RODOLFO YBARRA

BLOG DE

lunes, 24 de agosto de 2020

A UNA BUENA NOVELA NO LO SUPERA LA REALIDAD


Prólogo a la novela Los que no podían amar, de Germán Rodríguez Aquino.


 x Rodolfo Ybarra

 

 

Germán Rodríguez Aquino no solo es un abogado, coach, conferencista y embajador de la paz sino que libro a libro se ha convertido en un escritor de novelas controversiales donde el erotismo, la fantasía y las vivencias, nos muestran un mundo muy particular, por ratos ditirámbico y por ratos con pasajes que nos hacen recordar a Celine, Bukowski, Alberto Moravia, al marqués de Sade o Las edades de Lulú de Almudena Grandes o La historia del ojo de Georges Bataille, etc. Y donde, además, el lector es llevado de la mano como si fuera un testigo presencial de los hechos, tal cual se tratase de una película filmada con una cámara Go-pro y en primer primerísimo plano. Entonces, la historia se desarrolla natural sin aspavientos con los flashes o luces que el narrador quiere mostrar.

Escrito en primera persona, como aconseja Fernando Vallejo, y de forma aristotélica: inicio, medio, final, Los que no podían amar (LQNPA) nos presenta un cuadro al óleo del interior de las mujeres. En este caso, Teo, la mujer perdida y por el cual pierden la cabeza los hombres. Pero que a pesar de todo tiene que vivirse (o leerse) casi como si nos estuvieran apuntando la cabeza con un revólver. Un submundo de vidas contrahechas como páginas arrancadas del diario de Anaís Nin o de algún libro de Henry Miller o de alguna película de Ettore Scola, donde la pasión y la vivencias anodinas se van sumando poco a poco hasta convertirse en una olla a presión y explotarnos en la cara. Arte y magia que Germán Rodríguez Aquino sabe pergeñar perfectamente como buen artesano o llenador de techo literario que va sumando novela a novela sus propios réditos y sus propios devotos lectores.

LQNPA va a demudar las relaciones personales de Teo con Gerardo, alter ego de Germán, relaciones desbordadas por cierto, que expresan deseo, exceso y, porque no decirlo, lujuria que van a estar acompañados de la crítica y/o el deshago y también rabia. El amor pareciera ser solo una pátina, pero el personaje principal ama locamente y se entrega al sacrificio de amar a quien no puede o no debería amar y a quien, además, le cumple todos sus caprichos y le soporta lo insoportable. Pero así la vida, como la novela, nos pone en situaciones extrañas o inverosímiles que uno tiene que resolver cueste lo que cueste y a veces entregando el honor o la pureza.

Sin duda esta novela no defrauda y no está hecha para espíritus livianos o leves como diría Kundera, sino para lectores duros, hardcore lector, hypocrite lectours, acostumbrados a recibir patadas en el estómago, golpes en la quijada, jacks de un buen narrador que ha entendido la vida y conoce los procesos humanos quizás por su misma profesión dedicada a las leyes y a la defensa de inocentes y/o culpables, pero también porque hay un correcto manejo del lenguaje y de las técnicas literarias que, trabajadas sutilmente, le permiten abordar una novela como quien pela una fruta para delicia del que está del otro lado del texto.

Quizás el título que es una imagen de negación: Los que no podían amar se convierte más bien en un título de afirmación, de resemantización del verbo amar y sus sucedáneos: amor ágape (¡dios?), amor filia (hijos, familia), amor eros (pareja). Y porque aquí se ama, como dicen los españoles: ¡desde los cojones!, desde el mismo polvo de los huesos. Y porque la realidad siempre va a superar a la novela. Pero a las buenas novelas no la supera la realidad.

Finalmente, felicitamos a Germán Rodríguez Aquino por esta nueva entrega, sabedores de que su pasión son las letras y de que contar, para él, es un hecho natural, por eso es que es un gran conversador, una persona amable que sabe ganarse, a punche, a los amigos y, cómo no, a cada uno de nosotros que, desde hace algunos años, somos sus leyentes (de ley y de lectura).

Ahora, sí, tomen asiento, pongan luz baja y que empiece la función. 

 

¿DECONSTRUCCIÓN O DESVIACIÓN? RELACIONES ENTRE EL JUEGO DERRIDIANO Y POEMAS DE VÍCTOR CORAL Y RODOLFO YBARRA

 Por: William Piero Ramos Rasmussen - Publicada en la web http://cafedelobos.com el 18 de agosto del 2020

Al profesor Javier Suárez, quien me enseñó la infinita ternura de la "contaminación".






 

                                                                                1

Es sabido que Jacques Derridá creía que la técnica de la “deconstrucción” -basada en “el juego” de desemparejar significado de cualquier significante y  abrir las interpretaciones en una infinita cadena de significantes, para desviarlo del signo lingüístico saussauriano (“significado/significante”); era una suerte de martillazo nietzscheano a toda la metafísica occidental. Verbigracia, Jacques Lacan –otro de los teóricos de los distintos posestructuralismos de fines de los 60’s- podría haber deslizado una ironía al referirse a sus seguidores en el “Seminario 27”: “Sean ustedes lacanianos, si quieren. Yo soy freudiano” –véase la traducción al español  en “El seminario de Caracas” de 1982-.

