miércoles, 22 de octubre de 2008

CONTRA UN ARTÍCULO PROCAPITALISTA DE MARIO VARGAS LLOSA TITULADO: “LA ERA DE LA SOSPECHA”



Escribir sobre Vargas Llosa –al menos para los que no aceptan su posición liberal- siempre trae una doble connotación: la de tener que pasar por alto sus conceptos relacionados a la política y a la economía, y el tener que aceptar que, a pesar de todas sus incongruencias y necedades ideológicas, es uno de los mejores escritores –quizás el mejor por falta de competidores, vacíos o ausencias- que tiene el Perú y Latinoamérica. Pero como él mismo dice “una cosa es la realidad y otra la ficción”. Por ello, es necesario plantear que “La era de la sospecha”, uno de los últimos artículos de Vargas Llosa (publicado en “El País” de España y reproducido este domingo (19/10/2008) en “El Comercio”) que versan sobre la situación actual en el mundo, es un lánguido y desnutrido manifiesto procapitalista –quizás exigido por sus propias creencias y miedos naturales- en un momento clave en que este sistema –viejo monstruo torturador de los países en desarrollo- parece empezar su esperado derrumbe.
“La Era de la Sospecha” es el título de un ensayo literario de Natalie Sarraute, escrito en los cincuenta, donde se manifiesta la necesidad de reinventar la novela al estilo de la “nouveau roman” espacio de escritores hastiados del manejo tradicional de la narrativa (personajes formales, historias recurrentes, tramas lineales, formación aristotélica: inicio, medio, final, etc.,) planteaban reinventar la novela, darle nuevos influjos y nuevos aires para deleite de los, también, nuevos lectores. Vargas Llosa trata de hacer una comparación forzada con el capitalismo agónico, tratando de decirnos que no hay por qué pensar que el capitalismo ha llegado a su fin, sino que, por razones (que no detalla bien y que, intuyo, no quiere aceptar) es necesario reinventarlo ya que no hay un modelo económico que pueda reemplazarlo ¿¿¿??? Esto último se entiende –creo yo- dentro de la ortodoxia y el conservadurismo de una persona que ha entrado en la tercera edad sin darse cuenta que en el universo todo es relativo, nada es estable y todo está en constante movimiento, mucho menos la economía que ha iniciado la contrafase del big bang económico, un retrotraimiento no esperado –al menos, no, para los países del primer mundo ni para sus psicopompos- pero sí avizorado por el marxismo clásico (por ello -y no por "curiosidad estudiantil"- “El Capital” ha subido sus ventas y está volviendo a ser revisado en las universidades europeas). También es resaltable la comparación, casi necesaria, de Vargas Llosa con los líderes comunistas ante el derrumbe del sistema socialista. Evento al que se negaban a creer hasta que la misma realidad se encargaría de mostrarle lo contrario. Y es que la incredulidad, aparte de ser una posible patología, es una manifestación clara que el hombre necesita para continuar su viaje sin olor a derrota o inseguridades, sobre todo cuando se ve amenazado por situaciones que no puede explicar o que exceden su capacidad de soporte.

