branches of the nettle
the men were fighting to arrive at the Fortress )
and I loved you and you loved me
& my arms fell like carrion lees around your heron neck
& a soft mist paused between us
like a cotton rug caressing the feet of a god
& the rock that was maintaining us from the cliff
that was the light
that was the find
that was death
( that was you and I )
that was a hippy Socrates over the shadow of Jantipa the beauty of the region
and Saint Peter of Casta
far very far from wangle and sordidness of the tin cans
In Marka – wuasi with the weight of the pack back helping me enter
you
far/ very far from the nausea and the head aches
with the weight of the bodies salted with sweat and
sperm


WARNING OR THREAT (Central Highway) (pg. 45)

Do not stop there is an order to fire!
this book is as hot as a summer without an ozone layer
and my pages are little ovens at two thousand degrees Fahrenheit
Do not stop there is an order to fire!
step on the gas and read out loud each page of this book
these verses are made to be screamed in the plazas and next to
sex shops and plastic bag condoms
Do not stop there is an order to fire!
Speed up/ shift into fourth and disappear from my sight
forever

shit-shit-shit


Chaos’s Symphony (pg. 77-78-79-80)

After reading Lautreamont
my head spins like a blender
the pestilence swells as a belly of fire
& explodes in the skies of Lima
my head wants to think of other things
it wants to draw an Impressionist landscape
a painting of the Bastille
floating on a pond
as a sparkle of the full moon
but my lucidity is a wall of mud
that still withstands the rain
& obligates me to observe
this gloomy landscape –detained in the pupils-
single cord like an electric artifact
falling because of gravity
& gravity in not Newton under a tree
nor is it the equation
slipping in a black head
I walk bent over // boney
as if I was going to faint
I live in the armpits of those dead from cancer
& the cracked streets where Poe and Cri Cri died
like two monkeys in a traveling circus
I live in a bedroom of the Shelah – na-Gig
like a bat hanging from the cave
suffocated by the fire
My steps clash against the concrete
that now is a living man which slams us
against a dreadful poster
My voice dissolves rough in the street lights
The electric gramophone is playing a distant overture
that come as a fist in the back
The neon lights illuminate the façades of the
malls
My voice bellows like a car horn trapped in the
night
My body is an ANFO bag which leaves to walk around
in a night faded like old blue jeans
I can grasp the leadish sex of the streets
like a lock
that cracks
the keyholes
of the glass shops
I can grasp the breast of loneliness
- cow brains falling to pieces in my hands-
CHAOS´S SYMPHONY
is the hardcore that sounds on the corners
& is melted into the urban slag and the smog
which darkens your crow eyes
/ of Poe reciting The Crow/
the metropolis is a torture table where (YOU) are
your own executioner
which runs like a meek river of shit
with the shit in between your lips
you beating your chest like a hypocrite
Oh poetry
my serigraph is stamped on the face of Ankou
Penelope’s stare
the shadow that sprouts from your pig eyes and
muddies this dirty paper
Oh poetry
I’m condemned to the punishment like the dumb Prometheus
& without having robbed the celestial fire of the
word
my body wishes to be cut into pieces
& tossed in different directions
my mouth wishes to shout a suicidal verse of Artaud
my belly is a dismantler
shearing the white hairs
and non servable of the night
Oh poetry
in illo témpore/ in promptu/ in perpétuum
my nightmare boils in a Petri dish
where your hair soaks
in a scrutinized beauty
by the brushes of
Chagall – Matisse – Picasso
Domes of light bathe my peyote body
at this hour the streets open their throats
and ferociously they swallow you
the cold worsens
only a lamp post sways
& the light falls like yellow tentacles
around the edge of your neck
around the edge of my moist tongue
watching lice and smooth beetles
on whatever wall in Lima
while my rage is a white celestial poet
moving silently
as a diabetic breath leitmotiv
The moon grows like a bladder full of urine
the dogs howl/ bite their tails
& dirty the pedestrians with their scabies
A siren shakes the avenue
Red lights burn in the street lights
Nero travels the city with a ball of gas on his back
Madness dances Vivaldi’s four seasons
Hopelessness is an immortalized bench in a painting by
Humareda
My dreams shatter like a Chinese pot
the acromegaly affects the nerves
My eyes grow like enormous testicles and sink
into depression
A voice screams in the microphone/ squeezing the pen of my
dream/ that now is a Alfred Hitchcock film
premiering on a T.V. channel
Truman Capote laughs on the cover of a rock magazine
The mad Piaras bites the smile of Gioconda
& again silence splatters my clothes
My body scales and is bombed like a city in the
Persian Gulf
I grow wings/ I grow feathers and from my body
colors and perfumes evaporate like beautiful mandrakes

The early morning opens its doors

A patrol car drags the body of time


Lima, August 1991


CONTRAPORTADA

I don’t understand and I’m not interested in understanding anything related
with formality
for me poetry is in the streets and for years
it is my biggest concern
Actually I live in the absolute center of Lima surrounded by all this
shit that drowns and violently shakes me
I don’t work/ I don’t study and next year I will reunite with my old horde
to travel Latin America with my celestial back pack
because it is necessary to be superior to humanity itself in tenderness
and in feelings
because it is necessary to get up and leave behind all the bullshit once
and for all
this is what I think and I'm not at all humble not at all beggarly not at all
an idiot
the rest is absolute silence

miércoles, 9 de julio de 2014

HOMENAJE A 'SINFONÍA DEL KAOS'. POR CARLOS VALENCIA



Hace un año se cumplió 20 años de la publicación de Sinfonía del Kaos. Aquí les dejo un texto que me envió el maestro Carlos Valencia por los 10 primeros años. Pronto postearé la traducción al ruso por parte de la profesor Valentina Tokova (Universidad de Voronezh - Rusia) y, también, la del catedrático norteamericano Zakary Payne. 
Quedan servidos.

HOMENAJE-reconocimiento A LOS DIEZ AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE SINFONÍA DEL KAOS DE RODOLFO YBARRA.
                                                                                    A mis lectores por internet y a Osho.

