viernes, 25 de abril de 2008

"CHICHI" (o la versión femenina de Álamo Pérez Luna)



Cecilia Valenzuela se ha convertido en la versión femenina de Álamo Pérez Luna, ese lacayo ganapán de Montesinos que hacía hasta lo imposible para impulsar los psicosociales, desgañitándose con toda esa podredumbre que todavía hiede en las pantallas como la diarreica Laura Bozzo y la basura que nadie se ha encargado de recoger. ¿Algún día vendrá el carro recolector?, a alguien en alguna marcha popular se le ocurrirá llevar un contenedor.
¿Qué pasó? Se pregunta Rocío Silva Santisteban quien la conoció en la primera juventud. Yo intentaré responder a eso, porque no me parece difícil deducir que las ansias por escalar algún tipo de estatus frente al gobierno y rellenar la chequera serían los grandes motores de esta mujer, ahora convertida en sicaria y por ratos testaferra de la policía nacional. Para derramar el vaso, nuestra “digna” presentadora salió en defensa pretoriana de nada más ni nada menos que “Canela” (o “canelita” como cariñosamente se refería la susodicha), una agente encubierta que -según dice- "facilita" o “agiliza” la información policial para que llegue sin trabas burocráticas al lugar respectivo. No será que la palabra “agilizar” en realidad significa redactar, hacer videos y dar plantillas y guiones para que se cumplan al pie de la letra. Ah, lo que faltaba anotar aquí, es que “canelita” trabaja “ad honorem”. Ese rostro “angelical” nos dice mucho. Habría que agradecerle (¿no?), tanto esfuerzo y encima arriesgando el pellejo gratis y de yapa reclama por el agravio que sufren nuestra “gloriosa” policía nacional. ¿Qué hacemos con éstas dos mujeres, heroínas de nuestro ambiente mediático? Les dejo la pregunta y, también, el artículo de RSS, titulado simplemente "Chichi":


x Rocío Silva Santisteban

La conocí hace años cuando ella compartía casa con otra amiga arequipeña y era estudiante de literatura de la Universidad Católica. Algunos colegas la recuerdan como una excelente jefe de práctica e incluso añoran su belleza que se distinguía por su cabello y cierta simpatía. A Chichi le gustaba la literatura y se sentía perfectamente seducida por autores como Alfredo Bryce. Posteriormente leí algunos de sus textos en Caretas, como la entrevista al General Salinas Sedó desde la cárcel que ella, rompiendo con las medidas de seguridad de la recién estrenada dictadura, consiguió. Una vez le hice una entrevista, a mediados de los 90, a propósito del estreno de su programa de televisión, nos tomamos un café y me pareció amable.

¿Qué sucedió con la antigua muchacha que tenía ansias de triunfo y afanes de periodista?, ¿es la televisión y el supuesto éxito mediático un Rey Midas del cinismo, del descaro y la soberbia? Ahora Cecilia Valenzuela no sólo exhibe un estilo insuflado de añagazas, de altanería y arrogancia sino que se considera —con verdadera fe, además— como la absoluta dueña de la verdad, lanzando frases hechas convertidas en clichés para el recuerdo, “verdades duras” que pretenden convencer a los sectores D y E con el mismo estilo que los gamonales arequipeños utilizaban para convencerse a sí mismo de su bondad: asumiendo que el otro, el pongo o el televidente, es un ser que debe de ser tutelado y encaminado por la vida.

Pero el pongaje quedó atrás, Chichi. Hoy un evidente malestar se ha despertado entre sectores de la ciudadanía —que ocupan también un espacio virtual con voz propia— a propósito del “reportaje” de César Hildebrandt Chávez el lunes último en La Ventana Indiscreta. Las personas que no están atentas a los detalles de las noticias vinculadas a Melissa Patiño, la estudiante de San Marcos capturada el 29 de febrero en Tumbes con pruebas deleznables (¡¡lean el auto apertorio!!), podrían haber sido sorprendidos con las “extrañas verdades” que se deslizan en esos videos.

