lunes, 16 de febrero de 2009

ENVÍO DE RAFAEL INOCENTE


En relación a los últimos comentarios (post, vídeos, erizaciones, tergiversaciones, etc.,) el novelista Rafael Inocente me envía el texto leído en el conversatorio “Guerra y Literatura”. Lo posteo tal y cual para que los lectores que no acudieron y, también los que se están guiando por los fragmentos que circulan por ahí, saquen sus propias conclusiones:



Palabras de Rafael Innocente en Conversatorio sobre Guerra y Literatura en El Averno

Hace varios años recibí una visita inesperada. Era un domingo muy temprano y toda la familia se encontraba reunida cuando de pronto alguien golpeó violentamente la reja del jardín exterior de la casa. Uno de mis hermanos salió y permaneció fuera durante largos minutos. Luego me llamó y me dijo muy discretamente, Rafo, es el Chato Jorge. Yo estaba a punto de desayunar, luego iría a limpiar la carcocha que había adquirido hacía poco tiempo, un VW del 1961, que aunque no se encontraba en estado calamitoso, lucía ese rat look que motivaba crueles chanzas de todos mis conocidos. Completamente desconcertado salí y me di de lleno con el Chato Jorge, un antiguo compañero de estudios de la Universidad Agraria. Nos fusionamos en un abrazo con el Chato Jorge, quien sin mediar palabra, me miraba y escrutaba como si yo fuese un fantasma o un aparecido mientras que yo hacía lo mismo con su persona. Luego, recuperado de la sorpresa, me espetó a boca de jarro, mirando el antiguo VW alemán, oe, ¿eso es carro? ‘Ta que mejor dónalo como cochebomba pa’ la causa, huevón… no pude contener mi risa y al rato nos anudábamos en una conversa interminable con el Chato Jorge, un antiguo condiscípulo de la Agraria, ex estudiante de agronomía, ex alumno de la Universidad de Lima, viejo roquero subterráneo ochentero, cuasi integrante de Los Injertos Servicios Generales y ex prisionero político liberado después de 10 años de encierro en las mazmorras fujimontesinistas.

No deseo explayarme en todo lo que conversamos aquella mañana invernal al amparo de un par de emolientes con sábila, sólo diré que la decepción y la amargura constituían el tono de la larga perorata con la que el Chato refería de todo lo que había sido su vida hasta ese instante. Durante su carcelería había perdido a su padre, a una novia, sus estudios y aunque sea lugar común el mencionarlo, había truncado una vida que se adivinaba prometedora. ¿Sabes, Rafo, cuál es el peor crimen que puede cometer una sociedad?, me preguntó directamente mirándome el alma, el peor crimen es obligar a cometer un delito a quien no ha nacido para eso, se respondió él mismo y de inmediato como reparando en lo metafísico de sus palabras, añadió, pero la militancia es así, la cana es solamente un accidente de trabajo, por lo menos yo estoy vivo, otros dieron su cuota, quedaron lisiados, se pulmonearon, han enloquecido, mientras que esos, los mandos, conchasumare, hacen pactos con el enemigo, otros progresan, se casan, son ingenieros…se compran carros y luego de una carcajada estruendosa, inquirió sobre mis notas literarias, oe, ¿sigues escribiendo tus huevadas? Sigue haciéndolo, cumpa, la vida pasa muy rápido, mañana podríamos estar muertos y todo lo que he podido leer acerca de lo que ha sucedido en nuestra colonia es un insulto a la inteligencia… publica tu sólo y no jodas, déjate de mariconadas, haz lo que tienes que hacer, me abrazó nuevamente y se despidió sin solemnidad y con prisa y esta vez para siempre.

¿Por qué cuento todo esto? Porque si de algo estoy seguro es que esta sociedad es hija y consecuencia de un movimiento político actualmente empantanado pero que no está muerto. Todos de una u otra manera somos consecuencia de lo que significó la denominada guerra popular hasta en las esferas más íntimas de nuestras vidas. Incluso aquellos marginales de La Molina, Las Casuarinas o San Isidro, con su miedo cerval y su odio reconcentrado hacia lo que Gonzalo Portocarrero consideró como la encarnación del Mal Absoluto, incluso estos marginales son producto de lo que Oswaldo Reynoso considera tan acertadamente como guerra popular, porque quienes se enfrentaron en esta guerra fratricida fueron pobres contra pobres, cholos contra cholos, pueblo contra pueblo, cachacos hambrientos y piojosos reclutados en las barriadas y en comunidades campesinas contra combatientes populares tebecianos y famélicos provenientes de los mismos estratos, mientras los ciprianis, valverdes, areches y gonzalos, aquellos que comían pollito con papas, chupaban whisky etiqueta negra y usaban perfume francés pactaban a espaldas de los que creyeron.