Vargas Llosa es, en este punto, el viejo comunista del buró político que no acepta la caída de su aparente orden, es el Hitler que ordena atacar cuando ya no tiene hombres en la línea de fuego. Es el general que no acepta la derrota y que, ante el fracaso, propone un cóctel de alucinógenos para olvidar los problemas y soñar con el triunfo (por lo menos Hitler fue más honesto y a último momento, propuso las cápsulas de cianuro).
Pero la incredulidad no es estigma negativo sino una forma de proteger lo que se ha tenido como cierto y que, por razones -que Vargas Llosa no puede explicar o no quiere- nos negamos a encontrar mayores soluciones que las que nos ofrece nuestro ángulo de visión 20 x 20. Y el novelista se pregunta asombrado: “¿Cómo es posible que se haya llegado a estos extremos críticos sin que nadie lo advirtiera? ¿Cómo se explica que banqueros, financistas, ministros de economía, jefes y técnicos de los grandes organismos encargados de vigilar la marcha de la economía no encendieran las luces rojas cuando todavía estábamos a tiempo de rectificar, dar marcha atrás y, por lo menos, atenuar ese desplome generalizado del sistema financiero mundial?” La respuesta a estas interrogantes no son menos asombrosas que la realidad que la origina, el novelista nos cuenta la ficción de que la economía de los países occidentales “perdió amarras con la realidad” y comenzó a vivir en una construcción ilusoria alimentada por las pingües ganancias aparentes que brotaban del espasmo inmobiliario, las tasas bajas, el incentivo para la adquisición de viviendas que nunca podrían ser pagadas, el aparente boom del crecimiento en el papel (no en el papel moneda, se entiende) y las aseguradoras que mafiosamente respaldaban ciegamente todas estas operaciones y transacciones sin ton ni son; papeles y más papeles que beneficiaban a algunos tenedores pero que, a la larga, le pasarían el cheque incobrable de lo que han llamado, ahora, las “hipotecas basura”. Creo yo que nadie perdió la realidad, mucho menos los grandes inversores y capitalistas, sino que, en un afán por materializar mayores ganancias y alimentados por la codicia y sentimientos insanos, apostaron, como en un juego de ruleta, todo lo que tenían incluido la seguridad, no obstante que esta última palabra en economía se basa más en la creencia en un sistema cuyo sostén principal no es el dinero (y estamos viendo que los pasivos económicos que se entienden como inmuebles y las reservas en oro son los que están ayudando a resistir la crisis, aparte de la “seudosolidaridad” de países pusilánimes que se niegan a una renovación de sus sistemas progeriosos) o los grandes capitales (que en la practica se traducen solo a guarismos que pueden esfumarse en cualquier momento) como nos lo han hecho creer, sino que es la creencia firme en que el sistema funciona y nos incluye. Cuando esto se quiebra, y lo estamos viendo en Islandia, simplemente el sistema se derrumba y se viene abajo con todo lo que ello pueda significar. Todos los ahorristas y aportantes en el sistema bancario de Islandia están pidiendo retirar sus activos a la vez, ante esta pérdida de credibilidad no hay forma de satisfacer las demandas y cumplir con todos, simplemente el sistema entra en shock y se declara en quiebra. Islandia ha pedido la intervención de la ONU para salvaguardar su economía, aparte de pedir balones de oxígeno traducido en fuertes préstamos a Rusia, quien está entrando en el juego por razones de estrategia y conveniencia. No tardaremos mucho en enterarnos de cómo acabara todo esto (Rumanía de ceaucesco podría ser un gran ejemplo).

El derrumbe del Leman Brother y el rescate de bancos enclenques vía 700 mil millones de dólares nos entrega una nueva disposición de cómo se moverán en el corto plazo las economía mundiales (no olvidemos los 800 mil empleos perdidos en USA hasta agosto del 2007). Lo importante para ellos (me refiero a los grandes tenedores y manejadores del sistema capitalista) es que el hombre común no pierda su esperanzas en el sistema, que siga aportando con normalidad para su jubilación, que siga trabajando cabizbajo y sin preguntas, que entienda que esta es solo una crisis ocasionada por unos cuantos "atrabiliarios y desmedidos granujas codiciosos", que el sistema se va a reponer como alguien se repone de la neumonía neomocóquica. Para ellos esto es simplemente un tiempo de convalescencia.
Pero, no, señores, esto no es la crisis de todos ocasionada por algunos, sino que es la manifestación crítica de un sistema íntegro basado en la explotación del hombre por el hombre, en la apropiación ilícita de la plusvalía y del trabajo honorable, en el abuso del fuerte y el poderoso sobre el débil. En reglas de juego hechas para beneficiar a algunos y perjudicar a las mayorías. No ver esto es como querer tapar al sol con una mano.

