sábado, 27 de abril de 2019

ENTREVISTA: "RODOLFO YBARRA: EL ÚLTIMO ESCRITOR DE CULTO EN EL PERÚ"

Manuel Raya: 
Rodolfo Ybarra es considerado por algunos lectores como un escritor de culto, y aunque pareciera ser que desea ser ocultado por algunos escritores y críticos literarios, sus libros le dan la visibilidad que un escritor como él, merece.

No le brindan espacios en ferias y mucho menos le dan espacios (comentarios y entrevistas) en los periódicos, como a otros escritores. Como dice Ybarra: "Solo me preocupó en escribir y no pienso en premios"

Con ustedes Rodolfo Ybarra, el último escritor de culto en el Perú.



CELEBRANDO EL "DÍA DEL LIBRO" CON LOS NIÑOS DE MI PAÍS


¡ALTO, IDENTIFÍQUESE!



A mediados de los ochenta era común ver a los policías interviniendo a todo joven sospechoso y a militares haciendo “leva” en las esquinas de los barrios populosos. Por cierto, ser sospechoso era llevar libros en la mano, tener chalina o mirar con fruición la realidad. La “leva” era un eufemismo de secuestro para “ir a luchar por la patria”: te ponían un traje verde olivo, te daban unos zapatones, un fusil y te decían ¡dispara ctm!
Hoy en día las cosas han cambiado (o así parecen), pero los organismos represores siguen empleando casi la misma modalidad. Te agarran en la calle o entran a los restaurantes o bares para exigir tu identidad, dicen que están haciendo “control ciudadano”. Cuando les respondes que no tienes documentos o no te acuerdas de tu nro. de DNI, te dicen acompáñenos y te meten a un patrullero o a un camión.
Hace un par de días me volvieron a intervenir por tercera o cuarta vez en lo que va del año. Felizmente tenía el carnet de Lima Gris y volví a sonreír como en los tiempos en que chorreaba por el piso mis libros de Roque Dalton o Mariátegui, o ponía mi carnet universitario como plantilla de zapato. O como cuando en la galería el Túnel de la UNI, junto a mis amigos poetas, por un verso de Vallejo me pusieron la ametralladora en el pecho. Y tuve que improvisar un taller literario para furiosos soldados que no podían entender porque CV escribió “El poeta saluda al sufrimiento armado” sobre la guerra civil española.
Quizás los tiempos no han cambiado y yo todavía sigo pensando que muchos de mis amigos desaparecidos algún día volverán. Aunque francamente quisiera que la policía de mi país fuera menos “política” y más efectiva y vaya detrás de los corruptos y los encarcele, que meta a todos los presidentes sátrapas a la cárcel y que traiga a Toledo del pescuezo para rinda cuentas al país. Sí ya sé que es un despropósito, que hay que revisar los tratados, que cancillería, etc., pero soñar no cuesta nada o, por lo menos, no cuesta los 23 soles que me costará tramitar un nuevo DNI.
PD: Este texto está dedicado a Melisa Alfaro Méndez, amiga, periodista y leal compañera de estudios que fue despedazada por un sobre bomba el 10 de octubre de 1991. A JJ Herrera que purgó 8 de años en la cárcel solo por ser reportero gráfico. Y a Jarita Berrospi, el periodista amigo torturado salvajemente, a quien, unos jueces sin rostro, condenaron a 20 años de prisión por ayudar a difundir el croquis donde ocurrió la matanza de La Cantuta.