¿Por qué me decidí a escribir La Ciudad de los Culpables? Pues no lo sé. Pienso que uno no decide nada. Como cuando te enamoras. Son personajes, escenas, diálogos, vivencias, sueños, demonios o ángeles que están ahí dando vueltas y de pronto sientes que un impulso sobrehumano te lanza al ruedo y coges tinta y papel y a darle a la página en blanco como un volcán en erupción, como un pene enhiesto con los porongos llenos, atizado, al menos en mi caso, por la indignación más absoluta e insoportable, un pelín de rabia y un poquitín de cariño para intentar lograr contar una buena historia y por qué no, una gran historia que cambie la vida "mas que sea" a una sola persona.

Dicen que el arte, en particular la novela, la buena novela, tendría un efecto catártico (exacerbar la conciencia moral de la gente), pues sería la forma más inmediata e insoportable de creación. La lectura de una buena novela nos cambia la vida. Sé de parejas que se han disuelto porque alguno de los cónyuges leyó cierta novela y decidió que la vida del personaje era más interesante que la suya propia. Puede entonces resultar doloroso leer una buena novela y puede también que por ello muchos ahora prefieran ahorrarse el trabajo de escribirlas porque si resulta doloroso leerlas, pues más lancinante resulta parirlas.

¿Que si La Ciudad de los Culpables es una novela apologética, pro, comprometida, una buena novela? Ya lo dirán los iluminati. Pero creo que sería pertinente aclarar de entrada que cuando decimos narrativa de la guerra (o guerra y literatura, para el caso da lo mismo), no nos referimos solamente a las acciones y escenarios de guerra, es decir aquella narrativa épica y sostenida que cuente la vida de, digamos, un destacamento guerrillero o un líder íntegro que conduce a su pueblo a la victoria después de innumerables batallas, que ese sería un sentido angosto para expresión tan compleja, preferiría entender narrativa de la guerra en un sentido más lato y de mayores connotaciones, es decir, los diferentes dramas, conductas y formas de vida de los individuos y colectividades de diferentes regiones y clases sociales influenciados directa o indirectamente por la guerra popular que se inició en los ochenta.

No es secreto para nadie decir que en España casi después de 70 años de la guerra civil se siguen publicando novelas estremecedoras creadas por escritores jóvenes acerca de este episodio sangriento de la historia ibérica (pienso en Soldados de Salamina, de Javier Cercas). En el Perú, hacia el 2003, el número de relatos y cuentos acerca de este tópico rozaba los doscientos y la cantidad de novelas publicadas en relación a la guerra subversiva rasaba casi el medio ciento, según datos objetivos de Mark R. Cox, abarcando escritores de la costa, sierra y selva, norte, centro y sur, escritores tan disímiles como un chalaco cinturón negro autor de uno de los mejores cuentos de guerra escritos en esta parte del continente hasta un políglota ingeniero huancavelicano cultor de las rosas de hierro, pasando por un ayacuchano retablista cuyas magistrales novelas son ignoradas porfiada y sistemáticamente por la crítica, esa puta vieja y desdentada, cuca como aprista, de quien Oswaldo Reynoso profirió alguna vez, me cago en ella. Por tanto, acercarse apenas a la producción cultural nacional sobre la violencia política desde 1980 es una tarea titánica que exige objetividad, pero también pasión y energía, y quienes estamos hoy presentes somos apenas una muestra de una producción nacional que seguirá apareciendo conforme se fustigue el centralismo, el tradicionalismo, el limeñismo, toda esa inmundicia que todavía quieren imponer sujetos coloniales parapetados en sus huariques en diarios coludidos con la megacorrupción neoliberal de los últimos veinte años. Estos sujetos coloniales, herederos del zambo chismoso Ricardo Palma, a quienes el Zorro Plateado llamó acertadamente escritores perricholeros hoy se han globalizado y están vivitos en los medios cosechando lauros con el dolor ajeno.

