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viernes, 25 de junio de 2010

ESCRITORES MULTIDROGOS RESISTENTES

BUSCAPIQUE



En una reciente entrevista que le hace Alberto Mego (perseguido injustamente por la prensa burguesa) a Oswaldo Reinoso en la revista impresa Primero de Mayo, el autor de Los Inocentes dice que no acepta el sistema binario de los andinos y criollos, que él no se siente parte, ni nada por el estilo. Oswaldo refiere que hay escritores transgénicos (o sea l@s vedettes literarias que embelesan los certámenes literarios y las vitrinas culturales de este país) y escritores auténticos (o sea, los de cuño y puño). En vista de que la respuesta no me llega a convencer, con todo el respeto que le tengo a Oswaldo (en un mundo desbaratado por el excesivo uso y abuso de la información donde todos heredamos y “copiamos” algo cuasi subliminalmente, la autenticidad ya no es un bien, es una manifestación egotista), propongo que a los escritores TRANSGÉNICOS se opongan los escritores MULTIDROGOS RESISTENTES (categoría de tbc fortalecida por el excesivo abuso medicamentoso). Si hubiera alguien que ofreciera mejores definiciones, por favor manifestarse. Las propuestas quedan abiertas.
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sábado, 14 de agosto de 2010

ALGO SOBRE LAS MARCAS DE ROPA Y ELECTRODOMÉSTICOS (Y DEMÁS CACHIVACHES) EN LA LITERATURA I

{Afiche de la película American Psycho basada en la novela del mismo nombre. La directora fue Marry Harron, la misma que filmó I shot Andy Warhol. Dos películas de culto, aunque, valgan verdades, la última, donde se narra la vida de Valery Solanas, la formuladora del SCUM o sociedad castradora de hombres, fue mejor que la American Psycho (cualquier explicación lo dejo para los comentarios)}.


A mediados de los noventas, la poeta huarasina Tania Guerrero (http://urbanotopia.blogspot.com/2006/10/tania-guerrero.html ) vino a buscarme porque tenía que recoger unos materiales en Lima y consultar algún tema con la poeta C. O a quien fuimos a buscar en un conocido instituto documentario dedicado a la mujer. Aquél día, mientras mi amiga revisaba algunos libros en una oficina que fungía de biblioteca, tuve una conversación informal con C.O. El tema, lo recuerdo bien, fue la novela American Psycho de Bret Easton Ellis (recomiendo leer Menos que Cero y Las Reglas de la Atracción, después se ha entrampado en un asunto de vampiros, chupasangres, chupacabras y chupacualquiercosa). Mientras yo me inclinaba por los asesinatos y la brutalidad del personaje, un yuppie desquiciado que empieza a matar sin motivos aparentes, C.O. se inclinaba por las cien primeras páginas de la novela, las que narran y describen los electrodomésticos y el recargado uso de marcas de ropa y de enceres inservibles. En un punto de no retorno de la conversación (esos momentos en los que es mejor callar para no amargar al interlocutor, más si es una dama que trata de ponerse interesante y culturosa) pensé secretamente en Yasuo Tanaka, el fenómeno cultural japonés de los ochentas de quien yo había leído la novela Nantonaku, Sentimiento Cristal (o “Cristal” simplemente, según las escasas traducciones al inglés), repleta de nombres de marcas y estribillos comerciales que es de donde copia American Psycho (publicada en 1991) todo ese discursillo marcketero. Obviamente, preferí callar, no había razón para convertirme en aguafiestas ni atropellar tamaña emoción por la incorporación de marcas en las novelas (aunque no lo crean soy muy respetuoso de la emoción ajena, así sea una emoción falsa o basada en un elemento chueco). Entre el consumista acartonado Easton Ellis y el protoconsumista del capitalismo oriental anti-Zen Yasuo Tanaka (no confundir con un politólogo decadente local), es claro que el segundo se lo lleva de encuentro, por lo menos es auténtico y le canta al mercado sin aspavientos. Es un enemigo declarado y se enorgullece de serlo. ¡Que le pasen las espadas de la crítica!
Por lo tanto, perdonando esas cien primeras páginas de American Psycho, lo mejor que tiene esa novela son los asesinatos: cómo cocina a una mujer y cómo degolla a un niño, entre otros donde la sangre llega al río y al rostro sorprendido del lector. La parte final de la persecución donde los yuppies se mimetizan y se confunden (porque todos son y deben ser el mismo) y explotan autos y otros recursos hollywoodenses puede pasarse por alto y sólo sirven de “masa muscular” (o, mejor, grasa, “aceite de avión”) para la arquitectura del texto, el cuerpo escritural.
Hay que recordar que en el Perú en 1997 se publicó “Contraeltráfico” de Manuel Rilo que también apela con criterio cachaciento (y harta violencia callejera) al recurso de las marcas, aunque en su caso está más ligado a la moda y a las marcas de ropa de élite (Armani, Chanel, DK, Dolce Gabana, Valentino, etc.,); aunque (habráse visto) también apoya la industria nacional: “Terminé de vestirme. Me decidí por unas bermudas a cuadros Náutica. Un polo negro con un estampado de un bebé gruñón de Efetus (industria nacional), y unas zapatillas negras de Topaia. En la mochila metí otras prendas para la noche. Un jean desteñido de Canal y una camisa verde de Marithe Girbaud”. Contraeltráfico, El Santo Oficio Ediciones, pg. 106.
La incorporación abundosa y desenfrenada de marcas en la novela de Yasuo Tanaka marca un punto de quiebre de penetración del consumismo capitalista en el mundo creador novelero (lo “novelístico” lo dejamos en duda). Es una inyección aceitosa en la nalga rosada de la literatura. Esta incorporación, que podría tranquilamente funcionar como “publicidad” (algo así como en la cinematografía cuando enfocan relojes Rolexs, Lentes Ray bam, bolsos Louis Button, autos Audi, o zapatillas Nike, New Balance, All Star, Puma, lecoq sportif, etc., usando el celuloide como vitrina), es quizá el reverso de la propaganda anarquista de fines del siglo XIX donde la bomba era “la propaganda de hecho” narrado en la novela El Agente Secreto de Joseph Conrad (la explosión y por consecuencia la destrucción y la muerte eran la expresión de la disconformidad, eran la “vitrina” de la disconformidad. En el Perú, en un libro de Roger Mercado, leí que “las bombas son el grito de expresión de las masas oprimidas” ¿!). Hoy la “bomba sucia” (de uranio o plutonio) es la totémica publicidad que como un gusano electrónico o gusano triquinoso se mete en las conciencias de los consumidores (psicosociales dirigidas) para monitorearlos y obligarlos a comprar lo que sea. Compra o muere es la consigna de estos tiempos (la oligofrenia-paranoia-compradora ha establecido el roba, mata y compra), y aunque es una verdad de perogrullo, lo cierto es que en literatura los críticos y letratenientes callan lo que le conviene. A esto hay que sumarle los escritores sutiles que venden confort, formas de vida de sumisión y sujeción, estándares de conformidad y laxitud donde la rebelión o la disconformidad es sinónimo de terrorismo (este mote es un anatema global impuesto por el imperialismo global desde las épocas del actorzuelo y criminal, Ronal Reagan). Estos escritores sutiles (opuestos a los escritores MultiDrogosResistentes de la que ya he hablado en otro post: http://rodolfoybarra.blogspot.com/search?q=escritores+multidrogos+resistentes) no nos hablan de marcas porque se han tragado entero al sistema y excretan mierda, el bagazo sintetizado y libre de impurezas, la flora intestinal-mental con la que se escribe en estos días. Basta revisar los libros de las estanterías para darnos cuenta. La estética (capitalista) ha fagocitado la ética (¿socialista?). Nos debatimos en un mundo de apariencias donde el libro también es una mercancía manipulada por la reacción y por sus peritos psiquistas.