La teoría de Derridá, ejemplificada por Lacan en el anterior fragmento citado, da cuenta de que la técnica de la “deconstrucción” está alejada de la “destrucción” y la “deformación” – juego de moda entre los académicos (y no académicos) de la reciente década (1).  Más bien, uno podría interpretar que el juego de la “deconstrucción derridiana” se encuentra más cerca de una desviación o un “clinamem” (Bloom, 1973).

Lacan ejemplifica la técnica de la “deconstrucción” con sutil maestría, pues al absolverse de sus mismos seguidores: “sean ustedes lacanianos (…) Yo soy freudiano”; está descentrando el significado o deconstruyendo lo que llamamos “freudismo” y lo “lacaniano” mediante el uso de la “transferencia” (Lacan, 1966), la cual disociaría a la significación de su significado,  haciendo una cadena de significantes que, en teoría, vendrían a ser similares (2).

De esta forma, podríamos encontrar aquí una suerte de metonimia con el famoso ejemplo de “anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos” (Lacan, 1966) y así, la escuela de los posestructuralismos franceses,  se vería gravemente afectada por la complementariedad entre sus mismos teóricos.

Lo que me indujo a escribir esta introducción sobre la contradicción de los distintos postestructuralismos, es la relación que existe entre la técnica de la “deconstrucción” y dos poemas de autores peruanos: Víctor Coral y Rodolfo Ybarra. Poemas fuertes; revitalizadores; cuyo contenido se despliega más allá de la “intertextualidad” (Genette, 1962). Los mismos que comprenden en su ironía una música altisonante, valores estéticos y a mi parecer, deben ser leídos con gafas de científico en tiempos de guerra contra enemigos invisibles (ya sean fenómenos como el “Covid-19”;  nuestra crítica cultural lóbregamente desperdiciada en el monopolio de los medios de comunicación; o el progresismo –en aparente decadencia-).

Dichos textos –inéditos y mordaces- podrían interpretarse como una crítica al exclusivo club de los poetas críticos patidifusos y enfrascados en su torre de marfil (3), temerosos de pasar de moda y hacerse añicos en el olvido. O también podrían evidenciar una estricta revisión de la técnica de la “deconstrucción derridiana” tan malamente interpretada por los inscritos en la crítica cultural de la Escuela del Resentimiento (4) con atisbos de cazadores de brujas, empeñados en derrumbar estatuas; enlodar textos universales; engrasar la memoria de autores clásicos; y autoflagelarse recortando sus propias alas bajo sus dedos de lana contra el teclado.

 

                                                                               2

 

LA CANCIÓN DE LOS POETAS MALOS – VÍCTOR CORAL

“Nosotros los poetas malos

somos tan poetas como

Safo, Catulo o Dante.

Sólo que malos.

 

A diferencia de ustedes,

poetas sumidos en la medianía,

nosotros tomamos en serio el oficio,

como los buenos,

y leemos y estudiamos a poetas fundamentales

(Rubén Darío, Amado Nervo, Pablo Neruda)

que nos hacen mucho daño.

 

Tampoco compramos poemarios de moda,

en la librería de moda,

para comentarlos ligeramente

en nuestros muros y revistas virtuales

de moda.

 

¡Jamás!

 

Nosotros acudimos religiosamente

a la biblioteca del tatarabuelo

—noble poeta justamente olvidado—

que nos legó, además,

la pluma de plata

con que pergeñamos nuestros clásicos

alejandrinos, nuestros sonetos con rima macho

y nuestras sextinas perfectamente intonsas.

 

Nosotros —escuchen bien pobres mediocres—

sabemos que somos malos,

y lo asumimos con resignación y fortaleza:

tenemos un lugar (inenvidiable)

en el mundo de las letras;

ustedes,

son solo aves de paso grises

apenas destacadas sobre el cielo gris mediocre

de Lima.

 

Y cuidado,

que en un descuido de esos

que se dan cada mil años,

por un decreto del supremo sin duda

—nosotros los poetas malos

a diferencia también de ustedes,

somos teístas—,

podemos obtener un puesto entre los grandes

arriba mencionados, o acaso

junto a Garcilaso, Goethe o Coleridge.

 

Ustedes, pobres oportunistas angurrientos,

sólo confían en el vulgar éxito del presente

y se conforman con la alabanza pagada con vinos

o con favores inconfesables; pero

si una prueba irrefutable hay

de vuestra terrible mediocridad,

es su triste comprensión de lo poético:

 

‘Todo es político’, piensan,

‘Basta escribir regular y hacer mucha propaganda’,

sienten de corazón.

 

¡Alejaos, repulsivas alimañas!

 

Nosotros los poetas malos

Tal vez nunca salgamos en el diario

—ni tradicional ni virtual—;

pero nadie podrá negar nunca

nuestro respeto y amor

por el oficio más prostituido del mundo.

 

Respeto excesivo que ha marcado nuestro destino…”

 

Victor Coral

 

***

 

La voz poética del texto “LA CANCIÓN DE LOS POETAS MALOS” de Víctor Coral, refiere como “poetas malos” a algunos de los poetas más importantes de la literatura occidental. Entre ellos destaca  Dante Alighieri (autodenominado profeta en su época, unificador de lo político, económico y religioso en “La Divina Comedia”), sin olvidarse de incluir a otros poetas sumamente influyentes para los poetas críticos de todos los tiempos (entre ellos Samuel Taylor Coleridge, Pablo Neruda y un guiño especial a la poeta griega Safo de Mitilene).

