martes, 12 de enero de 2010

“LA INCREÍBLE HISTORIA DE CARLOTTA RENCHIFFO”

FICCIÓN





Carlotta Renchiffo es una vieja estrogénica a la que nadie hace caso. De joven intentó ser escritora y se metió a un tallercito literatoso de una amiga que cree en las mariposas (más bien polillas) y en los sanguches de pavo; ahí, entre el papelerío higiénico, el tisú, la lima para uñas y las ideas fronterizas, se encontró con Ivanovna Taillería, otra vieja apitucada con problemas de dicción y frigidez crónica, que escribió un par de libros obtusos sobre la grasa abdominal de los hombres casados y sobre el retardo de la menopausia (texto al que un crítico oligofrénico ha tenido a mal ubicar como uno de los más importantes de la década ¿¿??). De esta forma, Carlotta, la incomprendida, la marginada por su propia torpeza y su cerebro con gibas y corcovas, garrapateaba, sin mayor suerte, algunas partituras literarias: primero intentó ser poeta, pero los versos le salían torcidos, aguanosos, casi como una deposición con rasgos de disentería, cólera o laxamiento accidental, lejos de alguna clasificación escatológica o del algún afinamiento literario. Era mala, malísima. Sus textos no pasaban de ser simples garabatos o arrebatos de colegiala ante el himeneo adolescente, tráfago púber de las clásicas cartitas de amor o de los raptos de nostalgia o arrechura pasajera; y, encima, no podía desquitarse de la sombra de Bretón y de César Moro, y lloraba a moco tendido la mediocridad que se tendía como una nube gris sobre su estro poético; luego intentó ser cuentista y terminó de cuentera, escribiendo sobre cómo un viejo verde violaba a unas niñas turecinas, o cómo un indigente se cortaba las venas ante la falta de oportunidades, o cómo los pirañitas hacían de las suyas en una calle oscura y licenciosa; pero, oh originalidades (oh dios, sin pecado concebido), esa historia y todas sus historias ya habían sido explotadas por otros escritores del llamado realismo sucio, así que se molestó, sin razón, cuando un awebonado crítico literario la ubicó como parte de las grouppies, bataclanas y feminoides que seguían al malvado de Bukowski. Luego, intentó ser novelista, y, como no tenía creatividad alguna, mucho menos técnica posible, salía con su grabadora en el sobaco adherido con masking tape a un costado del brassiere para robar historias y trasplantarlas al papel tal cual; entonces, sigilosa como rata de alcantarilla, se acercó a un viejo amigo, aventurero e iconoclasta, a quien ella tenía aprecio (o eso parecía) porque le había presentado a algunos intelectuales de la escena capitalina, y lo grabó de principio a fin. Le robó sus ideas, incluso las pautas y las líneas generales que él había escrito para una novela personal. Se apropió de los borradores que él amablemente había confiado. Eso no le importó, ya nada le importaba a Carlotta Renchiffo, atravesada por una avaricia y codicia literaria nunca vistas; ella quería ser escritora a como dé lugar y nadie se interpondría en su camino: solo su propia medianía. Había lanzado el anzuelo al mar del arte literario y esperaba sacar un pez gordo que aleteara y la coronara con las escamas del saber. Cabe anotar que durante muchos años bregó duramente, sentándose a escribir, pidiendo ayuda allá y acullá, yendo a visitar a escritores viejos (los mismos que le presentó el amigo aventurero) que le dieron todos los consejos posibles, e incluso la ayudaron en la corrección de sus parrafadas, pero sin efecto alguno porque el olmo no podría dar peras y Carlotta lo único que podía producir en cantidades industriales era mediocridad, estupideces, y, harta, pero harta, bilis, ese humor que los griegos antiguos habían descubierto como el causante de enfermedades.
Ya casi cincuentona, con las canas y las arrugas invadiendo su rostro se dio cuenta que no había nacido para ser escritora, a lo mucho una escribidora de baja estofa, una gacetillera o copista de textos, hecho que le dolió en el alma aceptar hasta que asumió su destino, como quién no quiere la cosa, como quien se hace a un lado para que pase el respetable, e inventó un espacio literario virtual con el nombre al cual había rehuido tantos años: La Escritorzuela. Entonces, parecía franca, muchos se sorprendieron por este cambio, pero su envidia y su insania no tenían límites, y como ya se había resignado (malamente) al oficio literario decidió que destruiría a todo aquel que intentase lo que para ella por razones naturales le había sido negado: ser literata, una mujer de letras, una señora de letras tomar. Así, haciéndose la cojuda y como quien no quiere la cosa, empezó a atacar a todo aquel que publicaba un