Pero, ¿y la literatura, dónde queda la literatura? Pues siento decirles que en las actuales circunstancias de globoidiotización y capitalismo de guerra NO HAY NADA QUE ESPERAR DE LA LITERATURA. La literatura, ahora, es una mercadería como cualquier otra, un automóvil del año, un reloj pulsera, un celular con cámara, un pantalón de marca, un par de zapatillas importadas, un desodorante en spray en algún anaquel de Metro… una mercancía sujeta al modo de producción, distribución y consumo impuesto por la industria del capitalismo postrero, dotada pero de esa aura de excelencia que te da el ser considerado un intelectual, un narrador, un poeta: un artista.

Escritores perricholeros mencionó el Zorro Plateado, para referirse a esa actitud y formas de entender la vida basadas en el limeñismo, el costumbrismo, la adoración de una ciudad enferma, el culto a la huachafería y la lisura, sin anticipar quizá que los nietos espirituales de estos perricholos causarían cierto furor masmediático años más tarde. Esa literatura indiferente, vacía, ganapán, escrita por buenos chicos (o bad boys prefabricados) complacientes, esa literatura sin alma se ha anclado fuertemente en tierras andinas y aprovecha y usufructúa de un proceso doloroso para el pueblo peruano y fabrica una literatura sin esperanza.

¿Y qué persiguen los escritores peruanos de las últimas hornadas, sobre todo aquellos que se han afincado en la Madre Pútrea?

El Cáliz que persiguen los escritores peruanos de hoy puede nombrarse con sólo dos palabras: fama y dinero.

Hoy la mancha de escritores masmediáticos que opinan de todo (hasta de cocina), hacen deporte y salen en Somos está compuesta abrumadoramente por dos conjuntos abiertos, el de los imbéciles y el de los canallas, sin que haya que excluir en absoluto que estas simpáticas definiciones puedan confluir simultáneamente en un mismo sujeto. Como aquél señorito que afirmó, sin ápice de vergüenza y con una sinceridad arrobadora, que escribía sobre la guerra interna porque era una buena oportunidad para ganar dinero o aquél otro que negó ser escritor topográfico pero intituló su mamotreto con el nombre de un lugar emblemático dentro de la mitología de la guerra interna o ese que quiere hacernos creer que una hermosa muchacha ayacuchana capturada por la Marina de Guerra fornica primero con su torturador y verdugo, luego con el atormentado hijo del torturador y al final de la novela, el pequeño hijo del torturador habido en la joven prisionera, le dice al medio hermano una frase repugnante, quiero agradecerle, agradecerle nada más. Ese es el tipo de perspectiva señorial con el que algunos escritores intentan contar la guerra interna. Esa es la forma en que la burguesía, a través de sus pocos individuos letrados, entiende lo que ellos llaman la reconciliación nacional y que su comisión de la verdad no ha logrado en un ápice.

La literatura en sus momentos más dichosos era un campo de expresión, contienda y conocimiento de lo humano, una exploración de sus posibilidades y modos de experiencia inéditos. Para que esto sea así, obviamente resulta imprescindible que haya una sociedad que lo necesite y reclame. Pero el capitalismo, más aún el liberalismo funcionan sobre el trasfondo de la represión sistemática y el interesado desconocimiento de lo humano en aras del economicismo aberrante. La narcosis generalizada en lo que esto se traduce genera seres robotizados y un descenso del nivel mental de la población que no sólo no acepta lo que la literatura transmitía en épocas anteriores, si no que se DEFIENDE activamente del arte a través de la represión (masiva y oficial), la asimilación (cuando puede y lo permitimos), la producción y la difusión masiva de arte prostituido, falsificaciones y sucedáneos: la indiferencia y el silencio.

Sepultado, oleado y sacramentado el comunismo, desprestigiadas las utopías, descabezado todo movimiento popular, parecería que toda literatura que huela a compromiso debe ser ignorada y despreciada. El intelectual es sospechoso y las novelas "políticas" apenas reciben atención. Los estropicios del realismo socialista y la aparición de comisarios culturales, rudos e incultos, han servido de pretexto para ello, pero hay quienes todavía se las juegan, como lo han hecho brillantemente Gutiérrez y Koetzee, por una ficción política no sectaria.