 

La relación entre la técnica de la deconstrucción y el poema de Víctor Coral es posible porque todos los nombres inscritos en “LA CANCIÓN DE LOS POETAS MALOS”, representan a algunos de los mejores y más destacados poetas de sus respectivas épocas, quienes siguen vigentes por el “arte verbal” (Reisz, 2012) que salta y fluye en su indefectible fuerza poética. La desviación de tratar como “poetas malos”  a estos autores fascinantes se devela como una ironía actual -y lamentable- que podría denominarse como una “exclusión desde los excluidos”.

 

Y es que los profesores y estudiantes empecinados en marginar y/o ignorar a estos autores bajo términos de “poder”, “género” y “religión”; son, precisamente, los encargados de llevar la bandera de la inclusión. Los llamados “luchadores sociales” tienen sus mecanismos para  excluir –Foucault sentiría un dolor en su valiente pecho al ver la malicia de sus seguidores y su aprovechamiento del sufrimiento ajeno para separarse de lo incómodo, idealizando autores bastante cuestionables y olvidándose de todo tipo de valores estéticos  en favor del hambre de sus banderas, intereses y luchas particulares. Jóvenes –y no tan jóvenes- dramáticamente aburridos y descreídos de la belleza, como lo sería una producción de Netflix sobre cualquier obra del supremo William Shakeaspeare.

 

                                                                               3

 

S/T – RODOLFO YBARRA

 

SI YO TUVIERA SOLO UN PODER MÁGICO PARA CAMBIAR LO QUE YA NO SE PUEDE CAMBIAR, le depilaría las cejas a Frida Kahlo, le cosería la oreja a Van Gogh, le enderezaría los ojos a Sartre y de paso a Aldous Huxley. Le arreglaría la espalda al jorobado de NotreDame, las piernas al acondroplásico de Tolouse Lautrec y la papada al mostrenco de Alfred Hitchcock También le pondría pelo a Picasso y le alargaría más los bigotes a Salvador Dalí. A Marilyn le regalaría pelucas de colores. Le cortaría el cerquillo y le regalaría un cuerpo ortopédico a Betty Page, a Betty Grable y a Betty Blue. Le cambiaría el licor por jugos de fruta o yogurt a William Blake, Dylan Thomas y al viejo Bukowski. Le compraría una bolsa de panes a Vallejo. Le apagaría las hornillas a Silvia Plath. Sacaría a pasear al perro de Nietzsche y al gato de Cortázar y de Pérec. Le escondería la escopeta a Hemingway y a Burroughs y el revólver a Arguedas. Le enseñaría a flotar con piedras en los bolsillos a Virginia Wolf. Le regalaría un globo aerostático a Saint Exupéry. Le daría un espacio de mi casa a Dostoievski. Le devolvería la vista a Borges y los oídos a Bethoven. Le escondería las espadas a Mishima y las pastillas a Alejandra Pizarnik. Pasearía con Pasolini por las calles rosadas, solo para que nadie lo moleste. Sacaría del loquero a Ezra Pound, Antonin Artaud, Panero y Martín Adán. Rescataría a García Lorca del paredón de fusilamiento y le invitaría un café junto a Dalí y a Buñuel. Le curaría la artritis a Renoir. Le curaría la TBC a Antón Chéjov, a Guy de Maupassant, a Dashiell Hammett, Gorky, Kafka, Keats, D.H. Lawrence, George Orwell, Moliere, Rousseau, Schiller, Voltiere, Walt Whithman, etc. Le abrocharía el cinturón de seguridad a James Dean. Le patearía el trasero al diablo para que no moleste más a Baudelaire o a Edgard Allan Poe; y le daría otra patada a dios para que no atormente a santa Teresa de Jesús. Y después me pondría a escribir una carta en papel Japón que hablara de estas cosas que sé perfectamente no podré hacer jamás.

 

Rodolfo Ybarra

 

***

El  poema de Rodolfo Ybarra nos revela una voz poética severa en tiempos donde tenemos que lidiar con la mortalidad. Una poesía dura y sólida, una contaminación y mezcla entre la serena escultura de Helena frente al mar y los sonidos geológicos y sísmicos de un Dionisos airado con la voluntad de comerse todos los miedos.

 

En este texto, la técnica de la deconstrucción podría referirnos a una realidad amarga e hiriente. De momento, la denominaré como una crítica a los poetas y colectivos contemporáneos. Y es que los más jóvenes, quienes declaran la guerra al “sistema”, “religión” y “patriarcado” acusando y prendiendo hogueras por la “desmitificación” de los autores, solían mostrarse en público con atavíos propios de la excepcional Frida Kahlo y de vez en cuando, suelen repetir el poema “Masa” de Vallejo como ingenuos monaguillos.

