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lunes, 1 de diciembre de 2008

CÉSAR AIRA Y LA CULTURA "MALA Y VULGAR"



Al margen de su estilo provocador al responder las preguntas y al desarrollar sus novelas (“El Tilo”, “Parménides” “Las Curas milagrosas del doctor Aira”, etc.,) , al margen de su (in)modestia para con Cortázar a quien considera un escritor no muy necesario, al igual que García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Fuentes (al que ha, literalmente, clonado grotescamente en una de sus novelas), preocupa encontrar en este celebrado escritor argentino respuestas como ésta (la entrevista la hizo Diego Otero en “El Dominical” en torno a la reciente reedición de “Cómo me hice monja” por parte de Estruendomudo):

(…) Y sí: mi fuente principal de inspiración (y de temas y de procedimientos) es la cultura popular buena, que no creo que la haya, sino la mala, la vulgar, la de los pobres. Ahí encuentro la materia alquímica de la poesía.

Hace tiempo que no encontraba adjetivos para definir algún objeto “cultural”, mucho menos se me hubiera ocurrido señalar el estigma de la cultura “mala”, “vulgar”, etc., con asociaciones, nada prudentes o poco desafortunadas –por decir lo mínimo- con la pobreza (la pobreza crematística, se entiende). Otra vez debemos coger la sartén por el mango para señalar que una cosa es la “cultura de la pobreza” y, otra, muy diferente, “pobreza de la cultura” como lo señaló José Miguel Oviedo en su memorable antología poética “Estos 13”. Y no sólo se está hablando de prejuicios (al parecer Aira nada en un mar de negaciones y de frases construidas para aflojar la seriedad de los lectores y sus seguidores (que no necesariamente son excluyentes uno de otros); por ejemplo en la presentación del domingo en la feria del libro de Miraflores al ser preguntado si era homosexual dijo –en una salida que nos hizo recordar a los cómicos ambulantes- “y quien no es homosexual”, destapando la risa de los asistentes). Lo que nos hace pensar que más allá de los prejuicios le hace falta una visión política (o carece definitivamente de una ideología quizás por eso dice que “ya me he convencido de que no tengo ninguna verdad que transmitir”) que no logra entender que la cultura popular no es ni “buena” ni “mala”, y que si hay algún rasgo que quiera presentarse como descalificación, pues esta debería dirigirse al Estado burgués (cuyo soporte son las fuerzas armadas y no el pueblo a quien dice representar) quien, en los países tercermundistas (incluida la Argentina actual), no solo ha secuestrado la educación, las artes y la cultura sino que se ha preocupado por encauzarla por un despeñadero y estigmatizarla con las palabras que emplea Aira: "mala y vulgar".
Para los acuciosos les dejo una pregunta de Diego Otero y la respuesta bastante floja y diletante de César Aira, quien después de todo, es más escritor que polemista. Por cierto, la respuesta de Aira pone en duda la literatura experimental ¿¿??; curiosamente el presentador del domingo fue el novelista César Gutiérrez. Aquí el fragmento:
D.O: Sé que alguna vez se te ha objetado el no plantear ningún proyecto literario “serio”, es decir, no sostenido ni en la excentricidad ni en la ironía ni en el absurdo.

C.A: A lo largo de la modernidad los escritores hemos puesto tanta ironía, tanta distancia, hemos hecho tantos juegos y experimentos con el lenguaje y la representación, que se ha vuelto muy difícil escribir en serio sin caer en la solemnidad, en la obviedad, o en la tontería. ¿Quién puede hablar en serio hoy en día? Un cura, un policía, un político. La seriedad ha quedado presa en una alternativa de hierro: la hipocresía o el cinismo, De cualquier modo, no es un problema que me desvele.

Arriba: vídeo de César Aira, "La Máquina de Narrar"