Finalmente, sólo deseo incidir en que a diferencia de la política o la economía, la novela penetra en las vidas de individuos concretos, los vivisecciona, les hunde el escalpelo hasta lo más profundo del alma. Acaso sólo a través de ellos podamos atisbar qué hace que un ser humano destruya sin misericordia a otro ser humano y acaso esta sea aún uno de las grandes trabajos de la ficción literaria, que no sólo aspira a la estética y a la comprensión del otro, sino a nuestra misma sobrevivencia como especie.

Rafael Innocente

Febrero 2009


Foto: Conversatorio en la UNFV, de izquierda a derecha: Dimas Arrieta, catedrático, Alzamora, Martín Roldán, Rafael Inocente, Ricardo Virhuez, Javier Garvich, bloger, Gabriel Rimachi, catedrático.

29 comentarios:

josé pancorvo dijo...

que tal viaje ybarra. qué bacán que no te vayas al norte helado donde favi duerme con una bolsa de jebe caliente como un abuelita, pobechito de él.

Anónimo dijo...

El ignorante de Faverón te quiere ridiculizar pero el tiro le sale por la culata.


D. Castro

Anónimo dijo...

Excelente este envío de Rafael Inocente, qué dirá el señor Faverón ahora... ese sujeto es un envidioso y un ignorante. NO ES UN CREADOR como si lo son los escritores atacados.

Sophie Beltrán.

Anónimo dijo...

Faverón es financiado por el sionismo y la CIA, qué pueden esperar de un sujeto de esta calaña, de esa moral tan monstruosa, si defiende el genocidio en contra del pueblo palestino con la sangre más fría, con total descaro y cinismo... defiende la creación del estado judío de Israel promovido por organizaciones terroristas, así tiene cara de hablar de PROSENDERISTAS, de tildar a Feliciano Mejía de payaso prosenderista... por favor, Faverón, tú eres PARTIDARIO de ORGANIZACIONES TERRORISTAS JUDÍAS que financiaron y promovieron la creación del estado judio de Israel, tu país... no vengas con payasadas, so cretino.

FELICIANO MEJÍA dijo...

oye faverón no eres más que un pobre diablo financiado por la mossad judía y por los gringos.

Anónimo dijo...

Para el anónimo, concuerdo plenamente con su comentario.

El señor Faverón engrosa currículum con su blog, está entrenado para atacar,criticar y destruir, cual perro-policía fiel a sus amos.

¿Y quiénes son sus amos?

Pues quienes le dan de comer.

¿Y quienes le dan de comer? Los yankis que lo mantienen en su reducto en Maine, ua perdida comarca norteamericana en donde de seguro es considerado un letrado, en medio de tanto gringo ignorante.

Ustedes, escritores jóvenes, son CREADORES, como anota el anónimo, no deben hacer caso de estos personajes que siempre han existido en el mundo, estos quintacolumnistas que se las dan de progresistas son los peores, es preferible un sujeto de ultraderecha, pues sabes quién es y cómo piensa, estos JUDÍOS han sido siempre así, traicionaron hasta a sus propios hermanos de raza, a los judíos pobres, mientras los judíos ricos se aupaban a las burguesías nacionales de los países en los que se infiltraron, por eso eran echados de los países en donde recalaban,por USUREROS, INTRIGANTES Y TRAIDORES, tuvieron que inventarse el cuento del genocidio, esa es su misión, sembrar el desconcierto, el desaliento y el desorden en las comunidades en donde se infiltran.

Y este Faverón no sólo es judío, además es SIONISTA.

¡Basta Faverón!

Anónimo dijo...

Para el anónimo, concuerdo plenamente con su comentario.

El señor Faverón engrosa currículum con su blog, está entrenado para atacar,criticar y destruir, cual perro-policía fiel a sus amos.

¿Y quiénes son sus amos?

Pues quienes le dan de comer.

¿Y quienes le dan de comer? Los yankis que lo mantienen en su reducto en Maine, ua perdida comarca norteamericana en donde de seguro es considerado un letrado, en medio de tanto gringo ignorante.