Pero, Vargas Llosa, es más terco de lo que podríamos imaginar, y en un arranque de locura peripatética apunta enceguecido y delirante: “El sistema capitalista no va a desaparecer, desde luego, porque, aunque les duela a los nostálgicos de las economías estatizadas y su inevitable corolario –la dictadura totalitaria- no hay alternativa alguna para reemplazarlo”. Sin embargo, estamos viendo cómo han empezado las estatizaciones de bancos en Estados Unidos, capital de la libertad mundial, estamos viendo cómo el Estado, simple voyeur de un mundo frío y calculador dejado a su libre albedrío, está entrando sigilosamente, como un cocodrilo, en el juego para con grandes dentelladas poner el orden esperado y devolver la credibilidad a millones de personas que no saben si lo que tienen en los bancos es dinero, reserva y seguridad para un futuro mejor o deudas, mayores miedos e infelicidad a punto de estallar como una bomba de tiempo. El lagarto se mimetiza en su hábitat pero fuera de él es visible y se le notan los dientes. El futuro no está tan claro como pretenden pintarlo algunos, quizás la nebulosa del fracaso capitalista esté a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, el novelista en un último intento por retornar al orden, cita -como un prestidigitador sacando palomas del sombrero- a Adam Smith: “el capitalismo solo funciona si la legalidad que lo regula está formada por leyes justas, equitativas, que respeten la libertad, y –sobre todo- si estas leyes se cumplen. Y, de otro lado, si la frialdad en las relaciones humanas y en el trabajo que la moderna sociedad industrial provoca, está contrarrestada por una vida ética y espiritual intensa que mantiene a la comunidad unida, decente y solidaria. Tal vez este sea el talón de Aquiles del capitalismo en nuestros días”.
Y en otro remate que nos hace pensar que Mario Vargas Llosa ya excedió todo tipo delirio intelectual y no se encuentra en sus cabales, apunta: “Hay leyes generalmente bien orientadas, pero que no se cumplen, o se cumplen a medias porque están llenas de trampas que permiten burlarlas. Y ello ocurre porque en este mundo de cultura frívola, desencantada y cínica no hay frenos éticos contra la irresponsabilidad y la codicia desbocada”. Entonces podemos deducir, de estas palabras casi moralistas, que el capitalismo debe sus fallas a un pecado capital como la codicia o que la ética -criticada por el novelista- es intrínseca al capitalismo y hay que devolverla a su cauce natural ¿¿¿???. Sin embargo, el capitalismo ha sido siempre la encarnación de la deslealtad y la codicia institucionalizada (¿por qué sus áulicos y adláteres dicen ahora que no se dieron cuenta, acaso creían confundir el infierno con el paraíso?). El capitalismo ha sido el triunfo de unos sobre la derrota de otros y la imposición del desarrollo de unos sobre el subdesarrollo de otros. La marcada línea de países pobres y países ricos está marcada por el capitalismo. La división internacional del trabajo, el hambre, la miseria, la corruptela, los vicios, las guerras por un poder cada vez más estúpido. Sin embargo, el capitalismo –previsto por Marx- ha generado sus propias contradicciones y ahora asistimos al cortejo fúnebre de este modelo que quiérase o no –lo quiera o no Vargas Llosa- se tendrá que cambiar. En cuanto al modelo de reemplazo, eso queda para análisis más estrictos que un simple artículo. Por ahora, estamos en compás de espera. La corneta fúnebre del proletariado y de los olvidados del sistema ha empezado a sonar. La pala del enterrador de los asalariados, los aportantes, ahorristas y ciudadanos de a pie ha empezado a arrojar tierra sobre las exequias del capitalismo.

24 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien Ybarrón, ya decíamos nosotros cuando le tocaba al monstruo mayor...

Anónimo dijo...

SALUDOS A ESTE BLOG QUE NO COPIA Y PEGA COMO HACE "ZONA DE NOTICIAS", SINO QUE PRODUCE INFORMACIÓN Y SOBRE TODO OPINIÓN...

ELEONOR DORICH

Giuliano dijo...

Repito lo que dije hace tiempo: MARIO VARGAS ES UN CHOLO AREQUIPEÑO PROFUNDAMENTE ACOMPLEJADO DE SUS RAÍCES... MÁS ALLÁ DE SU TALENTO LITERARIO Y SUS PULSIONES ANTIPADRE, POLÍTICAMENTE ES UN SUJETO DESPRECIABLE.

Giuliano Vecco F.

Poeta Sin Mancha dijo...

EL IGNORANTE DE FAVERON HA SIDO DESCUBIERTO!! EL LINGUISTA Y LITERATO QUE QUIERE IMPONER SU CANON NO SABE ESPAÑOL! COMENTA YBARRA!!!

LA POESIA NO SE MANCHA!!!!!!!!!!!!!

José Luis Salgado dijo...

Gustavo, esta vez te equivocaste:

http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Vokabular/Locuciones%20latinas%20A-D.htm

ad líbitum

a voluntad; a gusto; a capricho; a elección; a discreción; libremente

Loc. lat. que significa ‘a voluntad, a discreción’: «Era [...] el único día semanal en que se permitía beber ad líbitum y sin remordimientos» (Chavarría Rojo [Ur. 2002]). [RAE: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 22]

En esta partitura el acompañamiento de violín se puede interpretar ad líbitum.