SINFONÍA DEL KAOS. Rodolfo Ybarra. Ed. Humo Bajo el Agua. Lima, Perú 1993  (81 pp.)
             
<glorificarlos con primeros puestos en concursos de poesía
. Constatamos efectivamente que Rodolfo sin necesidad de consejas de académicos ha creado literatura. La frescura de una poesía iconoclasta de una escritura que esta siempre blandiendo la espada poética contra todos (incluso en contra de los que le hacen un comentario). Rodolfo se enfrenta a su yo poético percibe estar abandonado en este terrible mundo urbano-marginal, en lo cual no se decepciona, acepta ser tercermundista, pero se burla del imperialismo y la tecnología. Revive en la música, el arte y política su status irónico, ironizado con desparpajo. Decisión realista de hacer escarnio de Lima sus vicios y sus contagios.
 Inspiraciones nietszcheanas, fatalistas, en una voz personal de primer orden. Se defrauda de sí mismo pero lo reconoce, efectivamente es un  paso para salir de la “esquizofrenia” de su yo poético que equidista con la soledad y lo azulado de sus versos y el descontento. Es uno de los pocos poetas que escribe como habla entonces sus poemas son de él. Es un poeta tan sencillo que no dice tener tres menciones honrosas en poesía; dos con la Bienal de la revista Estación Compartida y uno con el codiciado premio COPE. Rodolfo Ybarra con Sinfonía del Kaos, ya estaba en condiciones para dictar un Taller de Poesía. Poemarios como los de Rodolfo que se publican sin hacer escándalo, pasan desapercibidos pero son y serán recordados para siempre. El comentario es nada; la poesía es todo. Rodolfo es tan iconoclasta que puede maletear este homenaje.>>                                        

Carlos Valencia (PERÚ)



            Algunos amigos a través de la internet me dicen el por qué incluyo en mis comentarios mucha poesía del poeta invitado. Y les respondo con lo que dice Eliot, “Una crítica honesta y una apreciación depurada deben llevar hacia la poesía, no hacia el poeta” “Hacer pasar el interés desde el poeta hacia la poesía, añadió, es una meta loable; pues esto conduciría a una apreciación más justa de la verdadera poesía, buena y mala” <>




EL YO POETICO EN PRIMERA PERSONA GRAM.

 

-Entre la religiosisad y la ruptura

            Soy un maldito cristiano
            Soy un perro Krishna

-Su ser ínfimo (se autocompadece)
Yo camino y soy una bala perdida/ un plomo miserable en el medidor eléctrico de tu casa
            Y tú no me tengas compasión/ tú no me tengas repugnancia porque estoy/
            en el último grado de la neurosis. 
            Soy el último comics corriendo llevando la luz inevitable/
            Fui el último chasqui
            Soy un anarco sindicalista
            Soy un estúpido social demócrata
            Soy la última rueda del coche
            Soy el último hippie en decadencia moral

soy un náufrago más en esta azulada mitología.

 

Aunque no en el sistema político

            Soy un marxista confeso

No es racista es neutral

           
            “y con mucho júbilo y con mucha fuerza levanto mi brazo para negar todo/
            rasgo de xenofobia
todo rasgo de antisemitismo/ todo rasgo de apartheid/ todo rasgo de machismo o feminismo
            y todo rasgo que joda o intimide la libertad del hombre

No es responsable de sus actos

“Alguien quiere utilizar mi sexo para violar a cualquier hombre o mujer que/ se cruce en mi camino” (p.20)

 

No es homofóbico ama a su prójimo.

“Amo a las prostitutas y a los homosexuales porque su carne también es mi carne/ porque su sexo también es mi sexo”

 

COPROLALIA

 f. Tendencia morbosa a emplear expresiones escatológicas u obscenas.

(Dicc Océano UNO 1986)

 

            “Me cago en la tecnología de
            deshecho imperialista.” (p.15)

            “Y ante la falta de leche/ pan/ pañales/ cuadernos/ lapiceros/ borradores
Y no tengo nada que agradecerle al señor ministro de educación o cultura
            O como mierda se llame” (p.17)

“Con olor a caca/ vengo y regreso del infierno/ mío y solo mío este camión
            de basura/” (p.19)
           
“Son las once de la noche en esta esquina alfombrada con cacas de perro/ y he salido con unas ganas tremendas de matar a alguien” (p.20)
           
“atosigarme de toda esta mierda como un absurdo contenedor perdido en
            cualquier mercado” (p. 46)

            “la metrópoli es una mesa de tortura donde (TÚ) eres
                        tu propio verdugo
            que corre(s) como un manso río de mierda
            con la mierda entre tus labios” (p.78)


ES REBELDE ANTE LA URBANIDAD Y BUENAS MANERAS
            Nadie va a encerrarme en las/ mazmorras de la formalidad (p.15)

VISIONARIO DE LO URBANO
“Hace frío y me cobijo en el humo grisáceo de un cigarro como hace poco juntos en la avenida Abancay atestada de vehículos” (p.33)

Peruanismos idiomáticos y una aproximación de definiciones.


Ahuesado. Mercadería que no se vende. Saldo.

Asolapado. Encubierto.

Chaveta. Arma punzocortante elaborada artesanalmente por los delincuentes.
Chasqui. Indígena que servía de correo postal.
Cinema(s) (abrev. de cinematógrafo)
Cincho. Faja ancha. Correa que sirve para castigar a los niños.

Cuy(es). Conejillo de indias.

Guachimán. Vigilante de servicio diurno o nocturno.

Hamaca. Tira ancha de lona sujetada por los extremos que sirve de cama y columpio.

Silleta.  Dim. de silla. El uso típico de dicha palabra es del castellano andino. Aunque ARONA lo define con ligerezas se trata de un peruanismo ya incorporado en la Academia.