 

La voz poética en el poema de Ybarra da batalla con los puños cerrados contra la mala interpretación de las técnicas deconstructivistas derridianas. Sólo el inicio: “SI YO TUVIERA SOLO UN PODER MÁGICO PARA CAMBIAR LO QUE YA NO SE PUEDE CAMBIAR, le depilaría las cejas a Frida Kahlo, le cosería la oreja a Van Gogh, le enderezaría los ojos a Sartre y de paso a Aldous Huxley…”.

 

Entonces, además de descentrar lo tradicional con un golpe intertextual directo; también se da un cuestionamiento sobre cómo el uso desmesurado del juego derridiano, se ha transformado en un gatillazo contra la Humanidad –¿No es acaso la literatura y sus autores, la Vida que leemos; la memoria que forjamos; y los lentes que nos permiten viajar hacia dentro del abismo de nuestra soledad?

 

El mismo Roland Barthes se jalaría de los pelos que no tenía (mi querido francés autor de “La muerte del autor” era ya de por sí cuasi calvo), si tuviera en frente a esas hordas que, sin saber definir qué cosa es una fantasmagoría y sin leer a los teóricos que “sin querer queriendo citan”; se hacen llamar “deconstructivistas”; “interseccionales” y “anti-sistemas”, mientras afean lo bello de la literatura y marginan aquella “música callada de las palabras” de las cuales da cuenta la teórica y poeta feminista peruana Susana Reisz, en su ensayo “El rol de los valores estéticos en los estudios literarios”.

 

 

                                                                               4

Víctor Coral y Rodolfo Ybarra, en estos dos textos le ofrecen a los lectores algo que hemos perdido por la angustia de nuestra soledad confrontada con el miedo y la mala interpretación de las teorías francesas de los 60’s. Ambos poemas nos devuelven la ironía en la deconstrucción. En tiempos donde los humanos se sienten tan destruidos por la Pandemia Covid-19 –que arrasa familias enteras y devasta pueblos y hospitales-; la ironía sobrevive, resiste. Se fortalece.

 

                                                                     FIN

 

NOTAS DE PIE DE PÁGINA:

 

(1)    Este ensayo fue escrito el 18 de agosto del 2020, durante la Pandemia Mundial del Covid-19.

(2)    Es innegable que el teórico francés inspiró sus teorías psicoanalíticas en base al maestro de la sospecha Sigmund Freud.

(3)    Tomo el término “Torre de Marfil” en alusión al título del ensayo de José Carlos Mariátegui en el libro “Literatura y Estética” de la Fundación Biblioteca Ayacucho.

(4)    Aunque lo expuesto genere angustias, la “Escuela del Resentimiento” – es una definición de Harold Bloom para designar a los críticos multiculturalistas obsesionados por encontrar en el contenido de los textos, cualquier rasgo de racismo, machismo, capitalismo, etc.; con el objetivo de censurar y marginar autores y obras clásicas del discurso de las Instituciones Académicas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bloom, H. (1973). La angustia de las influencias. Caracas: Monte Ávila Editores C.A.

Genette, G. (1962). Palimpsestos. En Teoría y Crítica Literaria. Madrid: TAURUS.

Lacan, J. (1966). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En Escritos. Buenos Aires: SIGLO XXI.

Reisz,S. (2012). El rol de los valores estéticos en los estudios literarios. En Lexis, vol. 36, no. 2. Lima. Fondo Editorial de la PUCP.


viernes, 7 de junio de 2019

NOS VAMOS A "CHILCA LEE"


Nos vemos en la IV Feria Internacional del Libro Chilca Lee. Huancayo-Perú, del 4 al 14 de Julio que contará con delegaciones de España, México, Ecuador, Argentina, Colombia y otros países hermanos. Muchas gracias a sus organizadores. Pasen la voz.


CUENTO: "POR QUÉ NO SE VAN"

CUENTO: “Por qué no se van” de Rodolfo Ybarra

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Escritor peruano Rodolfo Ybarra (Foto: Archivo personal del autor)