ALAN / Envío de Rafael Inocente



El jueves por la noche me sucedió algo surrealista. Algo que me devolvió, aunque sea por unos minutos, la fe en nuestro pueblo.
Después de guardar el Volksvy 60 en la cochera, salí con mi mochila al hombro y en la esquina del Mercado recibí la llamada de mi amigo Juan Carlos Pasache Portilla. Pasache, asqueado de los miasmas irrespirables que difundían los canales de televisión, por la supuesta autoeliminación de Alan García Pérez, había salido a dar un par de vueltas con la Murray. La toxicidad de los medios peruanos, el descaro de los ruines periodistas sobornados por el sistema, la vulgaridad y estupidez rampante de los reporteritos y los protervos políticos de todos los pelajes, convirtiendo en héroe al más grande criminal que puedan haber parido tierras peruanas, resultaban insoportables para un hombre sano y fuerte como Juan Carlos. Nos encontramos en la puerta de la farmacia del barrio en menos de cinco minutos. Juan Carlos, recio tornero senatino de 56 años, se apareció en la Murray ochentera de cromoly aligerada con componentes de aluminio para mitigar el dolor de las rodillas. Para un hombre culto que trabaja con las manos y se enorgullece de su extracción de clase, escuchar todas las flores que los periodistas echaban a Alan, era una burla al buen entendimiento, un escupitajo al sentido común, una mentada de madre a todas las víctimas de este asesino. Por eso Pasache descreía del suicidio del hombre que más desgració el país y que parió a Fujimori en la Universidad Nacional Agraria La Molina. Todo esto y más conversamos en menos de un cuarto de hora, pero cansado de la ardua jornada, decidí partir y cuando estaba por despedirme de tan caro amigo, un estremecedor alharido nos sacó de nuestras elucubraciones:
- ¡Jaaaaaaayyyyyy, siñoooor!
- ¡Rata, rata! ¡rataaaaa!
Al instante volteamos a mirar a la alharacosa y nos dimos con la tía Narcisa, una paisana cincuentona, probablemente huancaína o huancavelicana, una de las tantas mujeres del pueblo de Santa Anita que se recursea por las noches vendiendo alitas, fritangas, salchipapas o papa rellena para todos los que regresamos de trabajar hambrientos y cansados.
La rata, gigantesca, panzona, ofensivamente retadora, corrió hacia la pequeña farmacia del barrio. Intentó trepar por las vitrinas, rascando el vidrio con sus garras fieras, pero la lisura del cristal impidió su cometido. Luego intentó subir por el mostrador de melamine, más el hermetismo de las instalaciones de la farmacia, impidieron su desesperado propósito. Oscar, el amable chivito dueño del establecimiento, gritaba enloquecido, ayuda por favor, ¡auxilio! ¡socorro! ¡una rata! Una raaaaataaaa!
En ese momento apareció otra tía, frutera del mercado, más atolondrada que la anterior y al grito de ¡mata rrata, carajo!, nos lanzó un arma arrojadiza.
- ¡Mata rrata, siñoooor! ¿No ves acaso?
No me quedó otra que coger la flor, pero una tercera mujer se abalanzaba sobre Juan Carlos con un escobillón mocho, mientras que a grito pelado azuzaba:
- ¡Alan is, siñorr! Mata Alan! ¡Alan si iscapa!
Pero un concierto de voces se confundía y pugnaban por tener la razón.
- ¡Alan ya se suicidó, vicina!
- Tas criyendo, oy, zonzonazo!
- ¡Qué se va matar isi maricón!
- ¡Mata rata, caraju!
- ¡Si iscapa! Si iscapa!