libro; primero empezó enviando anónimos, reseñas maledicentes, cartitas , misivas que firmaba como NN, luego, poco a poco se fue inflamando su verdadera personalidad, el descaro y la mala leche se avinagraron dentro de su ser y empezó a usar su propio nombre. Asumió que ya no tenía nada que perder, que su triste papel tendría que representarse sin más avatares, a pellejo pelado: mostrar su verdadero rostro. Para ella el sólo hecho de una publicación se convertía en una ofensa, en una maldición, un anatema que enervaba y empujaba su persona hacia el mal patológico (por cierto, lejos de La Literatura y el Mal de Bataille). Empezó a ver enemigos por todos lados, monstruos con cabezas de libro que le increpaban su falta de talento, seres librescos, molinos escriturales hechos de cartón reciclado y con enormes polillas que la buscaban para agusanarla e infestarla con las siete plagas. Todo aquel que trazase versos o construyera historias en el papel era un potencial enemigo, alguien que tendría que destruirse, evaporarse, extinguirse sin remedio.
Un odio inconmensurable como un gas acuoso, una flatulencia hirviente, una horripilante hez crecía desde su útero como un hijo del demonio, bajaba como un descenso o como un aborto por sus piernas varicosas, recorría como una pus sus venas escleróticas, su repodrida cavidad craneana, sus dientes cariados de hiena vieja y se apoderaba de todo su ser hasta que como una punzada en el recto se sentaba a excretar (léase cagar) todo lo que sus intestinos habían procesado dejando en el papel los trazos, los grumos indigestos, la pastosa cagarruta y boñiga sobre su eventual víctima.
Cierto día un ex amigo había publicado un texto a tres manos que fue saludado por la crítica, Carlotta Renchiffo dio el grito al cielo, empezó a arrancarse los cabellos y a arañarse el rostro, infligiéndose tajos en los brazos con sus enormes y astilladas uñas postizas. La envidia y la rabia le hicieron perder el control, se le reventó la hiel dentro del alma, una negra tempestad le llovía por dentro, Carlotta volcó todo su odio en una supuesta reseña, una carilla y media de injurias, necedades, despropósitos e insultos; se preocupó por enviar su diatriba a todos los conocidos, mandó cartas a los periódicos, envió por courier a todos los críticos, rebotó como loca a todos los e-mails de conocidos y desconocidos; y no bastándole esto se dedicó a llamar por teléfono a todo el mundo para contarles de su hazaña. Su mala intención era bajarse a como de lugar el libro de su ex amigo y de los otros dos buenos escritores. Carlotta, sin quererlo, o queriéndolo con todos los esfínteres, había armado todo un molondrón, muchos que la conocían se preguntaban qué estaba pasando con Carlotta Renchiffo, qué es lo que sucedía con Carlotta. Pobre mujer.
Así de un momento a otro, Carlotta, empezó a hablar sola, a gritar a las paredes, refunfuñar a las puertas (ya que nadie le hacía caso) y a propinarse violentas cachetadas a sí misma. Una noche de luna llena empezó a lanzar las cosas por la ventana de su casa, había ahorcado a su perro y había prendido fuego a las habitaciones. Felizmente vivía sola. Todos sus parientes la habían abandonado, dejándola sola y desamparada. Un vecino que había sido silencioso testigo de excepción de todo el proceso de degradación humana de Carlotta llamó de urgencia a los bomberos quienes llegaron en 15 minutos al lugar de los hechos. Los apagafuegos se dieron cuenta del caso y enfardaron a Carlotta en una improvisada camisa de fuerza hecha de mangueras y capas de asbesto, le colocaron una mordaza --que en realidad era un guante de cuero-- para que no mordiera y no siguiera lanzando improperios, y se la llevaron directo a un frenopático cercano.
Desde aquella vez nadie por estas comarcas volvió a hablar de Carlotta Renchiffo.
Alguien por ahí dice que Carlotta se come sus excrementos, camina en cuatro patas y escribe en las paredes de los baños, todavía guarda un poco de orgullo sobre todo cuando discute oronda con otras locas e histéricas quienes la mandan a rodar, y le arrojan restos de comida, orines o cualquier cachivache que esté a la mano. Lo cierto es que nadie, pero nadie, se acuerda de ella; sólo a su ex amigo --que sigue publicando libros y que no le guarda rencor, pero sí mucha lástima--, se le ocurrió escribir un textículo intitulado: “La increíble historia de Carlotta Renchiffo”, un homenaje a la amistad unilateral, a los tiempos idos, a la cordura que se pierde o que se gana con los años y que en muchos casos acaba en un cuartito acolchado con una rejilla donde el mundo se pierde a cuadritos, pequeños, pequeñísimos como la punta de un alfiler.