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A discreción no significa actuar discretamente, sino actuar a voluntad o a capricho. Cuando Godoy habla que un carné de prensa o un blog no pueden ser utilizados a discreción, quiere decir que no se pueden usar ad libitum, esto es, a capricho o caprichosamente.

En la guerra, cuando un Capitán le dice a sus soldados que "disparen a discreción" quiere decir que disparen sin escatimar balas.

¿Puedes aceptar alguna vez que te equivocaste? ¿O vas a usar tu blog a discreción?

Saludos

10/22/2008

RODOLFO YBARRA dijo...

Pego aquí el artículo de Vargas Llosa titulado "La Era de la Sospecha":

Por Mario Vargas Llosa (EL PAÍS, 19/10/08):

En una propuesta bastante más entretenida que las novelas en las que trataba de describir los “tropismos” humanos, Nathalie Sarraute publicó en los años cincuenta un ensayo titulado La era de la sospecha, en el que, para justificar su tesis de que era imperativa una reforma radical del género narrativo, sostenía que una profunda desconfianza había caído sobre la novela: los lectores ya no creían en esos narradores intrusos que se interponían entre ellos y la historia que contaban; tampoco en los personajes movidos por los hilos del titiritero-novelista, ni en esos argumentos tradicionales que simulaban la vida valiéndose de las deleznables palabras. ¿Debía desaparecer entonces la novela? No, en absoluto: había que reinventarla de principio a fin y concebir novelas sin narradores, ni personajes ni argumentos, como las que intentarían escribir en esos años los ahora olvidados escritores del nouveau roman.

Una “era de la sospecha” semejante a la que se imaginó Nathalie Sarraute ha caído ahora entre los aturdidos ahorristas, pensionistas, accionistas y público en general en torno al sistema capitalista, y ésta es la razón principal por la que los desesperados esfuerzos que hacen los gobiernos occidentales con sus planes de salvamento y de rescate de los bancos e instituciones financieras medio quebrados por la crisis fracasan o funcionan sólo a medias, de modo pasajero, y la crisis, en vez de retroceder, se agrava y parece a punto de provocar una recesión mundial de apocalípticos efectos.

La primera pregunta que todo el mundo se hace y a la que nadie responde es: ¿cómo es posible que se haya llegado a estos extremos críticos sin que nadie lo advirtiera? ¿Cómo se explica que banqueros, financistas, ministros de economía, jefes y técnicos de los grandes organismos encargados de vigilar la marcha de la economía no encendieran las luces rojas cuando todavía estábamos a tiempo de rectificar, dar marcha atrás y, por lo menos, atenuar ese desplome generalizado del sistema financiero mundial? Una respuesta posible es que, a partir de un momento dado, la economía de los países occidentales perdió amarras con la realidad y comenzó a vivir en la ficción, en una construcción ilusoria que, durante buen tiempo, permitió a quienes se embarcaron en la aventura imaginaria repartir altísimos dividendos y embolsillarse fortunas sin percatarse de que, de este modo, iban cavando bajo sus pies un foso que nos tragaría a todos por igual.

Ésa es la conclusión que saca cualquier profano que, como yo en estas últimas semanas, se haya dedicado a leer en la prensa las delirantes informaciones sobre la crisis, empezando por la burbuja inmobiliaria que, iniciada en Estados Unidos, se extendió luego a otros países occidentales. Como las tasas de interés se mantenían equivocadamente muy bajas, hubo un gran incentivo para la adquisición de viviendas, y bancos y financieras concedieron créditos e hipotecas que pusieron pisos y casas al alcance de cualquiera, estuviera o no en condiciones de cumplir con los compromisos de deuda que asumía. ¿Por qué actuaron aquellas empresas de este modo irresponsable? Porque de esta manera presentaban contabilidades de soberbios rendimientos, aunque éstos fueran sólo de papel, que permitían repartir beneficios y conceder fuertes primas de productividad a sus ejecutivos y consejeros delegados. Esas hipotecas estaban aseguradas por compañías de seguros que emitían bonos sobre ellas, es decir, papeles, que, a su vez, rendían intereses a sus tenedores. Uno de los misterios que no se ha resuelto y acaso no se resolverá jamás son las sumas que alcanzaron aquellas transacciones de dudosa consistencia en los principales bancos y que, según se ha visto ahora, superaban con creces todos los límites que las leyes, la reglamentación que regula el funcionamiento de las instituciones financieras y hasta el simple sentido común, exigían de unas compañías que seguían operando en el sobreentendido imaginario de que la gran mayoría de aquellas hipotecas iban a ser pagadas alguna vez. Lo extraordinario es que cuando fue evidente que esto no iba a ocurrir, la ficción de las hipotecas siguió encandilando la vida financiera de medio planeta, hasta que, un buen día, la realidad volatilizó a lo imaginario y comenzaron las quiebras.