Pasache tieso miraba a las doñas sin saber qué hacer. Con sus inmensos ojos bovinos me interrogó, ¿qué hago, Rafo, qué hago? Carajo, zambo, ¡dale!, le dije sin hablar, pero ya teníamos una multitud de mujeres y chiquillos encima, amén de dos o tres tíos revoltosos que clamaban por la eliminación de Alan.
Ya no tenía escapatoria. Recordé a Hernán, mi abuelo materno, un corpulento ancashino matarife y experto cazador de caballos salvajes en las serranías agrestes entre Ancash y La Libertad, recordé mis tiempos de cazador de piqueros patas azules en la Isla Lobos de Tierra con el gallego-vasco Alberto Velando y las zambullidas a las 6 de la mañana en las frías aguas de las Islas Chincha, San Gayán, Marcona y Punta Coles para recoger caca de lobos marinos y sin más pensarlo tomé la escoba que me había arrojado la paisana de las fritangas y asesté dos golpes a Alan, pero con poca suerte. La miopía, la oscuridad de la noche, la velocidad de Alan intentando escapar, me impedían acertar con los palazos.
- ¡Oy, siñorr! Si ti iscapa Alan! Nu dejes qui si iscape, caraju!
- ¡Mata Alan, oy!
- ¡Mata Alan!
El siguiente golpe fue directo al espinazo. Alan se quebró y quiso trepar a una mototaxi estacionada, mientras el vil mototaxista decía, déjalo, papi, ¡ya está muriéndose, papi! Mientras Pasache se enfrentaba al mototaxista reguetonero, el coro crecía cada vez más:
- ¡Mata rrata, carajo! ¡Que no escape!
De repente una vocecilla chacalonera dijo:
- ¡Sal de ahí, papi!
No se de dónde se materializó un tipo cincuentón con patas de alicate y espalda de llenatecho. Con short de reguetonero y sandalias, intentó darle un pisotón a Alan, pero éste, mal herido, zigzagueaba e intentaba meterse a cualquier hueco de las malogradas pistas y veredas de la zona. Al siguiente pisotón de Patas de Alicate, Alan se encabritó y la gente chilló y corrió despavorida.
- Ahora vas a ver, ¡concha tu madre! –exclamó Patas de Alicate mientras lanzaba por los aires sus sandalias rotosas.
- ¡Is Alan, siñooorr! El diablo is!
- ¡Mata Alan, papay! Mátalu!
En pocos minutos aquella esquina se había convertido en un loquerío. La gente transeúnte pensaba que se trataba de un ratero o una pelea entre mototaxistas venezolanos y peruanos, o algún arrastraviejas al que habían capturado para darle su merecido, pero lo que desconcertaba aún más a la gente era escuchar mentar el nombre de Alan. En instantes vertiginosos ví en mi mente como en un holograma al Rey Mono postrado en el suelo, torturado por el Monje Tang y el Cerdo de las Ocho Abstinencias. Le acusan de haber matado a varazos y sin compasión alguna al multiforme Demonio de Hueso Blanco, quien travestido en una dulce doncella, había pretendido engañarlo nuevamente. Las palabras del Rey Mono contra el Monje Tang, diciéndole que con los demonios nunca hay que tener piedad, que hay que exterminarlos de la faz de la tierra, resonaron en mi cabeza y no esperé más:
- ¡Toma, mierda! –un certero palazo en la cabeza dejó a Alan patitieso, aunque todavía se movía y convulsionaba.
En medio del estertor de la rata, la gente gritaba:
- Mata, Alan, siñorr! ¡Mátalu! Mátalu!
- ¡Papi, sal! Sal de ahí! –gritó Patas de Alicate, mirándome. Su pierna chueca se alzó a la altura de mi cintura y con la pata pelada restregó la cabeza de Alan contra el pavimento hasta que la sangre saltó como un chisguete.
- ¡Bravo! -gritaba la gente enfervorizada, ¡mátalu! ¡mátalu! Gritaban alborozados en medio de los aplausos, mientras que en los noticieros Alan era canonizado por todos los canales de la televisión peruana.

