
Los que creyeron que la guerra fría había terminado con la caída de la ex Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, se equivocaron rotundamente. Primero, apuntemos que, después de 1989 y apuntalado el imperialismo norteamericano, el espionaje se hizo más sutil y el término acuñado por el consejero presidencial Bernard Baruch (que se masificó en el libro de Walter Lippmann titulado “Guerra Fría”), siguió ganando cuerpo a espaldas de los medios de comunicación liderados en esta época por la internet. Recordemos, también, que después del 11-S, ante el terrorismo islámico y los ogros árabes que querían destruir las democracias, se firmó un nuevo tratado de desarme entre EU y Rusia el cual regiría desde mayo del 2002 hasta el 31 de diciembre del 2012 y que establecía (o establece) la reducción de ojivas nucleares. El título (un poco pomposo) de este acuerdo fue “Tratado entre la Federación Rusa y los Estados Unidos de América sobre Reducción de Potenciales Estratégicos Ofensivos”. Debemos de entender que como “Potenciales Estratégicos Ofensivos” se observaban (se observan) los sistemas de espionaje, espías y la resolución de casos productos de este “delito”, extrasístole de los programas desarrollistas, de la competencia desleal y los deseos superlativos de liderar la acumulación del poder en el mundo.
Sin embargo, después de este escándalo, en la que se ha visto inmiscuida la compatriota Vicky Peláez, otrora reportera con ciertas simpatías por los grupos radicales (defendida por personajes de la izquierda tradicional peruana; todavía recordamos el sonado secuestro por integrantes del MRTA que pedían canjear a la periodista para emitir unas proclamas subversivas en canal 2) nos enteramos que hay un “pacto secreto” antiespías entre Estados Unidos y Rusia, el cual salió a relucir en el último juicio a los 11 supuestos “agentes rusos” según el juez que resolvió de forma y en una inmediatez sorprendente.
No obstante, lo que no se dice, o se dice poco, es que el juez no los expulsa necesariamente por “espías” o por el eufemístico "agentes extranjeros no declarados ante el gobierno americano", sino por “lavado de dinero” ("blanqueo de capitales"), y se da como tácito el caso de espionaje en vista del “tratado” (aún cuando exista una confesión que debería refrendarse mostrando los crímenes o delitos de lo cual no se ha mostrado nada, simplemente un recojo de dinero y un papel escrito con limón como hacen los boys scouts, hechos que sorprenden a los especialistas, a la prensa y a la opinión pública). Pero de qué tratado están hablando, cuál son las cláusulas por las cuales estos “espías” están siendo canjeados por cuatro “espías norteamericanos” convictos y confesos, espías de “profesión”, valga la expresión, pero que en realidad son rusos! A saber por sus nombres. Ellos son Serguei Skripal, un ex coronel de los servicios de inteligencia militar condenado a 13 años de prisión por cooperar con los servicios británicos; Igor Sutiagin, condenado a 15 años de cárcel por espiar para Estados Unidos y que, además, es experto en armas estratégicas; y Alejandro Zaporojski, ex agente del SVR o servicios secretos rusos, que cumplía una pena de 18 años por haber vendido información a la CIA. El cuarto, Guenadi Vasilenko, ex KGB, fue condenado en el 2006 a 3 años de prisión, pero no se le logró confirmar su vinculaciones con el espionaje.
Todo este circo mediático que nos ha hecho recordar las películas sobre espionaje, o, mejor, las actuaciones del “Super Agente 86”, ha llegado a su fin hace unas horas cuando en un montaje histórico (lo que nos hace pensar en el carácter cíclico de la historia) a los acusados, incluso, se les pregunta por sus verdaderos nombres, y se asume todo lo que dicen como "verdad" (¿quienes son los incautos? los jueces o el "público" que cree que para corroborar la verdad solo basta con decirla). La transacción se ha efectuado en Viena, “capital de los espías” desde el siglo XIX bajo el Imperio Austro Húngaro y después de la Primera Guerra Mundial y sede de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (hasta la OPEP tiene una oficina ahí). Así informa, hace unas horas, la agencia AFP :
VIENA — Estados Unidos entregó este viernes a Rusia, en el aeropuerto de Viena, sus diez agentes detenidos en junio contra cuatro rusos, de los que tres estaban condenados por espiar para los Occidentales, en un canje de espías sin precedentes desde el final de la Guerra Fría.
En un desenlace digno de la Guerra Fría, el intercambio se llevó a cabo en la pista del aeropuerto de Viena.
El avión que transportaba a los nueve rusos y una peruana expulsados de Estados Unidos por la noche aterrizó el viernes en el aeropuerto moscovita de Domodedovo, afirmó a la AFP una portavoz aeroportuaria.
Según la prensa británica, el avión con cuatro agentes liberados por Moscú aterrizó en la base Brize Norton de la Royal Air Force, en Oxfordshire (sur de Inglaterra).
El ministerio de Relaciones Exteriores británico no hizo comentarios y el de Defensa se limitó a decir que "los aviones civiles utilizan bases militares en el marco de acuerdos existentes desde hace tiempo con el ministerio".
"Estados Unidos ha transferido exitosamente diez rusos a la Federación de Rusia y la Federación de Rusia ha liberado a cuatro personas que estaban encarceladas en Rusia", señaló el departamento de Justicia en un comunicado.