Como era de esperar, han llovido las críticas sobre los irresponsables ejecutivos que, azuzados por la avaricia, propiciaron esta farsa, aceptando las hipotecas basura, a sabiendas de que nunca serían pagadas, porque eso les permitía recibir rollizas primas de productividad en función de unos beneficios que sólo eran tales en los libros. Pero, sin que ello exonere para nada a los codiciosos ejecutivos, ¿no había accionistas en esas empresas que denunciaran la farsa y le pusieran atajo, sabiendo que todo ello sólo acabaría en un desplome de la institución? ¿Por qué los organismos de control y vigilancia de la actividad bancaria no pusieron coto a un sistema que, por lo menos ellos, que tenían todos los datos sobre lo que estaba ocurriendo, sabían iba a venirse abajo en un momento dado causando daños inmensos al conjunto de la sociedad y sobre todo a la gente de a pie? La sola respuesta posible es que la ficción que se vivía mantuvo a buena parte de quienes hacían funcionar el sistema en la pura obnubilación, es decir, en la creencia ingenua de que aquella mentira seguiría haciendo operar a bancos, inmobiliarias, financieras, aseguradoras y acreedores de manera indefinida o hasta que un milagro viniera a salvarlos de la ruina final.

El milagro no se ha producido porque lo que están haciendo los gobiernos con sus planes de salvamento no es resucitar a los muertos, sino prolongar su agonía lo más posible, con la esperanza de que, en el entretiempo, haya un ordenamiento y recuperación progresiva del sistema. Esto sin duda ocurrirá, pero a largo plazo, y en el interregno, las víctimas y los perjuicios serán enormes, para todo el planeta, pero principalmente para los países con menos defensas y para las personas con escasas o nulas reservas con que hacer frente a estos años de vacas flacas que tenemos por delante.

El sistema capitalista no va a desaparecer, desde luego, porque, aunque les duela a los nostálgicos de las economías estatizadas y su inevitable corolario -la dictadura totalitaria-, no hay alternativa alguna para reemplazarlo. Pero la única manera de que esta “era de la sospecha” que se ha iniciado con la crisis presente amaine y se vaya restableciendo la confianza sin la que el sistema de la empresa libre y el mercado jamás pueden tener éxito, es una reforma profunda de sus instituciones y funcionamiento. La transparencia, que ha brillado por su ausencia en lo ocurrido, debe ser una exigencia a todos los niveles de la vida económica que permita a accionistas, ahorristas, clientes y autoridades verificar que las empresas actúan y compiten dentro de la legalidad y el realismo, dejando la ficción fuera de sus márgenes, porque la ficción sólo es benéfica cuando se presenta como tal, sin disfraces, y no enmascarada detrás de supuestas leyes de la historia o maquiavélicas transacciones económicas. Fuera de la novela y el arte, vivir en la ficción, sea en política o en economía, es un suicidio.

Adam Smith, el gran teórico del capitalismo y la economía libre, comparó a la empresa privada con una locomotora. Y explicó que, así como ésta, colocada sobre los buenos rieles y orientada en la dirección querida, aseguraba a los viajeros un viaje cómodo y la llegada a su destino, una empresa producía riqueza, trabajo, servicios y beneficios al conjunto de la sociedad. En estos últimos años, el capitalismo se salió de los rieles y cambió de dirección de manera arbitraria, y ahora todos estamos pagando los estropicios de ese desquiciamiento que no supimos frenar a tiempo. ¿Por qué ocurrió esto? Porque -ésta es otra afirmación constante de Adam Smith- el capitalismo sólo funciona si la legalidad que lo regula está conformada por leyes justas, equitativas, que respeten la libertad, y -sobre todo- si estas leyes se cumplen. Y, de otro lado, si la frialdad en las relaciones humanas y en el trabajo que la moderna sociedad industrial provoca está contrarrestada por una vida ética y espiritual intensa que mantiene a la comunidad unida, decente y solidaria. Tal vez éste sea el talón de Aquiles del capitalismo en nuestros días. Hay leyes generalmente bien orientadas, pero que no se cumplen, o se cumplen sólo a medias porque están llenas de trampas que permiten burlarlas. Y ello ocurre porque en este mundo de cultura frívola, desencantada y cínica no hay frenos éticos contra la irresponsabilidad y la codicia desbocada. Me temo que tendremos epidemia de sospecha para