Vidrieras (por escaparate con vidrios)

-Expresiones
Chompas de alpaca,
Menú barato,
comida barata
Carreta de baratijas
Pateando lata

De lo lindo  “Frente a mí todos almuerzan y beben de lo lindo”
Dentro mío “Ahora tengo un fantasma dentro mío que me acosa y tengo que batirme en duelo con la soledad”

Indigenismos
Zampoñas, pututos, tambo, ekeko, pared de quincha, quipus. Chasqui, Manto de Paracas
Huayco, cachiporra.

Topónimos (nombre de lugares y zonas)

plaza San Francisco de Lima, bar de Quilca, centro de Lima, avenida Grau y el jirón Cangallo, avenida Abancay.
Parque de las Leyendas 
Cementerio presbítero, C. el Ángel, Parque universitario,

Diminutivos:  -propios de un acendrado limeñismo idiomático. Aunque en la novela Rayuela de Julio Cortazar y en el poemario Zenobia y el Anciano: 1994, de Erika Ghersi encontramos también diminutivos.


En Rodolfo consignamos lo siguiente:

Barcito de Lima,
cuartitos,
juguetitos,
solito,
morralito de cuero,
palabrita,
salita del hotel,
Tosesita.     

 

Jerga

Me llega al pincho.
Pendejo

Mexicanismo o Peruanismo.
Descuajeringándose
Descuajeringándonos

  “con una botella de vino y ese sombrero descuaringándose en tus melenas”(p.49)
 “Y vagaremos por las calles/ descujeringándonos”(p.36)
-------------
            Puede tratarse de un peruanismo para Rubén Vargas Ugarte, que dice así, DESCUAJERINGADO. ADJ. Desmalzado, descoyuntado, aporreado. U. T. En el Ecuador y México.

“Ahora con tu fotografía en mis ojos no sé si romperla en pedazos o
            Estrujarla entre mis dedos como la última rosa de un jardín
Una foto es siempre un pedazo de realidad raptada al tiempo” (p.33)

Sofocleto en sinlogismo dice “Cuando rompemos una foto creemos que asesinamos un recuerdo”

LA SOLEDAD EN ALGUNOS MATICES.

Se ha expresado que el poemario En los extramuros del mundo de E. Verástegui ha infuenciado a Sinfonía del Kaos. Por el acercamiento a la poesía urbano-marginal de una Lima horrible, el asunto coprolálico, la ecolalia. La evocación de las abuelas de ambos y el manejo del discurso. Si bien es cierto que Verástegui ha influenciado más a Ybarra y Barbieri, (generación del 90), pero ambos han creado su propia poética. Lo escribe así el mismo Ybarra <> (Las Armas del Escritor: 2003)
           
Y cada noche al regresar a nuestras páginas
                         a nuestra soledad
                   nos cuestionamos/ nos lavamos
                          Enrique Verástegui (En los extramuros del Mundo)


(soledad acústica)

“Voy haciéndome un espacio aventando cuerpos y jalando cuerpos
escucha la soledad de mi canción/ (19)

(soledad ademán)

“Mis ojos garúan/ graznan/
Gimen de tanto golpearse contra
La soledad”. (22)

(soledad con gravedad)

“Cuando la soledad es una
Mochila de 30 Kg que debo
Cargar para/ siempre en mis
Espaldas” (22)

(soledad cromatismo)

“De castillos artificiales colo
reando una soledad (22)

(soledad espacio vacío)

esperando como nosotros la soledad de la
carretera/ (29)

(soledad desamparo)

y yo soy mi propia víctima/ mi propia utopía en el cadalso de las calles
soportando la soledad de tus senos en los cines de barrio mientras
tú te vas/ (46)

(soledad resignación)

Me enseñaron a amar la soledad/ me enseñaron a amar los médanos/
            Y las imágenes platinadas de los recuerdos (65)

(soledad incomprensión)

en tus ojos repletos de soledad que nadie trata de entender ni/
consolar/ oh mi abuela (69)

(soledad en alter ego)

Ahora tengo un fantasma dentro mío que me acosa y tengo que batirme en
            duelo con la soledad (70)




BIBLIOGRAFÍA




ARONA, Juan de. (Pedro Paz Soldán y Unanue) Diccionario de Peruanismos. Peisa. Lima 1975
COHEN, Jean. Estructura del Lenguaje Poético. Gredos. Madrid, 1977.
HILDEBRANDT Martha. Peruanismos, Ed. Biblioteca Nacional. Lima, 1994
IBÁÑEZ L. José M. La Creación Poética. Ed. Rialp. 1964.
GREIMAS. A J. La semántica del Texto. Gredos. Barcelona, 1982
SOFOCLETO (Pseud. de ANGELL Luis F.) Sinlogismos. Ed. Arica 1972
TEUN A.van DIJK.  La Ciencia del Texto. Paidós. Barcelona, 1996 (reimp)
VARGAS UGARTE, Rubén, S.J. Glosario de Peruanismos. Lima s/f. Imp. La Popular
VERASTEGUI Enrique. En los extramuros del mundo. 2da ed Lluvia. Lima, 1994
YBARRA Rodolfo. Las Armas del Escritor. (Mekánica de ensayo) Mastodonte edts. Lima, 2003 


lunes, 7 de julio de 2014

"NUNCA LE DIGAS SI AL NO". RELATO INÉDITO DE CARLOS MENESES




     No fue una caricia, fue como si estuviera descubriendo la tersura de unas mejillas. Su mano gruesa, áspera, de dedos cortos, pasó una y otra vez por  esa piel blanca, sedosa, debió parecerle que resbalaba, que era como una superficie encerada. Se extasió en ese recorrido lento por los pómulos, las comisuras de la boca, bajando luego hacia la barbilla, sin dejar de mirar los ojos claros que parecían sonreírle. Posiblemente tratabas de recordar todo tu álbum de seducidas. Encontrar, vano esfuerzo, alguna de similares características. Las pieles con las que se había fundido tu cuerpo no eran de ese color. Eran como la tuya, o más oscuras, tal vez dos o tres fueron menos trigueñas, pero la tersura, debía estarte diciendo, que eso no había sido posible para tu tacto en tus cuarenta años de vida y cuatro de alcalde.