Ustedes, escritores jóvenes, son CREADORES, como anota el anónimo, no deben hacer caso de estos personajes que siempre han existido en el mundo, estos quintacolumnistas que se las dan de progresistas son los peores, es preferible un sujeto de ultraderecha, pues sabes quién es y cómo piensa, estos JUDÍOS han sido siempre así, traicionaron hasta a sus propios hermanos de raza, a los judíos pobres, mientras los judíos ricos se aupaban a las burguesías nacionales de los países en los que se infiltraron, por eso eran echados de los países en donde recalaban,por USUREROS, INTRIGANTES Y TRAIDORES, tuvieron que inventarse el cuento del genocidio, esa es su misión, sembrar el desconcierto, el desaliento y el desorden en las comunidades en donde se infiltran.

Y este Faverón no sólo es judío, además es SIONISTA.

¡Basta Faverón!

Anónimo dijo...

Aunque no concuerdo con el sesgo racista del último comentario (será judío, pero no todos los judíos son patanes, pleitistas y resentidos como Faverón).

He realizado un seguimiento de la trayectoria de este caballerito desde hace buen tiempo y Gustavo Faverón es un sujeto que ha tenido una actitud demasiado sucia en la comunidad blogera: ataques arteros (como el que hace a los novelistas Roldán, Innocente, Durán y el poeta Ybarra), fijaciones con tal o cual persona, demostraciones de patanería, persecución enconada a quienes no le caen o no concuerdan con sus ideas enrevesadas.

Tengan en cuenta lo siguiente: MUCHA DE LA BASURA QUE EXISTE ACTUALMENTE EN LOS BLOGS HA SIDO PROVOCADA DIRECTA O INDIRECTAMENTE POR GUSTAVO FAVERÓN PATRIAU.

Así es que el mejor consejo para estos jóvenes novelistas es, NO LE HAGAN CASO a este señor, debe tener una vida muy triste para guardar tanto encono e insultos contra quienes ni conoce ni ha leído.

E.R.C.

Anónimo dijo...

Mi solidaridad con los novelistas y el poeta Ybarra, qué buena la performance en el duelo poético, felicitaciones y fuerza a todos.

Tulito

Anónimo dijo...

Mi solidaridad con Rafael y todos los escritores clasistas.

JAMED

Anónimo dijo...

RAFAEL SIGUE ADELANTE, LA BURGUESÍA TE ESTÁ CONOCIENDO Y QUIERE JODERTE Y SILENCIARTE. EL PUEBLO Y LOS CANTUTEÑOS TE LEEMOS Y RESPALDAMOS.

Anónimo dijo...

Mi absoluta solidaridad con Rafael Innocente, su novela ha llegado aquí a Huancayo en versión electrónica gracias al poeta Rodolfo Ybarra, se está difundiendo con fuerza entre jóvenes trabajadores y universitarios de las nuevas generaciones que no olvidamos las masacres realizadas por el estado, como la de la Universidad Nacional del Centro.

Por este medio quisiéramos pedir también las novelas de Martín Roldán y de Julio Durán.

El pueblo ya no es tonto, el pueblo ha despertado y respalda a sus artistas.

Huancaíno Furioso

Giuliano dijo...

No estoy muy al tanto de estas últimas movidas literarias, estimado Rodolfo, recibí un telefonazo de mi hijo Gonzalo respecto al conversatorio sobre guerra y literatura en el que participó mi amigo Rafael Innocente y recién me entero de esto.

Me parece poco ético por parte de Faverón INSULTAR a personas que desconoce y cuyas obras no ha leído.

Lastimosamente por mis múltiples ocupaciones profesionales no pude estar en Lima para el conversatorio, acabo de llegar a La Merced después de varios meses en las selvas de Santa Ana (qué deliciosas piñas y naranjas) y el miércoles estaré por Lima.

Desde ya mi saludo a los novelistas injuriados por G. Faverón y coincido totalmente con los anteriores posts, no vale la pena hacerle caso a una persona tan errática en su conducta.

Giuliano Vecco

RODOLFO YBARRA dijo...

Esa es la mecánica de ese señor. Lo mejor es dejar que se tasajee él solo. Saludos, compañero Giuliano Vecco.

