--http://www.zonadenoticias.blogspot.com/-- me entero de este articulastro de la cacógrafa (luego pasaré a explicar por qué) radicada en Francia, Patricia de Souza, titulado “Los cambios de ideas” (en verdad me parece exagerado y, hasta cierto punto, iluso, esto de “cambios de ideas”). Y es que ahora todos quieren explicar –cada uno a su manera- cómo se va a mover el mapa político y, sobre todo –aunque nadie diga nada-, el “plan de gobierno” del señor Barack Obama. Así de Souza, vía su empleada doméstica a quien nuestra “noBelista” dice eufemísticamente “la persona que viene a limpiar” (cómo definirá a su pareja: “el que me besa por las noches; o al cajero de un banco: “el que cuenta billetes detrás de un mostrador”, etc. Se entiende que la noBelista busca esconder este término que, en cierta forma, contradice lo que apunta más adelante sobre los vasallos. Qué ridiculez. Bah). Lo cierto es que a la “doméstica”, de nombre Noemí, no le gusta Obama porque es negro y se deduce (al menos eso hace la autora) que ella es “tan racista como cualquier blanco” (de lo cual nosotros deducimos que la empleada no es blanca, sino mestiza, trigueña, amarilla, etc., ¿será peruana?).
Luego a través de unas citas sacadas del libro de Le Clézio sobre la conquista de México, El sueño Mexicano (FCE 2008), empieza a desarrollar ideas contrahechas, silogismos mal planteados o excrecencias reaccionarias sobre el vasallismo (lo correcto es vasallaje, lo del ismo no lo explica de Souza tampoco su mentor, al menos no en las citas que aparecen en el articulastro) al punto que llega a decir lo siguiente:
“pensaba en que los pueblos que se han fundado sobre el vasallismo ejercido por otros (más fuertes económicamente o mentalmente), han roto cierta armonía, la del intercambio, y esto genera relaciones violentas. El vasallo siempre tiene el corazón resentido, no porque sea genético, sino porque lo han herido, y siempre exigirá rescate, y a su turno, también humillará. El abuso nunca crea personas generosas y empáticas, sino desorientadas y desconfiadas, solo una educación espiritual sólida puede proteger del resentimiento, que es falta de reconocimiento, falta de rostro propio: la máscara que esconde el propio y asfixia”.
Ahora resulta que a las luchas sociales, a la lucha reivindicativa y a la lucha política le llaman “resentimiento” al modo de “los perfectos idiotas latinoamericanos” encabezados por Mario Vargas Llosa y secundados por esos tres tristes tigres desmuelados e imbéciles (los tres mosqueteros de la podredumbre) como Alvarito; el comodín, Plineo Apuleyo Mendoza; y el don nadie Carlos Alberto Montaner.
Pero vayamos punto por punto: la autora dice, en un ataque agudo de la enfermedad de Meniere, que “los pueblos que se han fundado sobre el vasallismo ejercido por otros han roto cierta armonía, la del intercambio, y esto genera relaciones violentas”. Al leer esto uno se da cuenta que la escritora no quiere reconocer (o no se da cuenta, lo que es peor) que toda esta problemática se reduce hipostáticamente a los pueblos invasores, al colonialismo o neocolonialismo quienes han destruido (no por razones estrictamente económicas o por pensar “mejor” sino por desarrollo de panoplias y de instrumentos bélicos; quizás lo de estrategias militares podríamos considerarlos, en última instancia, como una ventaja “mental”) la verdadera armonía de sociedades pacíficas o, por lo menos no interesadas en la guerra (al menos no en el sentido antropofágico occidental); y no es que el pueblo, crecido bajo el vasallaje, genere de por sí relaciones violentas. A quien diablos se le ha ocurrido establecer este silogismo de lo más estúpido. Por cierto, es penoso encontrar en el análisis de una escritora (con varias novelas en su haber) que confunde el abuso doméstico (eso de que el padre le pega al hijo o a la mujer) con el abuso histórico, de un pueblo que conquista a otro por odio, ambición y avaricia como si eso fuera la visión en macro de una disputa familiar. Por eso es inaceptable e intragable eso de que “El abuso nunca crea personas generosas y empáticas, sino desorientadas y desconfiadas”, de donde ha sacado esto, Patricia de Souza, de seguro de algún manual o cartilla de protección familiar de su propia empleada.