   Ella esquivó sus manos para encender un cigarrillo. Lanzó el humo sin fuerza, parecía exhausta, como si hubiese estado andando todo el día sin un instante de descanso. La habitación estrecha y oscura  olía a comida guardada varios días y el tabaco logró cambiar en algo el olor pestilente. La punta del cigarrillo encendido parecía el ojo de un gato tuerto. El estiró una mano. Sobre la pequeña y rústica mesa de noche había una botella de pisco y un vaso con unos restos de ese licor. Se sirvió una buena dosis y empezó a beber con la fruición con que un niño bebe un jugo de frutas. Te debías sentir si no niño sí adolescente feliz. Un cuerpo esbelto, como el que imaginabas podría tener una sirena, pero con largas y bien torneadas piernas, reposaba a tu lado. No fluían las palabras ni de la boca de ella, ni de la de tuya. El silencio hacía falsamente lúgubre la intimidad porque una alegre emoción parecía recorrer el cuerpo del señor alcalde.

    Cuando la invitó a entrar al único hotel de ese pueblo la seducción estaba muy avanzada.  Esa clase de invitaciones no representaban novedad para él, las había realizado por docenas, pero con ella, con una mujer así, resultaba tarea seductora muy diferente. Incluso tuvo miedo de que la mujer rehusara aceptara un hotel destartalado, viejo, umbroso, como ese único que había en el pueblo al que la había traído Después, ya en la modesta habitación, la mejor del  establecimiento, la que siempre le daban a don Calixto que se asomaba por ahí casi todos los meses, y cuando se convenció de que ella no se sentía ofendida por la modestia del lugar, el alcalde mostró su imagen más placentera y simultáneamente la charla empezó a extinguirse. Las palabras perdieron importancia. Se decían lo mínimo, eran términos convencionales. Le hiciste un par de preguntas incómodas, pero ella supo sortearlas muy bien. A pesar de tener unos diez años menos que tú se le notaba una gran experiencia en el trato con hombres. Eso te intrigaba. ¿Quienes te habían antecedido, no en su tierra, en la tuya?. Y se lo preguntaste. La imprudencia siempre fue un signo muy propio de ti. Ella se le quedó mirando, sonrió, se dejó besar en los labios y luego se quitó la blusa. Ahí empezó el verdadero silencio que luego se quebraría con algún jadeo o un  quejido que parecía estar disfrazando de dolor el  placer  reinante en la oscura y estrecha habitación..

    La otra pregunta también la barajó con habilidad la mujer. El con el torso desnudo quiso saber qué hacía en este lugar tan alejado de su país. Qué la había traído hasta este sitio. Ya se lo había preguntaba mientras tomaban café pero no en ese tono conminatorio que utilizó ahora. La rubia, muy desenvuelta, con los pechos pequeños, blancos como de nieve, al aire, aunque llevándose las manos sobre ellos, dijo que era escritora, que le interesaba conocer sitios rústicos y bellos como este y escribir sobre ellos. No diste crédito a esa respuesta pero tampoco insististe con nuevas interrogaciones. Pensaste que lo de escritora podría ser, pero llegar hasta esos andurriales tan distantes te parecía  que no era cosa de escritores, los de esa profesión, para ti, están atados a una maquina de escribir y son unos inútiles porque no saben hacer otra cosa que golpear el teclado continuamente. Después se te ocurrieron otras preguntas. Te quitaste el reloj de la muñeca y lo pusiste junto al vaso y la botella de pisco que habías comprado al muchacho que te dio la llave de la habitación. No querías ver la hora. No te esperaban en la municipalidad, ni en tu casa, ni en el café donde te reúnes con tus amigos todas las tardes. Y si te esperaban qué podía importarte. Lo tuyo, la reunión  con esta hermosa mujer, era mucho más importante.

    La primera vez que la vio fue en la plaza de Armas no supo discernir si lo que le llamaba la atención era ver a una mujer rubia en su pueblo andino o la ropa deportiva y elegante que llevaba encima. Una rubia alta, de figura perfecta, vestida con una exquisitez impresionante. Nunca habías visto de cerca  una mujer así. Que andaba demostrando una seguridad  inhabitual para ti. Las mujeres que tú conocías caminaban encorvadas o con paso dubitativo. Esta lo hacía erguida sobre unos botines sin  taco. Como convencida de que estaba recogiendo centenares de miradas admirativas de hombres y mujeres. Algo así como un imán femenino hecho para  captar la atención de todo un pueblo. No miraba en concreto a nadie ni a nada. Simplemente discurría por la plaza, como si conociera  perfectamente el camino y supiera hacia dónde se dirigía. Le preguntaste a Manuel, tu ayudante más despierto, que si la había visto antes. Te dijo que sí, que la había visto el día anterior. Estuviste a punto de zarandearlo y reprocharle el por qué no te había avisado inmediatamente. La mujer del abrigo amarillo se perdió por una de las callejuelas tortuosas y empinadas que salían de la plaza.

    Durante el tiempo que duró ese café que tomaron juntos, y que no fue sólo café, también hubo pisco, y el alcalde ofreció unos dulces o unos picantes que ella rechazó educadamente, adelantando la palma de la mano y moviendo con compás delicado la cabeza antes de decir no, en un castellano casi sin acento, y añadir que ya había almorzado, y señaló su pequeño reloj dorado que marcaba más de las cuatro de la tarde. En esos momentos  el único lugar de esparcimiento para la gente del pueblo, era ese local, que de bar pasaba a restaurante, bazar, farmacia y podía convertirse en hospital aunque sin médico si las circunstancias lo exigían, el hizo varias preguntas, casi todas quedaron sin respuesta. Otras recibieron contestaciones inadecuadas para lo que él pretendía descubrir. Sacaste en claro, eso sí, que se llamaba Shirley, que había estado en otros pueblos de los Andes, y había nacido en una ciudad enorme donde se hablaba inglés. Le  dijiste que sí sabías dónde quedaba esa ciudad llamada Denver aunque eso era una enorme mentira. Pero lo que te respondía era muy poco para calmar tus gigantescas olas de curiosidad. Te dijo también que había estado casada durante dos años. Le costó trabajo al alcalde conseguir que dijera con quién se había casado, y más aun, el motivo del divorcio. A esta última pregunta sólo respondió con un mohín que la convirtió en una colegiala por un instante. Añadió que cuando pasa un tiempo se olvidan esos motivos, y después cambió el tema de la conversación.