26 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

¿Debo entender que a Carlos Rengifo le suda la espalda, que no le gustan las Desdémonas sino los Otelos, y bien zapatones? ¿O es simplemente que "metaforizaste" para joder con más contundencia? Lo que veo claro es que si te joden no pones la otra mejilla para que te jodan doble sino que pones en evidencia que no amas al prójimo como a ti mismo y que no eres entonces un buen cristiano.¿O sea que no temes al infierno tan temido? Yo tampoco, Ybarrinho, yo tampoco.
PIRULO

el quimicefa dijo...

nunca he leido la bestia tricefala ni tampoco las criticas de rengifo, ni se quien es ese bro. pero segun las aclaraciones que hace arturo, la critica de rengifo esta bien torcida. El caso de la esctructura, el cuerpo narrativo y esa vaina, da que hablar, puesto que si bien el foro es un "relato" digamos, es obvio que su función principal es la de transmitir una idea que empuja todo el grueso del foro y el tema de la estructura queda a un lado; el problema de la estructura es que de una u otra forma es un elemento esencial en la narrativa y cumple funciones para con el lector; sin embargo no he hojeado todavia la bestia tricefala, todo seria cuestion de revisarla, y quizas hasta sí cumple con una estructrura narrativa; pero de antemano les digo que presiento que la parte de arturo está más vinculada a la forma de plasmar o transmitir una idea respecto de algo, y esa forma él la adopto utilizando lo del foro. Y lo de esta pequeña lid que se está armando con EL ESCRITORZUELO jaja pienso que se debe a enemistades y ese tipo de cosas; por lo demas, si el libro se defiende solo para qué estarle defendiendo de un mequetrefe de media tinta?.---- Saludos

El hermano Pablo dijo...

Soy el brother Pablo, tu chupe, tu causa, tu chochera
Escritores y poetas de Perusalén, no os ataqueis.
Ybarra no jodais a Carlos "Callao en licra" Rengifo. Cuidad tu alma, teneis que saber perdonar, llenad tu corazon de amor, paz y koinonia
No os peleis.

Anónimo dijo...

DE LUZ DE LIMBO:

Los textos de Ibarra manejan una calidad por encima del promedio. No sé por qué quieren bajarse al Ibarrón con adjetivos y sin ningún análisis. En cuanto a Arturo Delgado es claro su apuesta por un nuevo género, y si no la chunta de forma estética, por lo menos lo novedoso de su propuesta en el terreno político es ya una manera de aceptarlo literariamente. Por su lado Inocente tiene un manejo extraordinario del lenguaje femenino.
Sólo me queda decir que este país está lleno de envidiosos que les jode que un grupo de escritores populares se junten para expresar su voz.

Marco Aurelio dijo...

Ese Rengifo es tan cobarde que ahora contesta usando un seudónimo que lo delata a cuerpo completo, "Lector sin 0". Cómo se ve que no le quedan más argumentos que continuar con el maleteo sin contenido. Lamentablemente la literatura está plagada de enanos mentales que se alucinan muy talentosos y no tienen escrúpulos en poner zancadillas a otros escritores. Eso sí que es fatal.
Y como dice R.Y., si es tan malo el libro, tan poco estimulante, por qué el tal Rengifo se preocupa tanto en hacérnoslo saber, por qué no nos deja a los lectores sacar nuestra propia conclusión.
Y además ese Rengifo debería usar un diccionario cada vez que escribe, porque no se dice "pulimiento" sino "pulimento". Así que encima el hombre es medio asno.

Un saludo y felicitaciones para Ybarra, Delgado e Inocente por haber editado su libro. El solo hecho de atreverse a publicar un libro colectivo en un medio con tantos escritores egocéntricos, argolleros y envidiosos ya es un logro que debe ser resaltado.


Robespierre.

pp dijo...

Tan mediocre es ese Carlos Rengifo, pero tan tan mediocre que ya me dieron ganas de conocerlo para reirme un poco.

Anónimo dijo...

ya no son tres tristes tigres...sino cuatro, incluyendo al destinatario de sus insultos arropados... que triste papel de estos pseudo intelectuales... dimes y diretes... maduren señores... que manera de perder el tiempo Ybarra... cada vez me decepcionas más, no he leído el libro de marras materia del escandalete pero por tu actitud y por el título mismo ya me anuncia su inconsistencia...