Anónimo dijo...

Hasta la dudosa biblia cristiana reconoce la existencia de razas, qué si no es el pueblo elegido? no es acaso la raza judía?

el resto de mortales somos considerados como goyim o CERDOS por los judíos, si o no Faverón? De allí tu arrogancia, tu patanería y tu atrevimiento para injuriar a quienes no concuerdan contigo, ahora aráñate, me daría verguenza tener en mis venas la sangre de un pueblo y una raza MENTIROSA Y GENOCIDA, TAN SOBERBIA que afirma ser el pueblo elegido por un puto dios sancionador, quien después de crear al hombre lo maldice y lo arroja a la tierra, luego se vuelve a arrepentir y envía a su hijo unigénito, el tal Jesucristo para perdonar a los pecadores de todas las razas, ya no sólo a los judíos, qué pendejos estos huevones, el cristianismo y las religiones de raíz judío-cristiana, así como los pensamientos lineales derivados de esa cosmovisión maniquea son tremendamente embusteros y más embusteros son quienes se dicen marxistas y son tan clasistas como cualquier pituco que tonea en Asia.

El Pincho Vigilante

Anónimo dijo...

Estimado señor Rodolfo Ibarra, nos informan compañeros del norte del país que estuvo por nuestras tierras disfrutando de cortas vacaciones.

La próxima vez cuente con nosotros en Catacaos-Piura, aquí tendrá alojamiento, comida y una buena chicha en poto.

Somos un grupo de alumnos del Instituto Tecnológico de Catacaos, leemos el blog y concordamos en mucho con sus ideas.


Saludos fraternos

Antolín Zapata Yarlequé

Anónimo dijo...

Astuto el enano, ahora se cubre colocando un post sobre Túpac Amaru del pobre Acevedo... qué pendejo este petiso sionista... usa la dialéctica para sus fines confusionistas.

Anónimo dijo...

aBAJO FAVERON Y TODOS SUS IGNORANCIAS..

Anónimo dijo...

Basta, Faverón!

Te estás metiendo con gente que dará que hablar en pocos años por el valor literario de sus obras.

En cambio tú, pobre crítico a sueldo del mundo académico muerto en vida, sólo cosechas odio por donde caminas.

Pobre diablo.

Una lectora atenta

LuchinG dijo...

"(...) una hermosa muchacha ayacuchana capturada por la Marina de Guerra fornica primero con su torturador y verdugo, luego con el atormentado hijo del torturador y al final de la novela, el pequeño hijo del torturador habido en la joven prisionera, le dice al medio hermano una frase repugnante, quiero agradecerle, agradecerle nada más."

Pue no se me había ocurrido, pero sería interesante preguntarle a un experto si ese comportamiento es lógico. A mí me lo pareció porque quien cuenta la historia es Adrian Ormache, incapaz de meterse en la cabeza de otra persona, pero que podría estar delantando sin querer indicios de que la otra persona en realidad lo está usando. ¿Alguien por ahí recuerda algo como eso?

RODOLFO YBARRA dijo...

Lógico o no lógico, qué es lo que importa, si al tal Adrian Ormache la mujer violada ni siquiera le parecía simpática. No te olvides que este escritor "topográfico" ni siquiera sabe cómo se llega al Hospital Obrero (¿por qué diablos se mete en lo que no sabe?), pone la calle Cailloma (antro de prostitución) como una de las laterales al nosocomio cuando, en realidad, lo correcto es la calle Cangallo la que da a Emergencias al hospital referido.
Volviendo al tema principal, si no te parece un culebrón que el personaje principal quiera pagar con sexo "sano y divertido" lo que su padre causó con sexo embrutecido y salvaje, pues entonces no hay mayor discusión.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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LuchinG dijo...