     El Prefecto le dijo un día en la capital del Departamento,  de forma muy seria, con tono del coronel que manda a sus tropas, que al primer desconocido que viera en su pueblo, al primero que le pareciera que dudaba en cada paso que daba, y que no tuviera sus papeles en regla o dubitara en responder, debía mandarlo a la canasta. “¡Adentro!” fue la expresión de ese señor vestido siempre como para ir a una fiesta. “Y sin miramientos” añadió. Y tú asentiste con un dócil movimiento de cabeza. Y estuviste muy atento a todo lo que te siguió diciendo. La lección estaba clara, nada de concesiones, hombre o mujer que no conocieras, gente que te resultara sospechosa, pedirle sus papeles y si algo fallaba en ellos o en sus respuestas, o su voz era titubeante, ¡adentro! Como te había dicho el Prefecto, o mejor, te lo había ordenado. Y esa tal Shirley era una desconocida para todos. Había aparecido un día  sin saberse de dónde había venía ni por qué estaba en el pueblo. Era por lo tanto una sospechosa.  Correspondía aplicarle el tratamiento que había mandado el señor vestido siempre como para asistir a una fiesta.

    El hotel estaba a unos veinte metros del sitio donde estuvieron tomando el café. Ella no interpuso pretexto alguno cuando él le manifestó sus intenciones procurando evitar la crudeza que siempre solía deslizar en estos casos. Mencionó el sitio hacia dónde se disponía a llevarla pero haciendo un elogioso comentario de la calidad de las habitaciones. La mujer del abrigo amarillo parecía que estaba esperando esa propuesta. No dijo ni sí ni no. Avanzó a tu lado mostrando una obediencia inesperada, sonreía, era como la  sonrisa  de quien está culminando una tarea. Habló de la belleza de los enormes picos nevados. De la difícil carretera que lleva hasta la costa. Tú debiste pensar que al ver la palabra hotel pintada en una madera mal cortada y clavada en la entrada de esa casa se iba a producir el primer brote de resistencia. Con muchas te había pasado. Les decías a tus amigos en tu pueblo, a diez kilómetros de donde estaban ahora que entraban a regañadientes y salían felices. Ahora podía pasarte todo lo contrario. Esta entraba como si se tratara de la puerta de un teatro o la invitación a un salón de baile pero podía salir muy descontenta. Le había cedido el paso para que ella llegara primero al pequeño mostrador de madera seca y sin pintar donde atendía un muchacho imberbe que conocía muy bien a don Calixto.

    La Mamerta, mujer del Manuel, había dicho que el día anterior esa mujer rubia se le había acercado para preguntarle dónde podía comer algo, porque se moría de hambre. Y también quería saber si había un sitio donde pasar la noche, y ella le indicó la casa de la señora Roberta, que tenía una habitación libre desde que se le fue el hijo con esos malvados que decían  asesinaban a todo el que no les obedeciera, y le iba de perlas ganarse unas monedas con un alojado aunque sea por una sola noche. El Manuel te lo contó todo, te dijo que hablaba muy bien el castellano, que había dormido en casa de la Roberta, que decía estar de visita por toda la región para inspirarse. Nadie, tampoco tú, entendían qué quería decir con eso de inspirarse, por lo que prefirieron, sobre todo  tú no profundizar en el asunto. También le dijo que se la había visto hablando con un hombre de aspecto extraño y que parecía portar armas porque un bolsillo del pantalón se notaba muy abultado.

  Dudando entre si era una facinerosa o una dama decente, decidiste abordarla. No te atreviste a pedirle en ese momento su documentación. Seguramente  te pareció que sería una falta de respeto hacerlo. Yo te voy a decir por qué no lo hiciste. No la abordabas como una autoridad sino como un seductor, que es lo que te sientes por encima de tu condición de alcalde. La mujer no se sorprendió al ver que un hombre fuerte, de mediana estatura y unos cuarenta años, de tez curtida y oscura y pelo negro e hirsuto, se le aproximaba con el sombrero en la mano y le sonreía con aire de coquetería para luego hacerle algunas preguntas. No se inmutó, ni retrasó respuestas a las primeras preguntas que él le hizo, ni tampoco rehusó aceptar la invitación para tomar unos tragos que fue lo primero que le dijo.

    El primer beso, un beso tan furioso como apasionado, se produjo nada más entrar en la habitación del hotel. Ella percibió un olor desagradable, frunció la nariz y como que quiso protestar. Parecía sentirse engañada por su galán eventual, pero él intuyendo lo que la mujer pretendía no le  permitió abrir la boca, el beso tuvo la misión, de interrumpir cualquier atisbo de queja. Había dejado de llamarla señorita, y no se atrevía a decir su nombre porque le parecía que no podría darle la pronunciación correcta. Momentos después  dejó de importarte el acento, el nombre, todo. Estabas ante una mujer excepcional. Nunca habías soñado con traer a este hotelito de un pueblo de menores dimensiones que el tuyo una dama como la que ahora estabas abrazando. Pero no te temblaba la voz, ni las piernas, ni te ibas a cohibir en ningún momento. Eso de bueno tienes,  no cejas, no te asustas aunque descubras que te encuentras ante algo desconocido y superior a ti. Era un alcalde que olvidaba sus funciones, que pisoteaba las indicaciones  severas de sus superiores. El tenía una botella de pisco en la mano y ella sujetaba el pequeño vaso que les había dado el muchacho de la recepción.