Pero no nos alejemos, ya habrá motivo para otro post sobre este punto.

Siguiendo con las marcas publicitarias en la novela moderna hay que tener en cuenta que en novelas urbanas como la de Rilo, lo que busca el autor (por contraste) es la ironía, la denuncia y sobre todo una gran carcajada sobre los atavíos que, en algunos casos, apenas nos distinguen de los monos. De todas formas, esperamos más Rilos y menos Tanakas (a la larga este último se hizo político, siempre lo fue, y llegó a ser gobernador de Nagano-Japón en el 2000, en su biografía consta que reprobó el ingreso a la universidad). Más escritores que puedan demoler las marcas, las modas, los criterios consumistas, el catecúmeno culto a los mp3, mp4, Ipod, noteboock, las cámaras fotográficas captadoras de sonrisas cosméticas y tanta estupidez que destruye y trastorna las conciencias de los jóvenes y no tan jóvenes. Y menos escritores que hablen de banalidades o de cómo se escribe una novela, (cómo flatulentea un plagiario regio (Bryce Echenique)) o historias pequeñoburguesas o ditirámbicas que a las justas reemplazan a las telelloronas mexicanas o los stand comedys de un fenilcetonúrico que se las quiere dar de payaso (Bayly).
La muerte de la cultura de la mercancía llegará de la mano de la educación, la lectura y de la conciencia de clase o en su defecto de la posición de clase del que ha decidido apostar por las mayorías engañadas y sometidas a la dictadura de la falacia. Recordemos aquella frase de Lenin cuando dijo que “la burguesía nos vendera la soga con la que los ahorcaremos”. La literatura es, para los escritores e intelectuales del pueblo, la soga que se apretará en el cuello de la mentira. Sólo nos salvará la lucidez porque la ignorancia es entreguista y hueleguiso: calla, otorga y se pone en la cola para cobrar por los favores. Por eso entendemos a todos esos escritorzuelos que se lamen como perros entre ellos, aquellos poetastros que le cantan a “las patitas de la hormiga” o a la luna (como aquella canción del toro enamorado), aquellos blogers acojudados que no hablan de política porque no quieren “ganarse” problemas (y si hablan es para defender un sistema seudodemocrático, gusanera de tanto mediocre y que hiede a berrinche).
Quisiera acabar, asumiendo una “propaganda de hecho” escritural, con una cita de Condorcet que aparece en “Los Muros Tienen La Palabra”, periódico mural de La Sorbona en mayo del 68. Recopilación de Julián Besancon, Editorial Extemporáneos, pag, 159:

“La Humanidad sólo será feliz cuando el último capitalista sea colgado con las tripas del último izquierdista”.

Continuará.