POR QUÉ NO SE VAN*

Rodolfo Ybarra

Defecas y te masturbas mientras comes tu hamburguesa de chancho con mostaza. «Mostacero», te dices a ti mismo y ríes, te carcajeas sin dientes y eructas: «¡las tres “ces” carajo!, comer, cagar y cachar, aunque sea en soledad, he ahí la felicidad, that is the question». Jalas la palanca, jalas con la nariz, jalas por arriba y por abajo, pura harina blanca flor, puro talco y yeso para el cerebro de trapo, el cerebro que se deshace como queso gruyere de tantas drogas, analgésicos, calmantes, ansiolíticos y antipsicóticos que te metes sin receta médica ni cláusulas de ningún tipo, solo por el «placer» (así hablan los pitucos) de recibir más basura en tu cuerpo de relleno sanitario acostumbrado a tragar, fagocitar, embutirse con cualquier cosa que aparezca por ahí, frutas podridas, panes secos, carne de perro o chanfainita hecha de placenta humana o esa comida de «siete sabores» que te deja la lengua roja, adormecida y en forma de bola como si te estuvieras atragantando de ti mismo. Pero tú sabes que el primer principio del hombre es alimentarse, tragar, fagocitar, comerle las carnes al vecino, la vecina, o al que está al lado, así sea un perro, un gato, un gusano o un insecto, solo se trata de sobrevivir, llegar a mañana, sea como sea, no importa si te dicen «animal», «salvaje», «caníbal» o «antropófago», esas categorías son delicadezas de los señoritos burgueses o de los que nunca han pasado hambre porque los de abajo no nos andamos con amaneramientos o con modales estúpidos o los que eructan para un costado o sueltan silenciosamente una ventosidad para no ofender al interlocutor o al compañero de asiento en el microbús y nos huelen las axilas a ajos y cebollas. Porque el maestro lumpen es del pueblo, viene de él y va hacia él, y no se anda con formalidades o afeites, esa triquiñuelas que solo le sirven a los politiqueros para ganar votos en épocas electorales o mirar a un costado cuando ya tienen acceso al poder y entornillar sus culos por cinco años con sueldos de reyes y ganar estatus para codearse con tiranos, celebridades de pacotilla o cantantes de rock. El maestro lumpen se forjó en la lucha diaria, leyendo parado en los puestos de periódicos, robando libros en las librerías para «gentes de bien» y en las bibliotecas mal equipadas de las clases medias que se creen de arriba pero están por los suelos bajo la planta de los zapatos y no tienen clase ni escudo o blasón familiar. En cambio, tú, sí, tienes clase, maestro lumpen. Tú, sí, tienes don y orgullo por los conocimientos que adquiriste a punta de quemar y arrancarte las pestañas día y noche en las bibliotecas carcelarias, con los libreros desalojados de la avenida Grau o los que sucumbieron en el campo ferial Amazonas, con los hijos sacados a la fuerza por comadronas o hijos abortados de los que no tienen casa ni empleo conocido. Tú, sí, te hiciste solo, desde abajo, desde un pedazo de mojón, leyendo periódicos pasados con los que te limpiabas el trasero o con revistas viejas con las que entendiste que es mejor no ir al colegio ni a la universidad, que es mejor leer, aunque sea de prestado, y abandonarse en las cloacas inmundas de una civilización inmunda, tecnificada y siempre presta a ponerte el grillete en las patas y arrearte al matadero como ganado vacuno o balar. Porque si no estás informado o no sabes dónde estás parado de nada te sirve acabar la universidad o sacar un título profesional a nombre de la nación o a nombre de quien chucha sea. Y por si nadie notó la contradicción, nadie puede estar contra el poder y a la vez sacar un título a nombre de la nación, es por demás ridículo y mediocre pedir una acreditación para ser sometido expoliado, licuefactado y convertido en esclavo, light, cero colesterol y a gusto del cliente. Que nadie te joda, maestro lumpen, porque tú todo lo sabes y has vivido varias vidas en una sola y te has hecho a ti mismo a punta de degradación humana, a punta de marginación social y envilecimiento por falta y por exceso, por falta de comida y por exceso de alcohol, drogas, placebo y libido, el de las entrepiernas y los pechos dadivosos, esas tres pequeñas cosas que nos diferencian de los animales y bestias que pueblan las ciudades de la perdición donde el sistema te dice que tienes que llegar temprano, marcar tarjeta o si no te descontarán el dominical o te botarán a patadas o a puñetazos. Y qué, claro, tu esposa y tus hijos te esperan en casa con una sopa caliente para ti, pura farsa para que no puedas decir «no» y te pongas tú solito la canga en el pescuezo y las marrocas en los brazos y sigas echando carbón al caldero o moviendo la palanca de una fábrica que tarde o temprano, cuando te haya exprimido y escurrido como a un trapeador, te desechará porque ya no le sirves para nada, y luego meterán a otro, más joven y con músculos más fuertes para que te reemplace y cumpla tu trabajo de autómata al servicio de la más pura y bestial explotación. Y botas tanta mierda por la boca que tu culo se siente decepcionado, sin ganas de expulsarte de adentro hacia fuera que eres tú mismo como el catoblepas o cualquier animal que muerde y araña su imagen en el espejo o te pasa su sarna, pero tú no estás aquí para cojudeces, tú estás aquí para ganarte con alguito, meterte algo al bolsillo ahuecado, engordar las alforjas, llenar los porongos, recursearte con lo que sea porque uno no sabe qué va a pasar mañana, por eso es mejor comerlo todo, fumarlo todo y cagarlo todo, aprovecharte del sexo dispuesto o indispuesto y si no es así, pues una paja estaría bien, una manuela a dos manos o empujando sobre una papaya o sobre una calabaza porque tú sabes todas las mañas y cuando de «autosatisfacción» se trata no escatimas en moralinas o estúpidas convenciones impuestas desde las creencias religiosas. Porque el «placer» es como el hambre, y, cuando aprieta, uno tiene que cogerse de lo que esté al lado, apachurrarlo con las manos, morderlo, lengüetearlo, ensalivarlo y engrasarlo no importa si es aceite de carro, manteca o mantequilla, lo importante es que el cuerpo se deslice limpiamente, sin frenos u obstáculos que atentan contra el goce, pues, como todos saben: «Me voy a la mierda, luego existo». Lo demás es una canción que empieza con los acordes de «¿Por qué no se van? (del país)». Y eso lo saben quienes vivimos los ochenta y todavía estamos aquí para contarlo.