    En un momento recordó la tarde que detuvo a aquel al que llamaban el Moyobambino. Apareció como la rubia, en el centro de la plaza de Armas. Parecía bebido y hablaba a gritos. El ya sabía eso de que el primer sospechoso que se le pusiera delante y no tuviera papeles ¡adentro!. Y el Moyobambino tras vaciar una botella de pisco con la autoridad del pueblo, empezó a cantar casi sin interrogatorio. El don Teobaldo resultó bien macho, dijo el borracho para empezar. Y luego soltó lo demás entre hipos . Yo le puse la pistola en la nariz y le dije : concha tu mama te voy a matar porque tú dejaste que mataran a mi hermano. Y él, sabes qué me respondió compadre alcalde. La lengua se le enrollaba entre los dientes y las palabras salían astilladas. Tú qué me vas a matar hijo de, y ya no siguió el balazo le cortó la frase, pues, hombre. Y se echo a reír sin pausa. Pero  esta rubia no ha matado a nadie. No debe saber ni cómo es una pistola, pensaste.  Estabas tan emocionado junto a ella. Te deslumbraba como si una estrella hubiese bajado del cielo. Te arrodillaste y le quitaste los zapatos y le besaste los pies. Creo que le dijiste algo pero ni tú mismo debías saber qué era lo que le decías.

    Durante los momentos que estuvieron en el café todavía  se sentía dueño de la situación, seguro de que esa dama rubia se iba a derretir entre sus brazos y le iba a contar todos sus  secretos si los tenía. En el hotel  tu seguridad empezó a declinar, tú ánimo pecaba de artificialidad. Necesitabas volver a ser el león que te creías cuando llevabas a una mujer a la cama. Para eso tenías la botella de pisco. Si flaqueaba tu espíritu dominador el pisco se encargaría de ponerlo en su verdadero sitio. La dama rubia no había perdido ni un ápice de su simpatía. No se le notaba cohibida ni tensa. Sí fatigada. Llevaban por lo menos cuatro horas encerrados en la habitación. Tú sabías que era tu obligación insistir en el interrogatorio, aunque te pareciera una mansa paloma, aunque no te despertara sospechas. Si sólo sabías que se llamaba Shirley y había nacido en una ciudad con millones de habitantes. Fue cuando menos se lo esperaba, ella hizo una pregunta, y luego otra, y otra más. Y el alcalde fue respondiendo mansamente, hasta que cayó en la cuenta de que la autoridad era él y quien debía preguntar era la autoridad y que le estaba preguntando cosas que nadie más que él debería saber en el pueblo.

    Durante la charla en el café ya le había hecho algunas preguntas, aunque ella les llamaba consultas. Quería saber con cuanta gente contabas para defender el pueblo. Y tú pensaste que era una pregunta muy tonta, pero como venía de ella preferiste llamarla innecesaria. Y ya en el hotel, pasadas las horas de pasión, de salvaje pasión como solía decir el alcalde a sus amigos, la rubia inquirió cuándo había sido la última vez que pasaron las huestes furiosas de ese líder loco que mandaba matar al primero que le cayese mal. Y también le interesaba que le dijeras si iban a llegar tropas de la capital. Te quedaste mudo por un instante. Tardaste en darle sentido a la pregunta, en interpretar lo que encerraban esas palabras. En pensar que por qué se interesaba esa maravilla de mujer en un asunto tan peligroso como ése, pero no le respondiste así. El alcalde la miró como si ahora tuviera a otra en el lecho. Preguntó dónde había oído hablar de ese líder loco y cómo sabía que iban a llegar tropas a su pueblo. No le dijo que no llegarían a su pueblo, que los refuerzos irían directamente a la capital del Departamento. Y que no sabía si serían cien o mil. Agregó que la última vez que aparecieron las huestes de esos asesinos por su pueblo no hubo fuego, que sólo se llevaron a algunos hombres para reforzar su ejército, entre ellos al hijo de doña Roberta. La mujer siguió preguntando, siempre sobre el mismo asunto. Siempre con esa mezcla de dulzura y seguridad que él le había descubierto desde el principio.

     Cuando ella hizo insinuaciones de vestirse, don Calixto tartamudeó que aun era pronto, pero en realidad lo que quería decirle era que estaba descubriéndola sospechosa y que no le iba a quedar más remedio que actuar como le había dicho el señor Prefecto. Pero cuando le iba a demandar que mostrara sus papeles las palabras se le atracaron en la garganta. La botella de pisco ya había perdido las dos terceras partes de su contenido y la rubia apenas si había bebido un sorbo muy breve. Le pidió con cierta autoridad que fuera hasta el otro extremo de la habitación para encender la luz. Era un pretexto, quería ver desplazar el cuerpo totalmente desnudo de esa hembra deliciosa. Eso era lo que querías. Le dijiste que no se vistiera todavía que antes encendiera la luz y que el interruptor estaba junto a la puerta de la habitación que había quedado completamente a oscuras. Ella obedeció y a medio camino, cuando tú creías que su cuerpo era tan blanco que desafiaba a la negrura y podías verlo, te lanzó una nueva pregunta : ¿qué harías si quedaras cara a cara con ese líder loco del que se dice que sólo piensa en matar?. Te había vuelto a dejar sin palabras. En realidad el alcalde no sabía qué haría en ese caso. Imposible saber si se mantendría arrogante o si se quebraría como un arbusto ante un huracán. Así que prefirió no contestar.

    Con la luz eléctrica bañándole la estilizada figura ella se le fue aproximando a paso lento, como una modelo que se exhibe ante un selecto conjunto de clientes. Y para sorpresa de don Calixto repitió la pregunta. Entonces tú pensaste, fue un  pensamiento tan rápido como un rayo, que ella lo conocía, que lo había tratado, que había estado en un hotel con él. O en pleno campo, tal vez junto a un río. Quién sabe en la carpa donde debe dormir ese loco sanguinario como le llamaba el señor Prefecto. Y sentiste ganas de abofetearla, de pegarle con un foete. Toda tu bravura se transformó en sadismo. Pero aun quedaban frenos en ti. Ella se fue vistiendo lentamente, y a él más le parecía que lo que hacía era una invitación a no salir del cuarto. A seguir bajo el imperio de la fiebre que los había dominado. Le cogió las manos como para impedirle que siguiera poniéndose ropa encima. No opuso resistencia pero en la sonrisa, en la mirada, en el movimiento de la cabeza y en su leve quiebro de cintura se podía leer que la reunión había terminado, que ya era hora de volver al pueblo de él. Que fueran hasta donde había quedado el viejo automóvil y emprendieran el regreso.