Según diversos testigos en el aeropuerto de Viena, los agentes secretos pasaron de un aparato a otro a bordo de un pequeño autobús de color negro con cristales ahumados.
La escenificación no dejó nada al azar; incluso la forma en que se colocó el avión procedente de Nueva York impedía a los fotógrafos y a los camarógrafos vislumbrar la puerta del aparato.
El jueves, los diez agentes detenidos a finales de junio en territorio estadounidense se declararon culpables ante el tribunal federal de Nueva York y la jueza Kimba Wood anunció su "expulsión inmediata" de Estados Unidos. "Aceptan no intentar regresar nunca más", añadió.
Entre ellos figura la peruana Vicky Peláez quien, según su abogado, desconocía hasta el nombre de su marido, un agente, el ruso Mijaíl Vasenkov, que se hacía pasar por "peruano nacido en Uruguay" bajo el nombre falso de "Juan Lázaro".
Peláez, de 55 años, era periodista del diario hispano La Prensa de Nueva York y tiene dos hijos, que permanecerán en Estados Unidos.
Entre los deportados también está Anna Chapman, cuyas fotografías íntimas y pormenores de su vida sexual fascinaron tanto a la prensa.
El presidente ruso Dimitri Medvedev firmó el jueves por la noche el indulto para los cuatro rusos”.
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Muerto el perro, muerta la rabia; y canjeados los agentes y “acabado” el problema de espionaje quedan algunas preguntas en el aire: ¿Por qué Estados Unidos, que sabía hace muchos años del caso de estos “espías”, recién esperara este momento para ponerlos en evidencia? ¿De qué se trata, en qué consiste ese pacto antiespía entre EU y Rusia? ¿Cuáles son las cláusulas por las que un espía se declara culpable de un delito como “lavado de dinero”, aceptando con ello, el hecho tácito de espionaje? (¿alguien, algún abogado o experto en derecho o política internacional, podría explicar la relación entre uno y otro?). Si Vicky Peláez sabía la situación de su esposo, entonces por qué no sabía (como dicen los medios) el verdadero nombre de su esposo, Juan Lázaro (que según Caretas trabajó de fotógrafo de prensa en el segundo gobierno de Belaunde Terry y que ahora responde al nombre de Mikhail Vasenkov). ¿Cuáles son los detalles de este intercambio que se han ocultado con el fin de mantener las relaciones entre dos países que aparentemente son cordiales y sin problemas?
Para los ilusos, la “confesión” de los espías es suficiente, pero no nos queremos quedar en ese escalón de análisis (las investigaciones no sólo deberían –y de hecho no lo hacen—basarse sólo en la manifestación del “criminal”) ¿por qué en este caso se resuelve de forma enigmática y/o bizarra: la expulsión inmediata, la casa y los 2 mil dólares mensuales que ofrece Rusia a Vicky Pelaéz a cambio de su "confesión", el intercambio de agentes no consignados con espías de carrera, etc., etc.), ojalá, si se da el caso, una entrevista directa con algunos actores de este escándalo nos pudiera dar más luces; quizás la extroversión antiimperialista de Vicky Peláez (de la que se burlan algunos turiferarios y felipillos pusilánimes) nos pueda dar más detalles de estos hechos, por lo menos ahora en que se rumorea su llegada a Lima y que ya está casi claro que para la justicia norteamericana la solución de este problema era en bloque (todos o nada).
Muerto el perro, muerta la rabia; y canjeados los agentes y “acabado” el problema de espionaje quedan algunas preguntas en el aire: ¿Por qué Estados Unidos, que sabía hace muchos años del caso de estos “espías”, recién esperara este momento para ponerlos en evidencia? ¿De qué se trata, en qué consiste ese pacto antiespía entre EU y Rusia? ¿Cuáles son las cláusulas por las que un espía se declara culpable de un delito como “lavado de dinero”, aceptando con ello, el hecho tácito de espionaje? (¿alguien, algún abogado o experto en derecho o política internacional, podría explicar la relación entre uno y otro?). Si Vicky Peláez sabía la situación de su esposo, entonces por qué no sabía (como dicen los medios) el verdadero nombre de su esposo, Juan Lázaro (que según Caretas trabajó de fotógrafo de prensa en el segundo gobierno de Belaunde Terry y que ahora responde al nombre de Mikhail Vasenkov). ¿Cuáles son los detalles de este intercambio que se han ocultado con el fin de mantener las relaciones entre dos países que aparentemente son cordiales y sin problemas?
Para los ilusos, la “confesión” de los espías es suficiente, pero no nos queremos quedar en ese escalón de análisis (las investigaciones no sólo deberían –y de hecho no lo hacen—basarse sólo en la manifestación del “criminal”) ¿por qué en este caso se resuelve de forma enigmática y/o bizarra: la expulsión inmediata, la casa y los 2 mil dólares mensuales que ofrece Rusia a Vicky Pelaéz a cambio de su "confesión", el intercambio de agentes no consignados con espías de carrera, etc., etc.), ojalá, si se da el caso, una entrevista directa con algunos actores de este escándalo nos pudiera dar más luces; quizás la extroversión antiimperialista de Vicky Peláez (de la que se burlan algunos turiferarios y felipillos pusilánimes) nos pueda dar más detalles de estos hechos, por lo menos ahora en que se rumorea su llegada a Lima y que ya está casi claro que para la justicia norteamericana la solución de este problema era en bloque (todos o nada).
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