Demetrio

RODOLFO YBARRA dijo...

ya, ya, "triste papel", "pseudo intelectuales", "maduren señores", "me decepcionas" "libro de marras", "escandalete", etc., etc.
Sólo te faltó poner tu nombre: Juan Pérez

Manso Cordero dijo...

¡Hola Ybarra! A los años… Veo que estas fiestas han hecho efecto en ti, y has vuelto más conciliador. Un espíritu de amor universal te domina. Oye hermano, cheka ésta ficción que estoy escribiendo “Su nombre era Rudolfea Ibárnova, y era una viejecita marchita y flatulenta, pero tenía un invencible convencimiento en si misma, ella era ESCRITORA, así, con mayúsculas; e incordiaba constantemente a aquellos gusanos que osaban oponérsele. Resulta que un día….” Bueno y así, ¿Qué te parece, maestro? Ya sé, es malísimo.

RODOLFO YBARRA dijo...

Lo malo de las vacaciones es que duran poco, y de vuelta al trabajo siempre hay unos insectos revoloteando en la pantalla de la pc. ¿Qué hacemos? los dejamos ser o nos hacemos los de la vista gorda y seguimos tecleando.

Manso Cordero dijo...

¡Déjelos ser no más, a esos idiotas! Estoy deacuerdo con usted, siempre hay estúpidos impertinentes que no dejan de decir sus ridículas verdades!

Anónimo dijo...

¿Se han preguntado por qué el SOBREVALORADO escritorzuelo Carlos Rengifo Huallpasua funge de crítico literario y ataca sin base a Rodolfo Ibarra?

¿Y por qué a Delgado Galimberti, un casi desconocido novelista, cuyas obras pasaron desapercibidas para el vulgo pero no para los conocedores?

¿Y por qué trata con guantes de seda al violento y anarcoso Inocente, a quien sin embargo reconoce méritos literarios?

¿Por qué la caga tan gratuitamente como hizo con el pobre gordo Oswaldo Reynoso?

¿Qué favor les debe Rengifo Huallpasua a los autodenominados regios, un grupo de pezuñentos resinosos que escriben mal,poco y sin coraje?

A Rengifito le ligaron dos o tres cuentos bacanes, pero seguirá siendo un plumífero si no aprende a escribir con los huevos y a reconocer que en medio de esta podre, ser sólo escritor es ser la muchacha mala de la historia, esa a la que todo el mundo se la tira y luego la bota, desnuda, borracha y meada, en medio de un parque de barrio con grass amarillento, infestado de caca de perro.

Q.N.S.C.

(Quién no se llama Carlos?)

CAN CERBERO dijo...

ADELANTE MIS QUERIDOS TRICÉFALOS

Anónimo dijo...

excelente rudolph, la cosa está que arde... y dónde encuentro el libro? lo compro al toque espero que no esté caro. habrán pensado en la gente prole. imagino.

Anónimo dijo...

Es una lástima Sr. Ybarra que para defenderse de una crítica utilice el fácil recurso de la homofobia... si hasta parece un humorista de esos mediocres programas sabatinos dizque de humor para resaltar la supuesta"mariconada" de su contrincante... sé que quizas usted no publique lo que aquí escribo... pero en fin... debe saber que soy un homosexual militante... feliz de mi condición pero que sin embargo se ve mortificado por actitudes como las suyas que no hacen más que confirmar los retardarios pensamiento de gente como usted que creyéndose muy progres, muy de izquierda... anarquista al fin y al cabo... se parece más a Cipriani... o es que los gays no estamos en el plan de Dios ni de Ybarra? francamente....

Duilio de la Peña

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Qué curioso... Me vengo a enterar de que habías leído a Thays, ja!

Por si acaso, para Marcel Velásquez, La disciplina de la vaina también es un libro indesligable del canon peruano.

RODOLFO YBARRA dijo...

Comenzaron los reclamos, ahora sólo falta la sociedad protectora de animales, la junta de feligreses de San Isidro, la hermandad del señor de chumbivilcas, el comité de damas del Club de Leones, etc., etc.
Ahora resulta que si alguien le reclama a un homofóbico su actitud discordante con la sociedad, uno también (y por generación espontánea o la teoría del flogisto) se vuelve homofóbico. Con ese razonamiento toda crítica al terrorismo, al narcotráfico, a la politiquería, etc., etc., es también una complicidad, una identificación con el crimen y la barbarie.
Ad absurdum, ad nauseam
in illo tempore, in perpetuum

Anónimo dijo...

Ta qué cague de risa, oe!

La pregunta es, cuántos realmente han leído La Bestia Tricéfala?