     Se adormecieron sus caprichos, descendió su furor, estaba dispuesto a cumplir con lo que ella pedía. En veinte minutos estarían en el pueblo. Aun encontraría a los amigos en el café. Pero también podría colarse de rondón en la habitación que le alquilaba doña Roberta a Shirley e iniciar un nuevo episodio amoroso con ella. Ya en el auto toda su preocupación giraba en torno a las  sospechas que seguían en aumento. Dominado por el malhumor pisó el freno en medio camino, y volviéndose hacia la mujer para mirarla a los ojos le pidió sus documentos. Ella abrió su cartera con enorme desparpajo, sacó una tarjeta, su pasaporte, una foto, y más papeles y se los alcanzó. El los examinó a la luz de los débiles faros del auto, mientras ella  indicaba que en esa foto sólo tenía quince años y quiso contarte la historia de la foto. Pero a tú le hablaste con voz de mando, te atreviste a señalarle que no te parecían unos papeles legítimos. La miraste a los ojos y cuando quisiste guardarte la foto  ella adelanto una mano y te la arrebató.

    Durante lo que quedaba del camino hasta el pueblo al alcalde lo único que le importaba era descubrir quién era esta mujer, si su documentación era falsa o no. Era una sospechosa pero había pasado la tarde más hermosa de su vida junto a ella.  Y si era sospechosa había que aplicarle el mandato del señor Prefecto, ¡Adentro!. Sería muy grato que ese adentro equivaliese a tenerla en la diminuta cárcel del pueblo. Pero no era eso lo que pedía ese señor vestido siempre como para asistir a una fiesta. Significaba llevarla ante su presencia, tras haberse cumplido con un hábil interrogatorio. O arrancarle delante de él, de la forma que sea, todas las respuestas que se necesitaran. Y por supuesto, tenías que olvidarte de volver a dejar resbalar tus manos por sus mejillas tersas, olvidar de descalzar y besar sus pies que te parecieron bellísimas palomas, y  aceptar que la visión de esa preciosa figura totalmente desnuda viniendo a tu encuentro tras encender la luz no se volvería a repetir. La llevó directamente a la casa de doña Roberta. Se ofreció para acompañarla a su habitación pero ella rechazó con esa elegancia que él ya conocía.

    Rabioso don Calixto le gritó ¡quién eres, qué quieres acá!, y ella sólo hizo un gesto como si la estuvieran azotando pero luego se recuperó. Le recriminó que debía ser amiga del loco asesino, del charlatán que manda matar gente. Ella movió la cabeza negando. Volvió a imputarle cargos, como su encuentro con un desconocido que llevaba dos pistolas. Shirley movió otra vez la cabeza y hasta quiso sonreír para disipar el atisbo de violencia. Respondió a las preguntas. El hombre no llevaba pistolas y lo había conocido ese mismo día. Te exaltaste, pensaste que era tu antecesor, se lo dijiste furioso y ella volvió a negar. Ya no era un sospechoso político, era el invasor del terreno que sólo a ti te pertenecía. Le dijiste que la llevarías a la Municipalidad, que llamarías a la autoridad militar, un cabo cuzqueño, para que la interrogara. La abrazaste rugiendo, temblando de rabia y pasión por ese cuerpo maravilloso. Hubo defensa con las manos, amenaza con las uñas, lucha por evitar ser despojada de la ropa. Te recataste y cogiéndola de una mano la obligaste a bajar del automóvil.

    La señora Roberta los llevó hasta la habitación que alquilaba a la rubia, entre reverencias al alcalde y frases incoherentes. Sobre la cama  se veía un plano de la región. El alcalde descubrió trazos con lápiz rojo.  Apoyada contra la pared había una funda de violín. La abrió sin dejar de asir la enrojecida muñeca de la mujer. Ningún violín La música mortífera que podía producir ese arma lo hizo temblar. La mirada rabiosa pareció una cachetada en la mejilla de la mujer.

   Cuando volvieron al carro ella estaba mustia y él la maldecía como a una bruja humillada. Con urgencia se dirigió a la Municipalidad. Abrió puertas como si quisiera destrozarlas, encendió luces. Amenazó, cogiendo el teléfono, llamar al Prefecto y pedir que vinieran a llevársela inmediatamente. La sospechosa estaba tensa pero no mostraba aire de arrepentimiento. Le dijiste finalmente lo que pretendías. Utilizaste un tono conciliador harto diferente al de momentos anteriores. Le susurraste como si hubiera gente prestando oído atento, que nadie se enteraría, la tendrías encerrada en casa de tu primo Adalberto que vivía en el camino a la capital del Departamento. No denunciarías el descubrimiento de todo lo que guardaba y de atrevidas intenciones. La mujer algo  recuperada  movió la cabeza de un lado a otro para rechazar el trato.

   La maldijo, la amenazó con la mano recia,  levantó la voz convertido en un energúmeno. Dí algo maldita. Ella se encogió, bajo la cabeza. Sus labios permanecían pegados uno al otro. La ira cedió paso a la desesperación. Cuando él empezó a arrancar ropas, a hacer saltar botones, a lanzar al suelo corpiños y demás prendas. Los zapatos volaron, uno cayó sobre el escritorio del alcalde y ahí quedó como testigo de rabias y deseos.

    A las cinco de la mañana, los dos desnudos en el sofá, cubiertos con dos gruesas frazadas de colorines, mostraban rostro extenuados. Los brazos de él la encadenaban más por temor a una fuga que por pasión. En ese momento supiste que tus planes de retenerla, convertirla en tu esclava princesa o en tu princesa esclavizada eran imposibles. Shirley había quedado dormida. Extenuada ofrecía aspecto cadavérico. Te levantaste del sofá muy resuelto. Tapabas tu desnudez con una de las frazadas para evitar el frío. Llegaste tanteando en la habitación en penumbras al teléfono. Levantaste el auricular con mano temblorosa, marcaste un número y hablaste a media voz pidiendo por el Prefecto u otra autoridad menor. Quién te contestó parecía haberse despegado con dificultad de un profundo sueño y te dijo que no había ninguna autoridad en ese momento.