*Cuento incluido en el libro “Hermosos Ruidos”, Editorial Altazor, año 2018.

sábado, 27 de abril de 2019

ENTREVISTA: "RODOLFO YBARRA: EL ÚLTIMO ESCRITOR DE CULTO EN EL PERÚ"

Manuel Raya: 
Rodolfo Ybarra es considerado por algunos lectores como un escritor de culto, y aunque pareciera ser que desea ser ocultado por algunos escritores y críticos literarios, sus libros le dan la visibilidad que un escritor como él, merece.

No le brindan espacios en ferias y mucho menos le dan espacios (comentarios y entrevistas) en los periódicos, como a otros escritores. Como dice Ybarra: "Solo me preocupó en escribir y no pienso en premios"

Con ustedes Rodolfo Ybarra, el último escritor de culto en el Perú.



CELEBRANDO EL "DÍA DEL LIBRO" CON LOS NIÑOS DE MI PAÍS


¡ALTO, IDENTIFÍQUESE!



A mediados de los ochenta era común ver a los policías interviniendo a todo joven sospechoso y a militares haciendo “leva” en las esquinas de los barrios populosos. Por cierto, ser sospechoso era llevar libros en la mano, tener chalina o mirar con fruición la realidad. La “leva” era un eufemismo de secuestro para “ir a luchar por la patria”: te ponían un traje verde olivo, te daban unos zapatones, un fusil y te decían ¡dispara ctm!
Hoy en día las cosas han cambiado (o así parecen), pero los organismos represores siguen empleando casi la misma modalidad. Te agarran en la calle o entran a los restaurantes o bares para exigir tu identidad, dicen que están haciendo “control ciudadano”. Cuando les respondes que no tienes documentos o no te acuerdas de tu nro. de DNI, te dicen acompáñenos y te meten a un patrullero o a un camión.
Hace un par de días me volvieron a intervenir por tercera o cuarta vez en lo que va del año. Felizmente tenía el carnet de Lima Gris y volví a sonreír como en los tiempos en que chorreaba por el piso mis libros de Roque Dalton o Mariátegui, o ponía mi carnet universitario como plantilla de zapato. O como cuando en la galería el Túnel de la UNI, junto a mis amigos poetas, por un verso de Vallejo me pusieron la ametralladora en el pecho. Y tuve que improvisar un taller literario para furiosos soldados que no podían entender porque CV escribió “El poeta saluda al sufrimiento armado” sobre la guerra civil española.
Quizás los tiempos no han cambiado y yo todavía sigo pensando que muchos de mis amigos desaparecidos algún día volverán. Aunque francamente quisiera que la policía de mi país fuera menos “política” y más efectiva y vaya detrás de los corruptos y los encarcele, que meta a todos los presidentes sátrapas a la cárcel y que traiga a Toledo del pescuezo para rinda cuentas al país. Sí ya sé que es un despropósito, que hay que revisar los tratados, que cancillería, etc., pero soñar no cuesta nada o, por lo menos, no cuesta los 23 soles que me costará tramitar un nuevo DNI.
PD: Este texto está dedicado a Melisa Alfaro Méndez, amiga, periodista y leal compañera de estudios que fue despedazada por un sobre bomba el 10 de octubre de 1991. A JJ Herrera que purgó 8 de años en la cárcel solo por ser reportero gráfico. Y a Jarita Berrospi, el periodista amigo torturado salvajemente, a quien, unos jueces sin rostro, condenaron a 20 años de prisión por ayudar a difundir el croquis donde ocurrió la matanza de La Cantuta.