Por lo menos Rengifo si la leyó.

Titus

Anahí Vásquez-de-Velasco Z. dijo...

¡Hola Rodolfo! Nuevamente, me he arrastrado de risa con este nuevo cuento... y sobre todo, con el ¡textículo de la escribidora protagonista!
Aquí no tengo nada más que hacer que reirme cual ignorante, pues de Carlotta solo conocía el nombre y no sus hazañas...
Gracias por hacerme reír, que es el único modo que tengo para comentar esta entrada, interesantísima.
Y felicitaciones SIEMPRE por ser así.
Ah, dime por favor: ¿qué hace Carlotta con el material que obtiene con venia de sus víctimas???

RODOLFO YBARRA dijo...

Saludos, Anahí (no sé si te agradecimos esa velada que por momentos se transformó en un "musical evening"). Volviendo al post y a tu pregunta: creo que Carlotta, la inefable, convierte el material robado (grabado) en literatura, un tipo de literatura complaciente, light, cero calorías, de fácil digestión y que le permite figurar "decentemente" en el mundillo literatoso y en los bajos fondos de los bares de mala muerte.

Anónimo dijo...

La bronca llegará a mayores.

Me han dateado ayer en Quilca que un grupo de los autodenominados regios alistan comisión para ir a visitar a Carlos Rengifo a su jato en Santa Marina Sur (eso si no se lo ha cargado la batida de ayer por el asesinato del tombito), manifestarle su solidaridad ante el ataque de los desaforados Tricéfalos y ofrecerle ser parte del olimpo literario lorcho.

Encabezaría la comitiva su amigo Ivanovna Thaillería, quien amarrando su pelo atahuallpino para que no se le ensucie y superando su horror a la violación en el Yauca, visitaría al narrador en el barrio chalaco. Refiere mi fuente que le ofrecerían la publicación del mamotreto Uñas en conocida editorial española, con prólogo de Jorge Edwards y comentarios de Fernando Ampuero, amén de extensa cobertura en los medios, giras por toda América Latina y otras delicatessen financiadas por la prestigiosa editorial ibérica, pues Carlos Rengifo habría demostrado de sobra con su crítica artera a La Bestia Tricéfala que se sacude de una vez por todas de esa pátina cobriza que oscurece sus pómulos salientes y se integra a la pléyade de escritores que creen que en el Perú todo es armonía, paz y reconciliación nacionales, como pretende el hincha de la U y de Sebastián Piñera, Mario Vargas, escupido ayer en Pelotillehue. En Perusalén los ladrones de saco y corbata del congrezoo hacen leyes vomitivas para limpiar a los rateros Alan García, Jorge del Castillo y Mulder, para soltar a sus compinches Rómulo León, Bieto Químper, Fujimori y Montesinos y los idiotas y oenegeros fomentan museosdelamemoria cuando el país se hunde en la nauseabunda charca de la impunidad y la vergüenza.

¿Rengifo fue quien afirmó que los de la Bestia Tricéfala eran discursos trasnochados? ¡Qué tal imbécil!

Lector Insomne

Anahí Vásquez-de-Velasco Z. dijo...

Ayer no tenía ganas de reventar mi hígado, como algunos quisieran que reviente.
Tal vez hoy tampoco quiero, pero sí necesito decir que no sabía de sus malas mañas.
Pongo el otro cachete y pienso que es mejor considerar que él y sus congéneres, están para equilibrar el mundo, donde siempre ha habido personajes de esa especie.
Si un día me plagian (será porque les gusto) y si arrastran por el piso mis palabras será por primitivismo en sus pobres existencias. Y seguro me quejaré, como siempre, y reclamaré y los mandaré a la mierda y no frecuentaré sus ayahuascas ni sus centros descerebrados.
He visto tus videos y he leído tus textos y tal cual, yo siento.
Me río con mucho de lo que expones porque la destreza con que lo haces me repleta la mente. Qué mejor que alguien con cacha para defenderse de las alimañas éstas.
Tu video del poeta posero español es de lo que más me ha gustado. Es lo mismo, cual calco, que yo siento y así es como los veo. Para cagarse de risa, por medio tuyo, de ellos.
Ni aunque el mundo se llene de ese tipo de jodedores, dejarás de ser el único intérprete genial de la pasión real de todos los poetas verdaderos que hay en este lugar. A mí me cuesta mucho, no decirte que eres el único que dice lo que yo aun no sé cómo decir. A mí me avergüenza que alguien venga con un halaguito, pero no me corto para decírselo a alguien que lo merece.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

May...

Mae West