
Esta semana (que esperaba descansar, mientras veo cómo Europa se llena de ceniza volcánica, China tiembla con terromotos de 8 grados y Perú se llena de graves denuncias de corrupción) se han publicado dos artículos que hablan maravillas sobre la cultura en nuestro país. Uno de ellos es “Democraticemos la cultura” de la congresista Luciana León publicado el miércoles 14 en el chiquero Correo: http://www.correoperu.com.pe/correo/columnistas.php?txtEdi_id=&txtRedac_id=LLEON,
y el otro: “Lo que le gusta a la gente” de la sachaperiodista Patricia del Río publicado ayer viernes 16 en el diario acomodaticio Perú 21: http://peru21.pe/impresa/noticia/lo-que-le-gusta-gente/2010-04-16/272752
Lo curioso de estos dos artículos (o excreciones gastrointelectuales con rasgos estrogénicos) es que guardan relación en torno a la vista panorámica que tienen estas dos microcéfalas, hijas de la reacción y fuelles desatadas de la seudodemocracia y el embrutecimiento organizado . Una, la novicia rebelde del apra, se va al Brasil en un encuentrito con culturosos carcamanes (al que también fueron invitados los de la Tarumba y Bola Roja. ¿Quiénes los han colocado como insignias artísticas de nuestra sacha nación? ¿a quiénes representan estos señores? Será a los niñitos de bien o a los hijos de los criollos de colegio y universidad particular que pueden pagar talleres de verano en dólares para que sus sonrosados vástagos puedan aprender “expresión corporal” y a dominar el arte del tai chi, del swing y el contac) y ahí en un lugar alejado, esta hija del maldecido y ladrón corrupto Rómulo León, y ahijada del genocida y mitómano despreciable Alan García, descubre que tenemos que “DEMOCRATIZAR LA CULTURA” y para colmo nos habla de su famosa “Ley de Espectáculos”, ley que más sirve a los empresauros y vejestorios roqueriles (o muertos vivientes de la balada internacional como Julio Iglesias) que aprovechan la evasión de impuestos para venir corriendo a soltar sus gallos, endulzarnos con un caramelo y darnos funciones lamentables). Pero lo peor es que esta cojuda politiquera no entiende (o no quiere entender) que “democratizar la cultura” pasa primero por democratizar los ingresos y alcanzar una distribución real de nuestras riquezas (pensar en “democratizar la cultura” con sueldos de hambre es un despropósito aquí y en la cochinchina); pasa por alejar a partidos de formación delincuencial, sicarios y lumpenes del gobierno (pedir la vacancia presidencial por incapacidad moral no puede tomarse como desestabilizador-de-la-democracia y es más bien lo contrario: el fortalecimiento de una democracia donde el pueblo puede exigir y ser escuchado); pasa por entregarle al pueblo el poder que se encuentra secuestrado en un puñado de miserables (las leyes actuales todavía contemplan los casos de desobediencia civil ante un gobierno déspota, propulsor de la ignorancia y corrupto). “Democratizar la cultura” no puede ser un exabrupto y eructo mental (ya estamos cansados de esos escupitajos con formato de “reflexión”, la oratoria y el explaye escritural), debe ser una consecuencia natural del supuesto avance de nuestra economía; si los que se mantienen en el poder no quieren aceptar esto entonces tienen que acostumbrarse a los bloqueos de carreteras, a las luchas intestinas y reclamos sociales que exigen partidas de inversión, dinero para paliar al olvido y empinarse encima de la ignorancia. Piedras y palos para sacar a los poderosos un poco de plata para el Perú real (los casos de Arequipa, Moquegua, Puno, y hasta el mismo caso lamentable de Bagua son la prueba tangible de ello).
El caso de Patricia del Río no es mejor, ella se va a ver la muestra de Mario Testino en el Museo de Arte de Lima y llega maravillada por “altísimo” nivel cultural en el que nos encontramos, para ella ya no hay analfabetos, iletrados (ni semianalfabetos o analfabetos funcionales) los miles de pueblos jóvenes mantenidos en la ignorancia desaparecieron por arte de magia, los cerros miserables con sus “serranos apestosos y brutos” fueron liquidados y reconvertidos por la inyección cultural de un gobierno asesorado por Salomón y los sabios de sión (valga la rima). Leamos con las cejas arriba y conteniendo la sensación emética: “El último domingo fui con unos amigos a ver la muestra de Mario Testino en el Museo de Arte de Lima (MALI). Las fotos son espectaculares; sin embargo, lo que más me impresionó fue la gran afluencia de público de todos los niveles socioeconómicos, profesiones, intereses y edades, que hacía pacientemente su cola para disfrutar de la exposición. Ahí estaban madres con sus niños, estudiantes, jubilados, señoronas bien limeñas y pelucones barranquinos esperando pacientemente para consumir arte del bueno. Y ni crean que era por la novelería de ver a Kate Moss casi calata o a Julia Robert besando una ardilla. No. Las muestras de cerámica de Cupisnique y los dibujos de Camilo Blas, que se exhibían en salas aledañas, también reventaban de gente.