   Al terminar encendiste el lamparín que había sobre el escritorio, retiraste el zapato granate de alto tacón, miraste tu reloj,  por lo menos te quedaban dos horas disponibles hasta que llegara el Prefecto a su despacho. Volviste junto a ella y te metiste bajo las frazadas. El alcalde no estaba dispuesto a desperdiciar ni un instante. Le dio unas suaves palmadas en las mejillas y unos ojos dormidos lo miraron como si fuera un fantasma. Vendrán, te llevarán ante el Prefecto, si no hablas te darán latigazos. Sólo yo te puedo salvar. La languidez de sus movimientos excitó al alcalde, que intentó un abrazo encadenador. Ella se puso  de pie corrió desnuda por la habitación mal iluminada. Calixto la dejó libre, le gustaba verla desnuda de pie. Shirley encontró su cartera en el suelo, la abrió con agilidad inesperada, retornó al sofá a paso rápido con sus pies descalzos. En el silencio de la madrugada sonaron feroces dos disparos.

   

   




   







   

 

    


viernes, 4 de julio de 2014

AGUAS OSCURAS DEL SUEÑO, POEMARIO DE JOE MONTESINOS ILLESCA



Aguas oscuras del sueño (AOS) es el segundo poemario de Joe Montesinos Illesca, posterior al Guardián de acantilados (2010). En esta ocasión, el autor nos traslada al Leteo de la poesía, ese oscuro mar que esperan cruzar los vates para salvar su voz o su palabra; pero no es el final del camino donde aguarda la salvación, sino el trayecto, la ruta, en los que la incertidumbre filosófica nos va entregando los detalles de esta gesta que es también, de alguna manera, la escritura de este libro y la expiación del logos griego o el verbum romano: “El lobo ha perdido el pelaje/el cielo es una calavera risueña/el mar se abre de nuevo y salva a los niños/cuántos dedos bajo la tierra se acarician/cuánta araña enrolla cabezas/cuánto bastón queda solo/cuanta calambre en el óleo que los cisnes/se han petrificado en la garganta/que esta voz anuncia” (pág. 17).
En AOS hay un itinerario por cumplir tras atravesar el-mar-que-es-el-sufrir y, luego de las penitencias y los naufragios, se arriba a tierra firme, pero en ella la estabilidad es un albur; por ello se presenta la imagen de la isla, un lugar de descanso en el derrotero de tormentas y una metáfora de la fragilidad y los abismos que aguardan a la vida o a los que andan en el limbo: “Enlazas el canto a la isla/y el pez te lanza las espinas/de niño perdiste los dientes y te culparon por brujo/tienes la edad del fuego/viajas de gota en gota/congelas chubascos/contemplas corazones agusanados” (pág. 28).
Luego vendrán los destierros voluntarios o involuntarios, donde los “paisajes nocturnos” son el clochard que paralogiza mientras se pregunta: “¿Qué hay en mi cuerpo cuando duerme y se asfixia en la tierra si mi mano es una rama que se enreda a los manglares y por qué al árbol nadie le da un sombrero?” o “el caracol que se retuerce en su espuma” y del cual brota una aseveración como un latigazo: “mi deseo de ser escritor es como un puercoespín”, o el fantástico “jinete de hipocampos”: “Pero acaso el río se ha dado la vuelta al final del camino y me ha dejado sin sombrero, sin piel, sin manzana, sin violín, sin memoria; pero aún tengo un mapa agujereado, una pecera de medusas, fantasmas danzando en los ojos, espuma de acuarela, una cítara, crustáceos compañeros, cabeza de gaviota y un jinete de hipocampos” (pág. 58).
Es meritorio este esfuerzo por retomar a la poesía mística, la que se alimenta de mitos y leyendas o concepciones del mundo cuando ya las teorías amenazan con extinguirse, la filosofía se convierte en especulación pura y la historia se devora a sí misma, quizás porque nadie se ha puesto de acuerdo en que el hombre es en tanto produce belleza y se cuestiona su raison d'etre, todo bajo la regencia de lo efímero, lo pasajero, la estela inevitable de la muerte y donde se escribe con la idea de estar palpando la vida, de estar sintiendo que se vive: “Ánimo cadáver/deja tu barba evaporarse en la niebla/suelta la manzana y ven a navegar a los ríos/cruza el monte y besa la tierra/cuídate de la tormenta y de la luna/silba y abre los ojos calavera/échate tiernamente en la hoguera/porque allí el mundo abrirá al fin su boca/y vomitará las angustias, los salmos,/dirás moribundo,/qué hermosa es la vida/y este árbol de cierzo/ya no respira/solo tiene zapatos viejos/cantimplora vacía/y la cara de un poeta” (pág. 23).
Finalmente, es necesario resaltar que las AOS son todas las elucubraciones oníricas de un espíritu errante que se metamorfosea en barquero (¿Aqueronte?), en pasajero, atrevido argonauta, o en testigo de sus propios pasos, cual desterrado al que se le entrega una ostra para que pueda sobrevivir en el desierto y ¿acaso el mar, en su majestuosa inmensidad, no es una forma de desierto? (“Ánimo cadáver/deja tu barba evaporarse en la niebla/suelta la manzana y ven a navegar a los ríos”); lar en el que el adalid lucha por no ahogarse, por mantener la respiración y la pulsión del verso, y por dejar en claro que el poeta se hace cargo de su destino, ya sea con conocimiento, ensueño o pensamiento, casi como un monólogo interior o palabras que se dicen para sí mismo, pero que, al decirlas, también encuentran eco y permanecen a flote, inmarcesibles, como una botella lanzada al mar.



jueves, 3 de julio de 2014

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