Pero eso no es todo, en un remate verdaderamente irónico y sacado de los pelos dice que una buena educación espiritual sólida “puede proteger del resentimiento que es falta de reconocimiento”. En otras palabras –y aunque a la autora le cueste decirlo por razones metafísicas- sólo la religión (mejor si es protestante o cristiana o protocristiana, acaso la Santa Inquisición hubiera tratado mejor a los “resentidos”) y la creencia no secular podrá redimir el resentimiento (supuestamente maquillado como falta de reconocimiento ¿¿??), que no es otra cosa que justicia social, lucha política y reivindicativa más que revanchismo o resentimiento escolástico freudiano.
Luego de esto viene una retahíla de ideas eslabonadas con citas de Le Clézio, escogiendo la paja del trigo (o la paja de la paja) encuentro que de Souza afirma lo siguiente:
“Para Le Clézio el sometimiento de los mayas, la derrota de Montezuma y la posterior de Cuathémoc, se debe a que los españoles emplearon un arma muy eficaz, redoutable (temible), la palabra. Ellos vinieron con un pensamiento ilustrado, fruto del Renacimiento y opusieron esa lectura del mundo a un pensamiento mágico, ritual, con dioses y diferentes conceptos del pasar del tiempo. Por ejemplo, la profecía maya prescribía una catástrofe que fue una de las razones por las cuales los mexicanos se sometieron, estaba escrito. La superstición y el miedo los gana”.
O sea según Le Clézio, que habla por la boca y por el puño de de Souza (alguien hace de ventrílocuo aquí ¿¿¿???), los mayas se sometieron gracias a la palabra (y conste que los bárbaros españoles no hablaban lengua nativa y eran analfabetos) o porque se dejaron llevar por las profecías a lo que suma la novelista que ellos llegaron “con un pensamiento ilustrado, fruto del Renacimiento”, ¿de dónde sale esto? Actualmente hay una corriente que está aclarando y revirtiendo este panorama lleno de sutilezas y “verdades” increíbles. Por ejemplo (aparte de los españoles bárbaros, sátrapas y delincuentes, muchos de ellos criadores de chanchos como Colón y Pizarro) se sabe que lo que llegó aquí no fue exactamente “fruto del Renacimiento”, mucho menos productos de un “pensamiento ilustrado”, ni siquiera el Barroquismo llegó en su dimensión a lo sumo una muestra imperceptible del manierismo, y, eso sí, harta decadencia cultural como lo explica bien Virgilio Roel en varios tratados que de seguro no ha leído Patricia de Souza. (Y sería un horror si le nombro a Victoria de Jara quien en estudios científicos ha establecido un tipo de escritura o protoescritura Inca más allá de los quipus y de los pallares).
Luego a través de unas citas sacadas del libro de Le Clézio sobre la conquista de México, El sueño Mexicano (FCE 2008), empieza a desarrollar ideas contrahechas, silogismos mal planteados o excrecencias reaccionarias sobre el vasallismo (lo correcto es vasallaje, lo del ismo no lo explica de Souza tampoco su mentor, al menos no en las citas que aparecen en el articulastro) al punto que llega a decir lo siguiente:
“pensaba en que los pueblos que se han fundado sobre el vasallismo ejercido por otros (más fuertes económicamente o mentalmente), han roto cierta armonía, la del intercambio, y esto genera relaciones violentas. El vasallo siempre tiene el corazón resentido, no porque sea genético, sino porque lo han herido, y siempre exigirá rescate, y a su turno, también humillará. El abuso nunca crea personas generosas y empáticas, sino desorientadas y desconfiadas, solo una educación espiritual sólida puede proteger del resentimiento, que es falta de reconocimiento, falta de rostro propio: la máscara que esconde el propio y asfixia”.