Llegué a mi casa fascinada con la apuesta del peruano de a pie por experimentar emociones que lo conectarán más con la capacidad humana de crear belleza y lo alejarán de la cotidianidad que a veces resulta tan chata y violenta. Curiosamente, mientras la mayoría de los canales de televisión insiste en llenar la pantalla con propuestas basura que limitan el entretenimiento o chismografía barata, poca ropa, mucha silicona y escasas ideas, los limeños escuchan Mi novela favorita (adaptación radial de los clásicos de la literatura), asisten masivamente a las ferias del libro y participan en los festivales del teatro”.
Es decir, según esta periodista de juguete, estamos en pleno auge del Renacimiento, hemos sido transportados por arte del birlibirloque a la "ciudad luz", la aristocracia del saber ha encontrado su par en un pueblo culto y de buenos modales y gustos (Todo esto es un demodé. El Manual de Carreño es el manual de sobaquera de los choferes de Combis, y El Dedo Meñique es el best sellers que las empleadas domésticas esconden en el mandil de servicio)). Pero qué clase de estúpid@ puede hacer una reflexión tan caricaturesca y alejada de la realidad. Cómo pretender en una visita a un museo publicitado sacar conclusiones tan apresuradas y totalmente desligadas de una realidad que a todas luces condice los flatos bucales de esta gacetillera de medio pelo (¿quién y cuánto le han pagado a Patricia del Río para barnizar el olvido cultural en el que nos encontramos?).
Apelar al sincretismo para mostrar una verdad a medias (o media mentira) no es ético, más bien es tendencioso y maniqueo y, en este caso, busca congraciarse con un gobierno ignorante que inaugura de mala gana museos ceveerreicos y casas de la literatura, y auspicia esquizofrénicamente la conversión ipso facto de institutos y academias en universidades de nombre pomposos, pero paga mal a sus profesores, olvida a sus artistas, apalea a sus jubilados y hace estudiar a sus alumnos desnutridos sobre ladrillos y bajo esteras (¿por qué nadie se anima a denunciar esta realidad? Aquí una muestra: http://rodolfoybarra.blogspot.com/search?q=colegios+en+barranca). Y esto último que podría ser una metáfora, un tropo literario, es la realidad palpable y visible sin lupas de aumento en los colegios en provincias, en las zonas alejadas a donde no irán jamás las autoridades (mas que a pedir votos) mucho menos Lucianita León ni la Patricia del Río.
Llegué a mi casa fascinada con la apuesta del peruano de a pie por experimentar emociones que lo conectarán más con la capacidad humana de crear belleza y lo alejarán de la cotidianidad que a veces resulta tan chata y violenta. Curiosamente, mientras la mayoría de los canales de televisión insiste en llenar la pantalla con propuestas basura que limitan el entretenimiento o chismografía barata, poca ropa, mucha silicona y escasas ideas, los limeños escuchan Mi novela favorita (adaptación radial de los clásicos de la literatura), asisten masivamente a las ferias del libro y participan en los festivales del teatro”.
Es decir, según esta periodista de juguete, estamos en pleno auge del Renacimiento, hemos sido transportados por arte del birlibirloque a la "ciudad luz", la aristocracia del saber ha encontrado su par en un pueblo culto y de buenos modales y gustos (Todo esto es un demodé. El Manual de Carreño es el manual de sobaquera de los choferes de Combis, y El Dedo Meñique es el best sellers que las empleadas domésticas esconden en el mandil de servicio)). Pero qué clase de estúpid@ puede hacer una reflexión tan caricaturesca y alejada de la realidad. Cómo pretender en una visita a un museo publicitado sacar conclusiones tan apresuradas y totalmente desligadas de una realidad que a todas luces condice los flatos bucales de esta gacetillera de medio pelo (¿quién y cuánto le han pagado a Patricia del Río para barnizar el olvido cultural en el que nos encontramos?).
Apelar al sincretismo para mostrar una verdad a medias (o media mentira) no es ético, más bien es tendencioso y maniqueo y, en este caso, busca congraciarse con un gobierno ignorante que inaugura de mala gana museos ceveerreicos y casas de la literatura, y auspicia esquizofrénicamente la conversión ipso facto de institutos y academias en universidades de nombre pomposos, pero paga mal a sus profesores, olvida a sus artistas, apalea a sus jubilados y hace estudiar a sus alumnos desnutridos sobre ladrillos y bajo esteras (¿por qué nadie se anima a denunciar esta realidad? Aquí una muestra: http://rodolfoybarra.blogspot.com/search?q=colegios+en+barranca). Y esto último que podría ser una metáfora, un tropo literario, es la realidad palpable y visible sin lupas de aumento en los colegios en provincias, en las zonas alejadas a donde no irán jamás las autoridades (mas que a pedir votos) mucho menos Lucianita León ni la Patricia del Río.
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