RODOLFO YBARRA dijo...

la palabra que falta al final del artículo es "rato".

Anónimo dijo...

haz desbaratado a Vargas Llosa. No puede ser!!!

nooooooooo!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

Ybarra, sos un grande!! Querido, venite a vivir a Baires, acá estás en la onda, en Perú hay puro hueveras ignorante, vení, flaco, vení, acá hay cultura.

Carlo Bailetti

Anónimo dijo...

CHE BOLUDO, DEJÁ DE JODER AL MAESTRO, POR QUE VOS NO SABÉS QUE ÉL ES UN HIJO DE P. ANDÁ CHUCHESUM...

GIUSTI MACKENZI

Anónimo dijo...

par de argentos mariposones...
fuera de acá...

eln

Duran dijo...

Rodolfo,

Ya habia leido el texto de Vargas Llosa y pensaba hacerte esta pregunta luego leer tu segundo comentario: ¿En qué coincide mi opinión con la de Vargas Llosa?

Vargas Llosa es alguien que cree que el capitalismo es una forma justa de hacer riqueza. De mis opiniones puedes deducir que yo no pienso eso (me está asaltando la idea de que piensas que defiendo el capitalismo). Repito lo que te puse anteriormente:

El capitalismo ha fracasado como un medio para satisfacer las necesidades y expectativas de las masas, personas como tu y yo que venden su fuerza de trabajo. Hasta ahí de acuerdo, todo lo que ha pasado es muestra de ello. Pero precisamente ese es el objetivo del capitalismo: no servirnos a nosotros, sino a unos pocos. Es decir, lo que yo digo (no celebro) es que el capitalismo ha reforzado sus mecanismos opresivos.

Yo tambien creo que esta crisis es innata del capitalismo (es lo que vengo diciendo). Algunos capitalistas incluso hablan de que se trata de una fase del proceso, la de la "destrucción creativa".

Ahora, hablas de la intervencion del Estado como argumento contra lo que sostiene Vargas Llosa -que el capitalismo no ha muerto-, y yo te pregunto, ¿acaso no es el estado la principal herramienta del capitalismo? ¿No fue lo mismo que se hizo en USA luego de la primera Gran Depresion? ¿Que el capitalismo lo maneje el estado, lo hace menos capitalista?

Para resumir todo: estoy de acuerdo en que el capitalismo no sirve, pero aunque no sirve, reina porque unos pocos aun detentan el poder. Por lo tanto, el sistema capitalista no ha caido, y mientras no haya un sistema productivo que lo reemplace (que claro que llegará) no se puede cantar victoria.

Saludos!

Anónimo dijo...

Hasta ahora no leo ni una sola letra de los pobres diablos neoliberales cholos. Dónde pues lo que quedó de los jóvenes turcos, dónde Mendoza Cánepa, dónde Ñaupari Belupú, dónde Ghibellini, Ghersi y cía? Manga de fracasados, mantenidos del estado e ignorantes supinos...

CSM!!!

Basilio Auqui

RODOLFO YBARRA dijo...

En tu segunda intervención dices esto:

“Lo que te quiero decir es que aunque cien paises entren en crisis y sus reservas se esfumen, si hay alguien que a traves de la especulacion y el clientelaje se beneficia de ello, se puede decir que el capitalismo prevalece”.

Me parece que más que una cuestión de realidad, para ti el capitalismo es una cuestión de voluntades (el que un Estado o algunas personas salgan favorecidos con esta pesca a río revuelto no hace que se potencie el capitalismo. ¿De dónde sacas eso?) Por cierto, Vargas Llosa dice algo parecido con su explicación sobre la catástrofe económica (me niego a creer que sólo se trata de un declive bancario, eso será para los ilusos). Para él –y creo que para ti- los errores, por los cuales este sistema decadente se está desmoronando, radican en cuestiones que tienen que ver con la moral y con la ética. Eso me parece un parapeto para no aceptar el fin de un sistema en el que –supuestamente- se ha vivido “bien”.