Ahora resulta que a las luchas sociales, a la lucha reivindicativa y a la lucha política le llaman “resentimiento” al modo de “los perfectos idiotas latinoamericanos” encabezados por Mario Vargas Llosa y secundados por esos tres tristes tigres desmuelados e imbéciles (los tres mosqueteros de la podredumbre) como Alvarito; el comodín, Plineo Apuleyo Mendoza; y el don nadie Carlos Alberto Montaner.
Pero vayamos punto por punto: la autora dice, en un ataque agudo de la enfermedad de Meniere, que “los pueblos que se han fundado sobre el vasallismo ejercido por otros han roto cierta armonía, la del intercambio, y esto genera relaciones violentas”. Al leer esto uno se da cuenta que la escritora no quiere reconocer (o no se da cuenta, lo que es peor) que toda esta problemática se reduce hipostáticamente a los pueblos invasores, al colonialismo o neocolonialismo quienes han destruido (no por razones estrictamente económicas o por pensar “mejor” sino por desarrollo de panoplias y de instrumentos bélicos; quizás lo de estrategias militares podríamos considerarlos, en última instancia, como una ventaja “mental”) la verdadera armonía de sociedades pacíficas o, por lo menos no interesadas en la guerra (al menos no en el sentido antropofágico occidental); y no es que el pueblo, crecido bajo el vasallaje, genere de por sí relaciones violentas. A quien diablos se le ha ocurrido establecer este silogismo de lo más estúpido. Por cierto, es penoso encontrar en el análisis de una escritora (con varias novelas en su haber) que confunde el abuso doméstico (eso de que el padre le pega al hijo o a la mujer) con el abuso histórico, de un pueblo que conquista a otro por odio, ambición y avaricia como si eso fuera la visión en macro de una disputa familiar. Por eso es inaceptable e intragable eso de que “El abuso nunca crea personas generosas y empáticas, sino desorientadas y desconfiadas”, de donde ha sacado esto, Patricia de Souza, de seguro de algún manual o cartilla de protección familiar de su propia empleada.
Pero eso no es todo, en un remate verdaderamente irónico y sacado de los pelos dice que una buena educación espiritual sólida “puede proteger del resentimiento que es falta de reconocimiento”. En otras palabras –y aunque a la autora le cueste decirlo por razones metafísicas- sólo la religión (mejor si es protestante o cristiana o protocristiana, acaso la Santa Inquisición hubiera tratado mejor a los “resentidos”) y la creencia no secular podrá redimir el resentimiento (supuestamente maquillado como falta de reconocimiento ¿¿??), que no es otra cosa que justicia social, lucha política y reivindicativa más que revanchismo o resentimiento escolástico freudiano.
Luego de esto viene una retahíla de ideas eslabonadas con citas de Le Clézio, escogiendo la paja del trigo (o la paja de la paja) encuentro que de Souza afirma lo siguiente:
“Para Le Clézio el sometimiento de los mayas, la derrota de Montezuma y la posterior de Cuathémoc, se debe a que los españoles emplearon un arma muy eficaz, redoutable (temible), la palabra. Ellos vinieron con un pensamiento ilustrado, fruto del Renacimiento y opusieron esa lectura del mundo a un pensamiento mágico, ritual, con dioses y diferentes conceptos del pasar del tiempo. Por ejemplo, la profecía maya prescribía una catástrofe que fue una de las razones por las cuales los mexicanos se sometieron, estaba escrito. La superstición y el miedo los gana”.
