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sábado, 29 de noviembre de 2008

ENTREVISTA DE 1997 A ENRIQUE VERÁSTEGUI



En 1997 junto a un grupo de comunicadores encabezados por Raúl Durand, Eduardo Pucho Verdura, Martín Roldán (“Generación Cochebomba”), Omar Robles, etc., llevamos a cabo un proyecto televisivo literario-cultural en Canal 27 UHF al que, poco tiempo después, tuve el honor de dirigir. Por esa época no recuerdo ningún programa que se dedicara a la literatura (recordemos que el programa de Iván Thays vendría mucho tiempo después) y, si bien es cierto, había un par de programas culturales por ahí, ellos tenían ciertas restricciones (auspiciadores, políticas anticulturales de los canales, ignorancia supina con respecto a la cultura o la realidad cultural en nuestro país, etc.,) y, como siempre, trataban de fortalecer la mácula cancerosa que representa la cultura oficial, sus tinterillos y ganapanes mediocres que atiborran los periódicos, las revistas y los seudoprogramas con seudaintenciones educativas (a esto habría que agregar que muchos blogs, en la actualidad, siguen con el continuismo de la oficialidad, de esto me ocuparé en otro post). Durante los más de 50 programas que se emitieron en canal 27 UHF se pudo entrevistar a Domingo de Ramos, José Pancorbo, Enrique Verástegui, a un joven –y con acné- Santiago Roncagliolo, Carlos García Miranda, Antonio Cisneros, Willy Gómez, Manuel Rilo, etc. Como dato anecdótico aparece, en uno de los reportajes, un jovencísimo Iván Thays quien por esas épocas había tenido un “ataque literario” del creador de “Contraeltráfico”. Al parecer, desde aquellas épocas a la actualidad nada ha cambiado, tan solo se han acentuado ciertos amaneramientos de los clásicos plumíferos, mientras tanto la vanguardia creativa casi ha pasado al anonimato o a la clandestinidad.

El día viernes, después de tanto tiempo, me volví a ver con Enrique Verástegui en la Universidad San Marcos. Le prometí que rescataría el vídeo que hace mucho tiempo estaba perdido –quizás por europa donde un colaborador lo llevó pensando hacer su vida lejos de estas tierras del señor- . El material, luego de tantas búsquedas, fue rescatado (primero de los extravíos, luego de las conversiones de 3/4 a DVD; dejo las gracias expresas al, ahora, dramaturgo y gran amigo Raúl Durand). Aquí les dejo un extracto de la larga entrevista (o conversa) que le hice a Enrique Verástegui durante el invierno de 1997. Si más no recuerdo se realizó en la feria del Libro de Lima a la que también acudió –en ese tiempo, el aclamado- Alberto Fuguet, escritor al que dedicaré otro post. Están servidos.

jueves, 25 de septiembre de 2008

CÉSAR GUTIÉRREZ, IVÁN THAYS Y OTRAS CRESTOMATÍAS (...Y NUEVO VÍDEO)