Paso a lo que considero es tu segunda interrogativa, en el sentido de que la participación efectiva del Estado –lo que estamos viendo ahora- para salvaguardar el sistema implica un reformismo, en otras palabras un parche y, en efecto, no una potenciación o robustecimiento. Pensar esto último es un error de cálculo. Y aunque no exista, por ahora, una doctrina que reemplace ipso facto al capitalismo agónico, eso no nos hace pensar que no habrá reemplazo. Recordemos que nuestro país ha tenido espacios geográficos (especialmente la sierra y la selva) dominados por economías semicoloniales o, quizás en algunos casos, coloniales que en determinado momento han dado un salto cualitativo al capitalismo salvaje (con turismo sexual y remate de sus riquezas forestales y mineras y todo lo que pueda ser vendible. Y los estamos viendo ahora) sin pasar por estadíos que –según los científicos sociales- deberían de pasar. El caso del sudeste asiático también es prueba palpable de lo que digo, revisa sus economías en los años 50 y 60 y te darás cuenta de que eran naciones que vivían en un atraso moderado y sin embargo pudieron dar el salto cualitativo que sus economías necesitaban. Así que la cosa no es tan mecánica como se supone. Quizás ante el vacío (o ante la falta de respuestas), y como en la edad media, lo que viene es un estadío barroco (por la cantidad de respuestas, proyectos y doctrinas que tendrán que aparecer). Y de seguro de que el debate que aquí se presenta se está repitiendo en cientos de blogs, en universidades, instituciones del Estado, etc.
Ojalá todo esto nos ayude a salir de la crisis que a mi modo de entender tiene más que ver con el pensamiento que con la economía. Al fin y al cabo la economía no es más que una manifestación del pensamiento, y si este es decadente pues, la economía será decadente.

Anónimo dijo...

Compañero Ybarra, he visto su mapa de localización que ha puesto a la derecha. Ahora estoy trabajando en Japón. Cosas de la vida que a veces parece que estuviéramos como en los viejos tiempos, unido0s contra este sistema de mierda.

Saludos, Rodolfo.

Carlos Yukiho Yoshida

Duran dijo...

Rodolfo,

Cuando digo que "alguien se beneficia a traves de la especulacion" no me refiero a que sea algo eventual dentro del capitalismo, me refiero a que esa es su naturaleza, precisamente porque en el sistema capitalista SIEMPRE alguien se aprovecha de los otros. Es la tercera vez que lo digo. Tercera vez que expongo que considero que la naturaleza del capitalismo es la que ha ocasionado toda esta crisis, y que las crisis (en donde los pobres pierden y los ricos ganan) son parte de la logica capitalista. Por eso es que considero que mientras haya una clase social (ya no diré individuos, para que no pienses que me refiero a actitudes individuales), es decir, un sistema que permita eso, no creo que el fin del capitalismo este cerca.

Ahora, si alguien considera que decir que el capitalismo AUN no ha muerto me convierte en capitalista, enemigo de la revolucion, neoliberal colonialista, antirevolucionario feo cochino malo, creo no tengo más ideas que compartir.

Creo que no tenemos punto de entendimiento sobre este tema. Una lastima.

Saludos.

Biyu dijo...

Hey, rodolfo, mira esto

http://www.megavideo.com/?v=7ET8GWO9


Como de costumbre, los gringos haciendo mofa de los peruvian. Todavía falta la segunda parte [sale la siguiente semana], a ver si te sueltas una opinadita :D

Biyu dijo...

Y, por cierto, cambien el rollo de qe es el mejor escritor. De acá a diez años, cuando esté muerto, dirán qe no lo era. Anímense a hacerlo desde ya. No es el mejor, no lo es. Es simplemente un cerdo a lo Bayly, qe le gusta hablar de tetas y coños [Vargas dixit] y putas i eso. Así es como se gana la vida, a base de cochinadita.

RODOLFO YBARRA dijo...

No te preocupes Julio, puedes pensar lo que creas conveniente (y de acuerdo a tus experiencias propias). No creo que nadie te quiera acusar que "eres enemigo de la revolución mundial" -al menos no en este blog-. En cuanto al fin del capitalismo, no creo ser el único que así lo ha percibido. Obviamente, las diferencias no tienen por qué hacernos menos amigos. Saludos.