O sea según Le Clézio, que habla por la boca y por el puño de de Souza (alguien hace de ventrílocuo aquí ¿¿¿???), los mayas se sometieron gracias a la palabra (y conste que los bárbaros españoles no hablaban lengua nativa y eran analfabetos) o porque se dejaron llevar por las profecías a lo que suma la novelista que ellos llegaron “con un pensamiento ilustrado, fruto del Renacimiento”, ¿de dónde sale esto? Actualmente hay una corriente que está aclarando y revirtiendo este panorama lleno de sutilezas y “verdades” increíbles. Por ejemplo (aparte de los españoles bárbaros, sátrapas y delincuentes, muchos de ellos criadores de chanchos como Colón y Pizarro) se sabe que lo que llegó aquí no fue exactamente “fruto del Renacimiento”, mucho menos productos de un “pensamiento ilustrado”, ni siquiera el Barroquismo llegó en su dimensión a lo sumo una muestra imperceptible del manierismo, y, eso sí, harta decadencia cultural como lo explica bien Virgilio Roel en varios tratados que de seguro no ha leído Patricia de Souza. (Y sería un horror si le nombro a Victoria de Jara quien en estudios científicos ha establecido un tipo de escritura o protoescritura Inca más allá de los quipus y de los pallares).
En otro punto bastante desatinado donde las ideas vuelan y se enlazan sin ton ni son en un malabarismo intelectual y acrobacias retóricas que dan vergüenza ajena, de Souza, trata de unir la realidad peruana y la reivindicación del cholo (ajeno por cierto, y por voluntad propia o por omisión a los debates sobre la condición negra americana) con la elección de Obama-negro como presidente. Leamos:
“Eso, "del complejo de inferioridad o neurosis de derrota", en el Perú, me parece tangible. El vocativo Cholo, es clave, es identificar al que se designa con el derrotado, el vasallo, el esclavo. En cada sociedad existe una palabra que evoca un perderdor, un excluido (un chivo expiatorio, listo a ser sacrificado para satisfacer también esa necesidad de rescate de la que hablaba). Pues bien, esos valores tienen que ser invertidos, es decir, el que siempre fue considerado como excluido, que sea el líder, el que posee el derecho a la palabra y entrega su propia visión de las cosas. Es en eso que la elección de Obama es clave. En que cumple una fúnción simbólica. La de hacer que muchas personas se vean reflejadas, resctadas y reconocidas en él”
Toda esta monserga de ideas y mamarracho de conceptos encuentran su ataraxia en la frase: “Es en eso que la elección de Obama es clave. En que cumple una fúnción simbólica. La de hacer que muchas personas se vean reflejadas, resctadas y reconocidas en él”.
Mi pregunta revolotea (y no quiere posarse en la medianía) en el concepto de que los únicos que se van a ver reflejados, rescatados y reconocidos en Obama son todos aquellos que no tienen acceso a la cultura, los ignorantes, las amas de casa para quienes les da igual los behemotos repúblicanos o las acémilas demócratas, los humildes trabajadores americanos que no pueden diferenciar entre lo que es democracia y dictadura u opresión por más que puedan realizar sus aparentes sueños americanos de comprar lo que se le dé la regalada gana o comprar una casa y tener, el inalcanzable, seguro médico. Ellos son los que se van, y se están sintiendo, realizados y reconocidos en Obama-negro como si este señor verdaderamente los representara o fuera la reencarnación de Selassie Hay (o Changó), el dios negro de lo rastas jamaiquinos que prometió la repatriación de toda la gente “de color” al África. Lástima por ellos (por los que creen en tonterías) y por la novelista porque lo que importa no es el color de Obama, sino como lo vengo diciendo desde varios post atrás, el “plan de gobierno” siniestro cuyas garras pronto se habrán de sentir en la economía norteamericana, eso sin contar la inminente participación de Israel en la escena guerrerista y sus disputas con Irán y su novísima potencia nuclear. Obama como dije no tiene experiencia y esos dos años como senador de Illinois son insuficientes. No tardaremos muchos en darnos cuenta de todo esto.