Hace unas semanas posteé una parte de la entrevista en vídeo que le hice a César Gutiérrez, afamado novelista autor de “Bombardero” (libro cuya vanguardia, últimamente, está siendo cuestionada por capitostes de la literatura); como anuncié en ese post, ese era un adelanto; si bien es cierto, hasta ahora no he podido culminar con la edición de las casi 2 horas de conversa vigorosa con tomas y dacas, citas en ollas a presión y remitencias a ficheros bibliográficos (y es que no se puede dudar que César Gutiérrez es un lector enterado, un creador, no sé si de los que llaman “omnipotentes” (debiera decir omniscientes, pero leyendo el libro uno se da cuenta que hay cierto poder cuestionado y cuestionador), pero sí muy dado al riesgo; este es, también, por cierto, un adelanto de mi opinión con respecto a “Bombardero”, en el que después de una lectura que cubre casi el 90 por ciento del libro, he detectado varios errores que fácilmente podrían entenderse o licenciarse debido a la dimensión, la arquitectura y el despliegue, por demás, pantagruélico y hasta cierto punto bizarro –en el sentido de extraño- que lo hermana con otros libros escritos en español como por ejemplo “Abrapalabra” de José Brito.
No tenía intención de colgar este, otro, pequeño adelanto, pero ya que varios bloggers de las canteras del periodismo tradicional y de los meconios de Randolph Hearst, haciendo uso de sus suspicacias y perspicacias me tildan como “poco serio” o “no serio” por reír, irónicamente de la seriedad -valga la redundancia catecúmena- académica y de los escritorzuelos que fruncen el ceño para darse gajes de importancia que no la tienen ni cuando van al retrete a mirarse en la mierda que los reproduce en calco y copia. Mi pregunta es ¿qué entienden ellos por seriedad?, debo deducir que la seriedad es un oxímoron de la carcajada, o de repente una forma poco feliz de hacerle creer a otros que un rostro de palo o adusto es sinónimo de respeto o de “autoridad noticiosa”, no importa que esto solo sea una careta de teatro stanislavski (ni siquiera grotowskiano o a lo Judith Malina y sería demasiado si mencionara aquí al “teatro gore mecano industrial”, estos señores se arrancarían de los pelos y como tentetiesos rebotarían la cabeza en la pared si supieran de lo que estoy hablando). Me tienen sin cuidado los vocifereos de estos primates que han aprendido a articular algunas palabras cuando en realidad se comunican con chillidos, gritos y lenguaje gutural, por eso estos “señores” confunden la ironía, el sarcasmo con la risa suelta y vacua, confunden a Henry Bergson (“La Risa”) con Mickey Mouse, creen ver a un orador en un papagayo o a un intelectual en un pingüino (y conste que hay pingüinos serios. No estoy pensando en el opositor del hombre murciélago).
A esos energúmenos que están esperando que yo desatine en alguna letra o que escriba “huazón” en vez de guasón, como si yo no supiera nada de la guasa guasa (haber repitan después de mí: gu-a-sa, gu-a-sa; ah no entienden: repeat after me:…) a los que me acusan de no tener títulos académicos bajo el sobaco o colgados en la sala de mi casa y que no saben cual es la diferencia exacta entre “docto” y “doctor”. Claro que he pasado por varias universidades y estudiado diversas carreras profesionales, lo suficiente para darme cuenta que no había títulos académicos que pudieran respaldarme como escritor, narrador, ensayista o poeta. Esas búsquedas de cartoncillos o títulos nobiliarios (sin desmerecerlos) lo dejo para otras personas, esos individuos que deben escalar en el competitivo mundo académico, igual me tienen sin cuidado. Mi búsqueda no está en ser profesor en USA con un sueldo de 60 mil dólares al año. No señores, afortunadamente no vivo , ni trafico con la cultura o la literatura. No cobro por reseñas o comentarios. No cobro un sol por mantener este blog (ni lo uso como curriculum para acceder a algún puesto) y como aprecian no me interesa tener algún tipo ingreso económico por lo que hago y que podría coactar –en algún momento- mi pensamiento. Descreo totalmente de la publicidad y me horroriza la propaganda y los discursos politiqueros. Soy demasiado idealista –al menos en el sentido de Jacobson-, tanto que valoro a la literatura por la literatura misma.
Así que quienes me acusan de no tener una "seriedad" (ramplona e impostada) pueden estar tranquilos, no me interesa para nada ser “serio” (así con comillas), al menos no de esa forma. Bueno ya me cansé: al diablo con estos criterios de papel crepé, al diablo con estas caretas de cómicos ambulantes. Al diablo con estos imitadores de “máscaras de hierro” que sólo sirven para fingir con actos de minué y pasos de walsen (no, no se preocupan, no me estoy poniendo exquisito, pueden interpretarlo como “vals”) sobre una aparente seriedad que, como norma, dictan los periodicuchos y los programates de televisión donde es posible poner a una calabaza seria de mirada lasciva (y fijación en la bragueta del gerente) dirigiendo a un programa político, o a un mequetrefe, muy señorón y con pelo de puercoespín haciendo de “muy dolido” orangután y cuestionador infatigable del “desorden” y de las “salvajes huelgas” organizadas por sectores “bestializados” y “lúmpenes” de la oposición.
La seriedad solo es posible cuando hay conocimiento de causa, cuando hay un ropaje de lecturas que te permite estar radialmente encima del hecho para analizarlo objetivamente antes de verter una opinión. No está demás anotar que la seriedad es una de las características de la ética (en “deontología periodística” la seriedad es sinónimo de sensatez, de juicio y hasta cierto punto de prudencia).
Sirva también esta nota para aclarar casi por arborescencia el “punto flaco” que los “señores serios” y críticos con toga y birrete armados con motosierra (algunos con el síndrome de Menier) toman como referencia para ubicarme abajo del ranking de la seriedad (¿o quizás será por el cromatismo amarillo de este blog?), me estoy refiriendo al vídeo en el que salgo “pidiéndole” casi “genuflexamente” un “autógrafo” a Vargas Llosa, esa lectura prosaica propia de mentes delirantes y con bajísima capacidad para procesar datos no pueden entender porque Ybarra “el brazo armado de la poesía” (donde está la imaginación y el lenguaje simulado o tropo: sinécdoque, metonimia, metáfora; señores ) puede admirar a Vargas Llosa, si prácticamente "significa" todo lo contrario a mis búsquedas y precisiones literarias. Claro, por supuesto, que estas mentes no podrían entender por qué también admiro a Ezra Pound (delirante fascista y antijudío y, a la vez, poeta mayor), o porque me gusta Stravinsqui (gran músico, pero un perfecto imbécil a la hora de declarar a la prensa), o por qué admiro a ciertos escritores estanilistas, o porque puedo admirar, por ejemplo, al científico James Watson, premio Nobel de Medicina o Fisiología 1962, quien después de 30 años de estudios dijo que los negros eran inferiores a los blancos. Por último, mi acercamiento a Vargas Llosa fue por una cuestión de apertura hacia un ensayo que estoy terminando (si agudizan el audio del vídeo tranquilamente se podrían dar cuenta). Pero no, los imbéciles carentes de criterios y balbuceantes griteros de batipelágico C. I. que se escudan detrás de los anónimos, o los que repiten como loros de hombro lo que otros excretan diarreicamente casi por inercia o por crisis nerviosa. Al diablo con todos ellos, como dije una vez: me interesa la búsqueda de la verdad, no importa qué puertas toque o qué tipos de personas halle en el camino. Si tengo que quedarme solo en este mundo de cucarachas, pues bienvenida sea la soledad, ya me encargaré de usar DDT o usar un zapato para lo que amenaza con convertirse en plaga.
Finalmente, esto no es una crestomatía de mis “berrinches” como dicen por ahí. Simplemente quería dejar en claro algunos puntos.
Mientras tanto les dejo unas breves declaraciones de César Gutiérrez, buen novelista y mejor conversador a cuya fama de escritor controversial le acompaña su fama de escritor polémico. Les dejo con esta pequeña grajea.

PD: como ven no dije nada de Thays, el vídeo lo dice todo.