ALAN / Envío de Rafael Inocente



El jueves por la noche me sucedió algo surrealista. Algo que me devolvió, aunque sea por unos minutos, la fe en nuestro pueblo.
Después de guardar el Volksvy 60 en la cochera, salí con mi mochila al hombro y en la esquina del Mercado recibí la llamada de mi amigo Juan Carlos Pasache Portilla. Pasache, asqueado de los miasmas irrespirables que difundían los canales de televisión, por la supuesta autoeliminación de Alan García Pérez, había salido a dar un par de vueltas con la Murray. La toxicidad de los medios peruanos, el descaro de los ruines periodistas sobornados por el sistema, la vulgaridad y estupidez rampante de los reporteritos y los protervos políticos de todos los pelajes, convirtiendo en héroe al más grande criminal que puedan haber parido tierras peruanas, resultaban insoportables para un hombre sano y fuerte como Juan Carlos. Nos encontramos en la puerta de la farmacia del barrio en menos de cinco minutos. Juan Carlos, recio tornero senatino de 56 años, se apareció en la Murray ochentera de cromoly aligerada con componentes de aluminio para mitigar el dolor de las rodillas. Para un hombre culto que trabaja con las manos y se enorgullece de su extracción de clase, escuchar todas las flores que los periodistas echaban a Alan, era una burla al buen entendimiento, un escupitajo al sentido común, una mentada de madre a todas las víctimas de este asesino. Por eso Pasache descreía del suicidio del hombre que más desgració el país y que parió a Fujimori en la Universidad Nacional Agraria La Molina. Todo esto y más conversamos en menos de un cuarto de hora, pero cansado de la ardua jornada, decidí partir y cuando estaba por despedirme de tan caro amigo, un estremecedor alharido nos sacó de nuestras elucubraciones:
- ¡Jaaaaaaayyyyyy, siñoooor!
- ¡Rata, rata! ¡rataaaaa!
Al instante volteamos a mirar a la alharacosa y nos dimos con la tía Narcisa, una paisana cincuentona, probablemente huancaína o huancavelicana, una de las tantas mujeres del pueblo de Santa Anita que se recursea por las noches vendiendo alitas, fritangas, salchipapas o papa rellena para todos los que regresamos de trabajar hambrientos y cansados.
La rata, gigantesca, panzona, ofensivamente retadora, corrió hacia la pequeña farmacia del barrio. Intentó trepar por las vitrinas, rascando el vidrio con sus garras fieras, pero la lisura del cristal impidió su cometido. Luego intentó subir por el mostrador de melamine, más el hermetismo de las instalaciones de la farmacia, impidieron su desesperado propósito. Oscar, el amable chivito dueño del establecimiento, gritaba enloquecido, ayuda por favor, ¡auxilio! ¡socorro! ¡una rata! Una raaaaataaaa!
En ese momento apareció otra tía, frutera del mercado, más atolondrada que la anterior y al grito de ¡mata rrata, carajo!, nos lanzó un arma arrojadiza.
- ¡Mata rrata, siñoooor! ¿No ves acaso?
No me quedó otra que coger la flor, pero una tercera mujer se abalanzaba sobre Juan Carlos con un escobillón mocho, mientras que a grito pelado azuzaba:
- ¡Alan is, siñorr! Mata Alan! ¡Alan si iscapa!
Pero un concierto de voces se confundía y pugnaban por tener la razón.
- ¡Alan ya se suicidó, vicina!
- Tas criyendo, oy, zonzonazo!
- ¡Qué se va matar isi maricón!
- ¡Mata rata, caraju!
- ¡Si iscapa! Si iscapa!
Pasache tieso miraba a las doñas sin saber qué hacer. Con sus inmensos ojos bovinos me interrogó, ¿qué hago, Rafo, qué hago? Carajo, zambo, ¡dale!, le dije sin hablar, pero ya teníamos una multitud de mujeres y chiquillos encima, amén de dos o tres tíos revoltosos que clamaban por la eliminación de Alan.
Ya no tenía escapatoria. Recordé a Hernán, mi abuelo materno, un corpulento ancashino matarife y experto cazador de caballos salvajes en las serranías agrestes entre Ancash y La Libertad, recordé mis tiempos de cazador de piqueros patas azules en la Isla Lobos de Tierra con el gallego-vasco Alberto Velando y las zambullidas a las 6 de la mañana en las frías aguas de las Islas Chincha, San Gayán, Marcona y Punta Coles para recoger caca de lobos marinos y sin más pensarlo tomé la escoba que me había arrojado la paisana de las fritangas y asesté dos golpes a Alan, pero con poca suerte. La miopía, la oscuridad de la noche, la velocidad de Alan intentando escapar, me impedían acertar con los palazos.
- ¡Oy, siñorr! Si ti iscapa Alan! Nu dejes qui si iscape, caraju!
- ¡Mata Alan, oy!
- ¡Mata Alan!
El siguiente golpe fue directo al espinazo. Alan se quebró y quiso trepar a una mototaxi estacionada, mientras el vil mototaxista decía, déjalo, papi, ¡ya está muriéndose, papi! Mientras Pasache se enfrentaba al mototaxista reguetonero, el coro crecía cada vez más:
- ¡Mata rrata, carajo! ¡Que no escape!
De repente una vocecilla chacalonera dijo:
- ¡Sal de ahí, papi!
No se de dónde se materializó un tipo cincuentón con patas de alicate y espalda de llenatecho. Con short de reguetonero y sandalias, intentó darle un pisotón a Alan, pero éste, mal herido, zigzagueaba e intentaba meterse a cualquier hueco de las malogradas pistas y veredas de la zona. Al siguiente pisotón de Patas de Alicate, Alan se encabritó y la gente chilló y corrió despavorida.
- Ahora vas a ver, ¡concha tu madre! –exclamó Patas de Alicate mientras lanzaba por los aires sus sandalias rotosas.
- ¡Is Alan, siñooorr! El diablo is!
- ¡Mata Alan, papay! Mátalu!
En pocos minutos aquella esquina se había convertido en un loquerío. La gente transeúnte pensaba que se trataba de un ratero o una pelea entre mototaxistas venezolanos y peruanos, o algún arrastraviejas al que habían capturado para darle su merecido, pero lo que desconcertaba aún más a la gente era escuchar mentar el nombre de Alan. En instantes vertiginosos ví en mi mente como en un holograma al Rey Mono postrado en el suelo, torturado por el Monje Tang y el Cerdo de las Ocho Abstinencias. Le acusan de haber matado a varazos y sin compasión alguna al multiforme Demonio de Hueso Blanco, quien travestido en una dulce doncella, había pretendido engañarlo nuevamente. Las palabras del Rey Mono contra el Monje Tang, diciéndole que con los demonios nunca hay que tener piedad, que hay que exterminarlos de la faz de la tierra, resonaron en mi cabeza y no esperé más:
- ¡Toma, mierda! –un certero palazo en la cabeza dejó a Alan patitieso, aunque todavía se movía y convulsionaba.
En medio del estertor de la rata, la gente gritaba:
- Mata, Alan, siñorr! ¡Mátalu! Mátalu!
- ¡Papi, sal! Sal de ahí! –gritó Patas de Alicate, mirándome. Su pierna chueca se alzó a la altura de mi cintura y con la pata pelada restregó la cabeza de Alan contra el pavimento hasta que la sangre saltó como un chisguete.
- ¡Bravo! -gritaba la gente enfervorizada, ¡mátalu! ¡mátalu! Gritaban alborozados en medio de los aplausos, mientras que en los noticieros Alan era canonizado por todos los canales de la televisión peruana.