“Eso, "del complejo de inferioridad o neurosis de derrota", en el Perú, me parece tangible. El vocativo Cholo, es clave, es identificar al que se designa con el derrotado, el vasallo, el esclavo. En cada sociedad existe una palabra que evoca un perderdor, un excluido (un chivo expiatorio, listo a ser sacrificado para satisfacer también esa necesidad de rescate de la que hablaba). Pues bien, esos valores tienen que ser invertidos, es decir, el que siempre fue considerado como excluido, que sea el líder, el que posee el derecho a la palabra y entrega su propia visión de las cosas. Es en eso que la elección de Obama es clave. En que cumple una fúnción simbólica. La de hacer que muchas personas se vean reflejadas, resctadas y reconocidas en él”
Toda esta monserga de ideas y mamarracho de conceptos encuentran su ataraxia en la frase: “Es en eso que la elección de Obama es clave. En que cumple una fúnción simbólica. La de hacer que muchas personas se vean reflejadas, resctadas y reconocidas en él”.
Mi pregunta revolotea (y no quiere posarse en la medianía) en el concepto de que los únicos que se van a ver reflejados, rescatados y reconocidos en Obama son todos aquellos que no tienen acceso a la cultura, los ignorantes, las amas de casa para quienes les da igual los behemotos repúblicanos o las acémilas demócratas, los humildes trabajadores americanos que no pueden diferenciar entre lo que es democracia y dictadura u opresión por más que puedan realizar sus aparentes sueños americanos de comprar lo que se le dé la regalada gana o comprar una casa y tener, el inalcanzable, seguro médico. Ellos son los que se van, y se están sintiendo, realizados y reconocidos en Obama-negro como si este señor verdaderamente los representara o fuera la reencarnación de Selassie Hay (o Changó), el dios negro de lo rastas jamaiquinos que prometió la repatriación de toda la gente “de color” al África. Lástima por ellos (por los que creen en tonterías) y por la novelista porque lo que importa no es el color de Obama, sino como lo vengo diciendo desde varios post atrás, el “plan de gobierno” siniestro cuyas garras pronto se habrán de sentir en la economía norteamericana, eso sin contar la inminente participación de Israel en la escena guerrerista y sus disputas con Irán y su novísima potencia nuclear. Obama como dije no tiene experiencia y esos dos años como senador de Illinois son insuficientes. No tardaremos muchos en darnos cuenta de todo esto.
Bueno, antes de finalizar quisiera hacer constar una sarta de errores de la cacógrafa, algunos, claro está, podrían ser por razones de un mal tipeo, pero otros simplemente son falencias graves en alguien que, de seguro, tiene un corrector de estilo a sueldo fijo y a quien debe de exigir más de la cuenta. Los múltiples errores recogidos a ojos de buen cubero son: estads por estados, ineligente por inteligente, desiquilibrio por desequilibrio, decimaron por diezmaron, mercearios por mercenarios, refinamieto por refinamiento, perderdor por perdedor, fúnción por función, resctada por rescatadas, etc.
Por último, siempre la verdad y la razón tienen que estar acompañados de datos y de preferencia alejarnos de lo especulativo, más aún, si no se tienen herramientas apropiadas o una lectura amplia y batipelágica que nos permita evitar caer en lugares comunes y en fatales errores.
Por último, siempre la verdad y la razón tienen que estar acompañados de datos y de preferencia alejarnos de lo especulativo, más aún, si no se tienen herramientas apropiadas o una lectura amplia y batipelágica que nos permita evitar caer en lugares comunes y en fatales errores.
Quisiera anotar que este blog es democrático (aunque ganapanes y reaccionarios de pacotilla quieran hacer constar lo contrario) y acepta derecho a réplica.