Quisiera estar de acuerdo contigo, pero a la gente real le encanta imitar a los culebrones, por lo tanto es verosimil que se relate un culebrón, la cosa es qué culebrón te están relatando. Ormache se sentía una prostituta cara, eso lo deja bien claro en las primeras páginas; se "entera" (esta parte me suena muy artificial) de los crímenes de su padre y se siente doblemente culpable: por vivir una farsa que es producto de otra farsa muchísimo más sucia; busca a la chica, la conoce, la usa tanto como indulgencia comprada en el Vaticano como rebelión tonta por andar con los pantalones abajo en el trabajo y ante la familia de su esposa; mientras está apasionado por ella, la ve como "una diosa oscura rodeada por luz" (cito de memoria); cuando trata de recordarla desde el presente, dice que tal vez le resultaría desagradable (¿a quién no le ha pasado eso?). Ella se suicida. El niño le dice "gracias" (otra parte que me suena muy artificial: ¿acaso good things happens to good people?) Lo que no me convence a mí, a parte de lo que ya dije, es que pareciera que Cueto le cree a Ormache todo lo que dice. En "Lo que queda del día" (que también está en primera persona) uno se daba cuenta de que no era así. Pero tal vez estoy recordándolo mal, hace más de un año que la leí.

Anónimo dijo...

A la gente real Luchin G, también le quedan restos de dignidad, también quieren defenderse y desgañitarse, ya que nadie defiende a un pobre sin mombre; he visto gente débil o pusilánime - físicamente hablando, esmirriados-, cavilar, deliberar largamente el mejor momento, la liberación de un acto inaudito dentro de sus límites, y acercarce furtivos, rayar un auto, romper la luna, emprenderla contra el padre ausente, salir mal parados en el intento, pero hacerlo; supongo que algunos puden estar tan vaciados y derruidos que solo puedan dar gracias a sus opresores (con ese argumento que será cierto, para cierta edad, para cierta madurez, de amar al enemigo, porque nos hace mejores, superar sus falencias, sus taras, las que luego de sublimadas no decantarían para nustro bien, etc), sin embargo, y esto se amarra con el tema de la reciliencia, qué habilidad de este tipo se le pude pedir a jóvenes, maltratados de tan disí-miles formas, mal nutridos, mal educados, etc. La impostura de la reacción víril, más allá de sus resultados, el caso del hijo vencido en el intento de golpear a su mal padre; también ha dado en nuestra historia reciente, notas policiales, de uxoricidios, parricidios y demás tipificaciones...

Que la sangre no llegue más al río, el río es siempre el mismo y no... estos escritores nos están recordando cómo se templó el acero...la parábola de las semillas y la resistencia de un pueblo que no se dejará arrasar tan fácilmente...aunque todo pareciera estar perdido hay esperanza todavía ... esta nueva hornada de narradores y novelistas comprometidos...niegan el besamanos a los asesinos y con su escritura creativa ensayan un cambio...un cambio pensante y muy activo...arquetípico cuasi...nada que ver con las orejas del burro de la clase que con mañas llega primero; sin embargo, será el último, así como sus hayayeros... y de esta camada vendrá otra de verdadera gente creativa que asuma riesgos...FELICITACIONES GENERACIÓN COCHEBOMBA... sólo una cosa, supongo que llegará el momento de reirnos de la muerte, como cuando se cuenta chistes en los velorios, o al recordar algo doloroso nuestro corazón o nuestro cerebro carbura algo trilce. Un abrazo...

LuchinG dijo...

Anónimo: ¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Ser una víctima, tener un mínimo de dignidad, ¿por qué tendría que estar en contradicción con tener una relación con el victimario o el hijo del victimario? ¿Cuántas chicas en los campos de concentración nazis se habrán visto obligadas a hacer lo mismo?

Además, acuérdate que La Hora Azul todo ocurre desde el punto de vista de Ormache, no de ella. Alguna vez a ti o a alguien cercano a ti debe haberle pasado que estaba 100% seguro de que el romance iba a todo vapor y al final resultó que era pura imaginación de suya.

Anónimo dijo...

Todo bien, Luchin G, por un momento me pareció advertir que tu coemntario era una especie de justificación de la idea que plantea la novela, está claro que el autor escribe su argumento, a los que la comentamos nos queda eso, el comentario; como ha dicho alguien por allí, será que para estar más conformes escribamos historias desde la perspectiva de las víctimas, o un narrador de clase alta que cuestioene a su propia esfera social, supongo que deberá haber gente entre nosotros así, no, cuestión de investigar.

He leído tu lectura comparada de esa novela y Pálido cielo.

Pareciera una fórmula. En fin, saludos.