
A todos los prófugos del mundo, a quienes
quisieron contemplar el mundo,
a los prófugos y a los físicos puros, a
las teorías restringidas y a la generalizada.
A todas las cervezas junto al mar.
A todos los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia.
A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo
hace florecer en el alma.
Luis Hernández Camarero
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