viernes, 12 de abril de 2019

PREMIO Y RECONOCIMIENTO AL INTELECTO CREADOR




Hace unos días tuve el honor de recibir el Premio y Reconocimiento al Intelecto Creador por parte de Lambayeque y la Región Norte. Reconocimiento, además, que me fue otorgado por el propio alcalde Álex Rodríguez Alvarado, el teniente alcalde José Antonio Eneque Soraluz y el subgerente de Promoción y Desarrollo Cultural y Turístico: Nicolás Hidrogo Navarro (NHN).
Fue una fiesta que duró una semana entre reuniones con artistas, almuerzos, vernissages, visitas a museos como el Museo Tumbas Reales de Sipán o Las Pirámides de Túcume (al cual no pudimos ingresar por las lluvias torrenciales que habían dejado sin energía eléctrica al lugar) o al hermoso balneario de Pimentel y mi participación en eventos para impulsar la cultura en la región. Tal y como se hizo en el Parque Infantil donde se me retó a pintarme el rostro de Llampayec en un concurso de pintura para niños. Y acepté para alegría de decenas de infantes que mostraban sus lienzos cuyos mejores trabajos fueron premiados por la profesora de ascendencia alemana Nevenka Waltersdorfer.

También estuvimos en los preparativos de Semana Santa, evento turístico de suma importancia por la cantidad de visitantes que llegan de fuera y del interior del país, con los previos al Jesucristo Superstar dirigida por Greta Lisboa y cuyo rol protagónico lo iba a interpretar el actor de renombre Reinaldo Arenas con quien nos cruzamos en un conocido restaurante. La parroquia de la enorme Iglesia San Pedro, cuya construcción data del siglo XVII, fue escenario de los multitudinarios ensayos donde niñas, señoritas, madres padres y, sobre todo, jóvenes, seguían las pautas y el guion establecido para semejante obra. Desde ya un éxito por la enorme multitud que los seguirá en procesión. Una obra de teatro imperdible.

Es de rescatar el enorme impulso que viene ejecutando el escritor y director del Conglomerado Cultural y ahora Jefe de Turismo Nicolás Hidrogo Navarro, quien ha generado toda una revolución literaria en la región incentivando la lectura, promoviendo premios para los artistas, trayendo gente de Lima y otros lares, tanto en música, pintura, poesía, cuento, novela, ensayo, etc. Creo que NHN no solo es un excelente escritor, sus más de diez libros lo confirman, sino, desde ya, se proyecta como un gran operador cultural o un potencial ministro de cultura, el que, como país bicentenario, debiéramos tener. Atención políticos.

Fue grato coincidir con la presentación del grupo experimental de arte y poesía TetraLogos que llegaron desde Lima con su  libro Travesía Moche y cuya espectacular presentación en el Museo del Señor de Sipán abarrotó el local (lean el prólogo aquí: http://www.limagris.com/tetralogos-lambayeque-y-una-leyenda/). Así, Eldi Toro, Nora Curonisy Lostaunau, Tania Temoche y Patricia del Valle, retumbaron con sus poemas escritos desde las perspectivas de la arquitectura, la fotografía, la docencia y el periodismo y que fueron aplaudidos por la platea compuesta no solo por universitarios, colegiales y público en general sino también por autoridades y los directivos del Museo. Es de resaltar la participación de la cantora yautina Rumy Yacu quien interpretó temas relacionados a la cultura Moche de su propia composición y que tuve el honor de acompañar en la quena.

Quisiera agradecer también la hospitalidad del pueblo Lambayecano. Las gracias a los lugares, peñas, resorts y restaurantes turísticos: El Paisa Norteño, El Cántaro, El Chalán, La Cucarda de doña Milagros Fátima Fernández, y, cómo no, al Castillo del Pan del empresario y escritor Álex Castillo. Y al prestigioso hotel American Inka del cual soy ya “personaje ilustre”. Las gracias también a toda la prensa que cubrió el evento y nos convirtieron en tendencia en las noticas y, especialmente, al periódico La Verdad que nos dedicó una contraportada (reemplazando así las noticias sobre política); a La República que rebotó la noticia mundo et orbis; al Ciclón, La Razón, a La Industria de Chiclayo cuya hermosa fachada colonial no visitaba hace tiempo, etc.

Muchas gracias, Lambayeque y la Región Norte por este premio, Broche de Oro, medalla, diploma y "Reconocimiento al Intelecto Creador" que renueva mi compromiso con la palabra y con la vida. Soy, desde ya, un embajador cultural de la civilización Moche y de sus dignos y honorables herederos.

¡Salud y libertad!

Siempre,

Rodolfo Ybarra

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