El ex periodista de La Ventana Indiscreta, Marco Sifuentes, ha puesto en evidencia a sus ex colegas mostrando en su blog, uterotv.com, los diversos “errores” de esta historia y dejando claro que, en realidad, este video de un seguimiento de la policía a los presuntos implicados ha sido sospechosamente editado para generar la desconfianza en la opinión pública. El “reportero” además de decir falsedades —como que el conocido militante y periodista Beto Vera era la “pareja sentimental” de Melissa— no exhibe sino lo ya sabido: que viajaron los siete juntos, que Roque Gonzalez compró los pasajes, que esperaron en la Terminal de Flores, que ella tomaba agua mientras hablaban entre ellos. El verdadero novio de Melissa, Giancarlo Huapaya, también estuvo allí, pero no sale en los videos (qué raro).

Luego del video Cecilia Valenzuela conversa con la agente “Canela”, a quien el diario La Primera, sin mencionar su nombre, signó como la responsable de un grupo operativo de la policía que ha estado infiltrándose en diversas manifestaciones. Lo primero que dice la agente —como lo ha notado Silvio Rendón en su blog— es que "los policías han sido agraviados y abusados por la libertad de expresión y la democracia en la que vivimos actualmente", es decir, gozando de su libertad de expresión y la del programa mencionado, “Canela” se queja de la libertad de expresión y de “esta democracia”. ¿Es ella la anti-sistema, todo no es más que una cantinflada o qué nos pretende insinuar con sus lamentos ante “tanta democracia”?

Recordemos los días en los cuales fueron apresados en Tumbes los “terroristas de cumbres”: el ministro del interior —que aún no sabemos gracias a qué extraña suerte sigue donde está— era duramente criticado por el Parlamento y por la propia prensa ante su inoperatividad por las compras de los patrulleros y, por su responsabilidad política ante la muerte de tres campesinos en el sur del Perú. De pronto, como por arte de magia surge el pantallazo: un grupo de siete “presuntos terroristas” es capturado. Qué bonito: toda la ciudadanía, y los embajadores, y los invitados a las cumbres, podemos respirar en paz.

Una ola de represión ante el pánico de que durante “las cumbres” se sucedan actos de protesta que evidencien el desaliento de las clases trabajadoras es el gatillo de esta criminalización de la disidencia (recordemos también las denuncias en Piura, la captura de los ashuar, las amenazas contra Francisco Soberón). Criminalización a la que cierto periodismo, como el que ejerce Valenzuela, se presta perfectamente. Si cualquier peruano es un “terrorista” en potencia porque estamos a favor de que los problemas sociales se resuelvan con equidad entonces, como dice Paco Bardales, “captúreme a mí también, señor ministro”.

(tomado de Kolumna Okupa)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

y quién le ha dicho a celicia valenzuela que es periodista, eso fue un mal chiste al cual se fue acostumbrando, y el resto todo el mundo lo sabe, sus amoríos y hasta sus chapes con hildebrandt y con algunos de sus jefes.verdad a gritos.

el datero II

Anónimo dijo...

Felicitaciones a ti, Rodolfo, no solo eres un buen poeta, sino un destacado blogger. Un abrazo hermano.

Juan Santamaría

Anónimo dijo...

Cecilia Valenzuela: Melissa Patiño es inocente, no seas injusta.

Ana L.

Anónimo dijo...

cecilia valenzuela = Álamo Pérez Luna. Tienes razón, ni vuelta que darle, carajo, son la misma cosa.

tebeciano

Anónimo dijo...

esa foto de cabeza me parece raro, nadie pone las fotos de cabeza ¿no?

Laura E.

Giuliano dijo...

Esa foto de cabeza está bien puesta. El efecto psicológico es devastador, pregúntenle a los huancabambinos. Esa mujerzuela arequipeña es peor que cualquier prostituta de La Parada: éstas se venden por hambre, aquella por ambición y maldad.

Un abrazo, señor Ybarra, y felicitaciones a Rocío Silva por darle con palo a esa porquería de mujer, ya era hora, Rocío.

Giuliano Vecco

RECORD dijo...

Cecilia Valenzuela vendida al apra, no tiende vergüenza, carajo, ya estamos cansados de todo esto.

Anónimo dijo...

Gracias Rocío Silva Santisteban, los pisoteados por el sistema te saludamos.

Elvis Tacuri