Es curioso y contraproducente que
los medios de comunicación, los empresarios, los broadcasters, el presidente o los ministros busquen culpables de
los feminicidios, en nuestro país, mirando al costado. Si es claro que quienes
promueven la pornografía (en horarios de protección al menor), quienes nos
ametrallan con mujeres desnudas o semidesnudas y con sangre en hectolitros,
violencia exacerbada, crímenes y miseria humana, son ellos mismos. Destazan el
cerebro de millones de compatriotas con concursos cojudos como Esto Es Guerra o
Combate donde sus participantes son obligados a ofertarse como carne en los
mercados. Envilecen a millones de personas con series o telenovelas estúpidas
donde una cenicienta se casará con el patrón o donde las mujeres bellas (y con cuerpo
fitness) alcanzarán la gloria
matrimoniándose con el galán de moda y tendrán todos los hijos que sus vientres
(o los flashes) puedan alumbrar.
Esta realidad de desagüe se ve
reforzada con la educación a bajo precio institucionalizada con los colegios
que se caen a pedazos (veinte mil centros educativos cochambrosos esperan ser
demolidos) o las universidades con nivel de burdéganos o establos que se han
convertido en burdos y descarados negocios (aparte de prestarse para los
lavados de activos) donde los alumnos son vistos como personal cautivo, presas
o clientes que vomitarán pagos y más pagos por cinco o más años. Y porque,
además, la educación no está de moda. Está de moda hacerse el estudiante, calentar
el sobaco con un libro, pero no está de
moda estudiar. Está de moda tener un cartón para colgarlo en la sala de
la casa, pero no está de moda sacrificarse o quemarse las pestañas, eso será
para los incautos.
Y es en este caldo de cultivo putrefacto
donde las mentes reblandecidas de los jóvenes son obligadas al colapso y actuar
en automático por la tanta carga de psicosociales e influenciadores que han
hecho mella en un cerebro desprotegido y aplastado por la falta de valores y la
nula educación a lo que se suman muchas variantes, como la pobreza extrema y
media extrema donde familias enteras con hijos, tíos, abuelos y nietos viven
juntos con pocos espacios para siquiera intentar socializar. O donde la
alimentación ya no fortalecerá ni oxigenará cerebros que cada vez más se
comportarán como bestias obligadas a sobrevivir; seres sin opción de
reconciliarse con la humanidad; zombis con cerebro reptiliano que roban, violan
o matan porque creen que en eso consiste (y así le enseñaron) la vida.
Es una lástima y acto de doble o
triple moral que los medios de comunicación usen a sus caras más visibles para
echarle la culpa al “machismo”, al “patriarcado” y toda esa podredumbre que ellos
mismos alientan y promueven y que nace desde el mismo capital, desde las mismas
oficinas de la sachaburguesía burocrática y compradora y de quienes, se supone,
están obligados a regentar y guiar la educación y el bienestar de millones de
compatriotas. Pero esto ya colapsó y lo único que queda aquí son los nefastos
resultados al modo de Natural Born Killer,
donde todos los días estamos obligados a tener nuestra cuota de sangre o
sangría, nuestra dosis de apaleamiento psicológico que nos asegurará ser más bestias
y salvajes cada día. Ser más malditos o más hijosdeputa
cada día. Y no parará hasta que nos demos cuenta de quienes son los verdaderos
culpables de esta realidad de catástrofe moral, política, social y económica; y
nos pongamos de pie contra ellos y los colguemos de las testes.
Cualquier otra cosa solo será
panacea o placebo y será seguir mirando a un costado, tal y como hacen esos
mismos señores que gimotean y se golpean el pecho en la televisión pero que, a
escondidas, aplauden a los auspiciadores que pagan por poner sus productos al
costado de las mujeres ahorcadas, cortadas, abaleadas o quemadas.
El que tenga ojos que vea.
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