viernes, 12 de abril de 2019

PREMIO Y RECONOCIMIENTO AL INTELECTO CREADOR




Hace unos días tuve el honor de recibir el Premio y Reconocimiento al Intelecto Creador por parte de Lambayeque y la Región Norte. Reconocimiento, además, que me fue otorgado por el propio alcalde Álex Rodríguez Alvarado, el teniente alcalde José Antonio Eneque Soraluz y el subgerente de Promoción y Desarrollo Cultural y Turístico: Nicolás Hidrogo Navarro (NHN).
Fue una fiesta que duró una semana entre reuniones con artistas, almuerzos, vernissages, visitas a museos como el Museo Tumbas Reales de Sipán o Las Pirámides de Túcume (al cual no pudimos ingresar por las lluvias torrenciales que habían dejado sin energía eléctrica al lugar) o al hermoso balneario de Pimentel y mi participación en eventos para impulsar la cultura en la región. Tal y como se hizo en el Parque Infantil donde se me retó a pintarme el rostro de Llampayec en un concurso de pintura para niños. Y acepté para alegría de decenas de infantes que mostraban sus lienzos cuyos mejores trabajos fueron premiados por la profesora de ascendencia alemana Nevenka Waltersdorfer.

También estuvimos en los preparativos de Semana Santa, evento turístico de suma importancia por la cantidad de visitantes que llegan de fuera y del interior del país, con los previos al Jesucristo Superstar dirigida por Greta Lisboa y cuyo rol protagónico lo iba a interpretar el actor de renombre Reinaldo Arenas con quien nos cruzamos en un conocido restaurante. La parroquia de la enorme Iglesia San Pedro, cuya construcción data del siglo XVII, fue escenario de los multitudinarios ensayos donde niñas, señoritas, madres padres y, sobre todo, jóvenes, seguían las pautas y el guion establecido para semejante obra. Desde ya un éxito por la enorme multitud que los seguirá en procesión. Una obra de teatro imperdible.

Es de rescatar el enorme impulso que viene ejecutando el escritor y director del Conglomerado Cultural y ahora Jefe de Turismo Nicolás Hidrogo Navarro, quien ha generado toda una revolución literaria en la región incentivando la lectura, promoviendo premios para los artistas, trayendo gente de Lima y otros lares, tanto en música, pintura, poesía, cuento, novela, ensayo, etc. Creo que NHN no solo es un excelente escritor, sus más de diez libros lo confirman, sino, desde ya, se proyecta como un gran operador cultural o un potencial ministro de cultura, el que, como país bicentenario, debiéramos tener. Atención políticos.

Fue grato coincidir con la presentación del grupo experimental de arte y poesía TetraLogos que llegaron desde Lima con su  libro Travesía Moche y cuya espectacular presentación en el Museo del Señor de Sipán abarrotó el local (lean el prólogo aquí: http://www.limagris.com/tetralogos-lambayeque-y-una-leyenda/). Así, Eldi Toro, Nora Curonisy Lostaunau, Tania Temoche y Patricia del Valle, retumbaron con sus poemas escritos desde las perspectivas de la arquitectura, la fotografía, la docencia y el periodismo y que fueron aplaudidos por la platea compuesta no solo por universitarios, colegiales y público en general sino también por autoridades y los directivos del Museo. Es de resaltar la participación de la cantora yautina Rumy Yacu quien interpretó temas relacionados a la cultura Moche de su propia composición y que tuve el honor de acompañar en la quena.

Quisiera agradecer también la hospitalidad del pueblo Lambayecano. Las gracias a los lugares, peñas, resorts y restaurantes turísticos: El Paisa Norteño, El Cántaro, El Chalán, La Cucarda de doña Milagros Fátima Fernández, y, cómo no, al Castillo del Pan del empresario y escritor Álex Castillo. Y al prestigioso hotel American Inka del cual soy ya “personaje ilustre”. Las gracias también a toda la prensa que cubrió el evento y nos convirtieron en tendencia en las noticas y, especialmente, al periódico La Verdad que nos dedicó una contraportada (reemplazando así las noticias sobre política); a La República que rebotó la noticia mundo et orbis; al Ciclón, La Razón, a La Industria de Chiclayo cuya hermosa fachada colonial no visitaba hace tiempo, etc.

Muchas gracias, Lambayeque y la Región Norte por este premio, Broche de Oro, medalla, diploma y "Reconocimiento al Intelecto Creador" que renueva mi compromiso con la palabra y con la vida. Soy, desde ya, un embajador cultural de la civilización Moche y de sus dignos y honorables herederos.

¡Salud y libertad!

Siempre,

Rodolfo Ybarra

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