RODOLFO YBARRA dijo...

Biyu: acabo de ver ese bodrio del "patio trasero". Pronto daré mi opinión. Gracias por el envío.

anarco sifuentes dijo...

Rodolfo, Faverón en vez de defender a Vargas Llosa ataca a García Márquez, y Thays en vez de decirte las cosas claras te insulta a travéz de los comentarios. Hay una cobardía insoportable en esto de los blogs...

A. S.

Anónimo dijo...

Soy un miraflorino capitalista pero Mario Vargas Llosa ultimamente me esta decepcionando con las cojudeces que dice.

Pancho, de Miraflores.

Anónimo dijo...

DURO AL BASTARDO DE VARGAS LLOSA...

Anónimo dijo...

EL GRAN GUILLERMO GIACOSA LE DIO UN GRAN COMBO AL NEOLIBERAL VARGUITAS

Recientemente, El País publicó un artículo de MVLL titulado Caracas al vuelo. Allí escribió que Teodoro Petkoff le había contado una anécdota: Al tomar un taxi en el centro de Caracas, fue reconocido por el chofer. Este era un médico cubano que, en sus ratos libres, hacía de taxista para mejorar sus ingresos. Puestos a conversar, el médico-taxista le confesó a Petkoff una debilidad: “Cuando llegué a Venezuela y vi por primera vez una botella de Coca-Cola, se me llenaron los ojos de lágrimas”. La moraleja que de esto extrae MVLL es impagable y preocupante (no para Cuba sino para el propio escritor): “Si después de medio siglo de revolución, ese símbolo quintaesenciado del capitalismo despierta semejantes emociones en un cubano nacido y educado bajo la prédica ideológica de Fidel Castro, ¿quién puede dudar que el socialismo en su versión cubana tiene los días contados?”. Si lo hubiese dicho o escrito George W. Bush, me hubiese parecido normal, pero que MVLL emita una conclusión de esa naturaleza me llena de alarma. Si lo hubiese escrito 40 años atrás, podría considerarlo como la metáfora de una desilusión que, a la larga, se convertiría en fuerza capaz de cambiar el sistema. Pero, después de 50 años de revolución, más allá del destino que le aguarde a Cuba, es francamente risible. Ahora que al escritor se le ha dado por disertar sobre la banalización de la cultura, debiera reflexionar sobre la banalización del comentario político o económico al que él, desde hace tiempo, es afecto. Si lo ocurrido con el sistema objeto de su prédicas más fervientes está como está, sería beneficiosa una cura de silencio para ver, por lo menos, hacía dónde apunta la crisis. Un práctico “desensillar hasta que aclare” sería útil en un tiempo en el cual las certezas, que solo existían en la cabeza de quienes creían que habíamos llegado al fin de la historia, han desaparecido y todo parece haberse transformado en apuestas tentativas sobre las cuales los hombres más ilustrados sobre el tema confiesan ignorar el desenlace.

No hay día en que las turbulencias bursátiles no nos den una sorpresa. El crujido de los cimientos de la sociedad neoliberal aturde a los sordos. Y los gurúes que otrora creían deslumbrar con sus aciertos callan, hacen interpretaciones que la realidad desmiente a las pocas horas o se ocupan de sucesos atemporales o abstractos. Los que leímos con anticipación los síntomas de la catástrofe que se avecinaba no salimos tampoco triunfantes al anunciar el fin del sistema. En verdad no asoma en el horizonte ninguna alternativa de recambio cuya solidez nos haga ilusionar. Creemos que las cosas ya no podrán ser como fueron, pero aún es prematuro apostar a la ilusión de un futuro mejor. Son muchos y muy grandes los intereses en juego y todo, incluida una guerra mundial, podría acontecer.

Ante la oscuridad que no permite vislumbrar el horizonte, quienes tienen poder sobre la opinión pública mundial, como MVLL, deberían realizar una autocrítica y dejar, por un instante, de castigarnos con sus obsesiones.

http://peru21.pe/impresa/noticia/desensille-don-mario-desensille/2008-10-23/228156

Zorro del Desierto dijo...

Cometes una Gran Impresición: Uno de los mejores sin duda, pero no el Mejor de Latinoamérica, del Perú quizá, pero no de todo el continente. Lo siento.